Beatriz Pagés pertenece a una generación de artistas de rigurosa disciplina y profesionalismo. Aquella generación que siempre supo que quería dedicarse al arte, que estudiaron, viajaron, vivieron en el exterior y perseveraron para darle una continuidad coherente a su carrera. Y esa certidumbre y pasión por el arte estuvo presente en Pagés desde siempre. Su padre, el famoso escultor Mariano Pagés, autor de la Estatua del Cacique Guaymallén o de la Estatua de Carlos Gardel en el Abasto de Bs As, entre otras obras monumentales, fue su principal referente y quien la ayudó a entender desde chica el mundo de las artes visuales: "Todas mis casas siempre fueron casas – talleres y siempre fueron visitadas por grandes artistas como Leopoldo Presas, Carlos Alonso o Santiago Cogorno", recuerda Pagés con cariño.
Sin embargo y fuera de lo predecible, Beatriz eligió la pintura en lugar de la escultura como su padre: "Nunca tuve que luchar por saber qué es lo que quería hacer. Desde los 14 años supe que quería dedicarme a la pintura. Trabajé como asistente de mi padre cuando era más chica. Me acuerdo cuando lo acompañé a San Juan a trabajar en el mural del Hotel Provincial. Lo ayudé a hacer las figuras; yo las recortaba en papel, las dibujábamos juntos y luego él las hacía en madera. Es un recuerdo muy bello".
A los 22 años, y para cortar con el fuerte cordón que la unía a su tan admirado padre, Beatriz Pagés viajó a Europa y se instaló en Alemania por más de 15 años. Allí conoció a un documentalista de la televisión alemana, quien se convirtió en su marido y padre de sus hijos: "Hacíamos un gran equipo y viajamos mucho a favor de ambas profesiones; incluso hasta el día de hoy seguimos intercambiando muchas cosas. Pero yo siempre añoré con volver a la Argentina, deseaba desarrollar mi carrera en un lugar con sol, con gente comunicativa y con campo no muy lejos de la ciudad". Y casi con perfecta sincronía, a su regreso al país se instaló en Buenos Aires y conoció a quien es hasta hoy su galerista, Teresa Anchorena: "Con Teresa hacemos un trabajo en conjunto muy bueno, ella me apoya en todo lo que hago y me ayudó a crecer de manera muy rápida, orientándome a crear una pintura más colorida de la que yo hacía antes". Y como buena profesional, admite y entiende la necesidad de trabajar con alguien que se ocupe de la parte administrativa y comercial de su carrera: "Los artistas necesitamos concentración y tranquilidad para trabajar con una continuidad mínima. No podemos hacer arte y ocuparnos de la parte del marketing".
En cuanto a la situación del mercado del arte actual, Pagés reconoce que ha habido una oferta explosiva de artistas y junto con éstos, nuevos galeristas que trabajan exclusivamente por la cuestión comercial, sin ser realmente conocedores: "Originalmente, el marchand tiene que ser muy culto, porque de esta forma sólo elegirá trabajar con artistas de cierto nivel y calidad. Es decir, el marchand debe tener una habilidad comercial pero además debe saber con quién está trabajando, para que el resultado sea favorable para ambas partes. Yo tuve mucha suerte porque tener un galerista culto es algo difícil de encontrar", sostiene sin vueltas.
Al reflexionar sobre sus mayores dificultades a lo largo de su carrera, Pagés admite que por mucho tiempo sufrió la falta de reconocimiento, sobretodo cuando recién empezaba: "Cuando hacés un camino a largo plazo es muy fácil pasar desapercibido, pero si lográs mantenerte, tarde o temprano viene el reconocimiento. Éste es un trabajo muy solitario y creo que los momentos más amargos son cuando uno es joven y tiene que perseverar muchísimo para dar a conocer lo que hace". Hoy en día, tiene mucho trabajo y está eligiendo el material para un libro sobre su obra que se publicará a fines de año, financiado por el Programa de Mecenazgo del Ministerio de Cultura. Además, próximamente sus obras estarán viajando a las ferias de Pinta en Nueva York y a Art Dubai, donde el año pasado vendió todas sus pinturas.
En cuanto a su Mendoza natal, Pagés piensa que la provincia se está modernizando mucho y que los jóvenes están muy interesados en el arte y que responden favorablemente, visitan los museos y centros culturales nuevos y tienen una inquietud por conocer cada vez más. Sin ir más lejos, este verano viajará para conocer el Espacio Cultural Julio Le Parc e incluso deja deslizar que tiene una propuesta muy interesante para ofrecer allí. "Amo a mi provincia y me gustaría mucho verla crecer. Es una provincia maravillosa que tiene mucho para dar, más allá de la comercialización del vino que es lo que todos conocen. Creo que todos tenemos que estar orgullosos y ojalá que el área gubernamental tenga en cuenta lo importante que es la cultura y ponga los medios financieros para que sigamos creciendo".