He aquí una breve biografía de Donoso. Nace en San Juan, en 1974. Es el tercero de cuatro hermanos. Su familia corresponde estrictamente a lo que en otros tiempos se llamaba "clase media ilustrada"; su padre es arquitecto y su madre fue directora de escuela. Cursa el bachillerato en artes en una escuela de la capital provincial, siendo el único varón en un curso lleno de mujeres. Por algún azar que no viene al caso (pero que ciertamente no hubiera desdeñado Dickens como punto de partida de una de sus novelas), acaba estudiando en Buenos Aires la carrera de Cinematografía, disciplina que nunca había figurado entre sus muchas apetencias. En una época en la que la figura del estudiante de cine se encaminaba a ser un arquetipo, Donoso, irreductible, se mantiene ajeno a la incipiente moda cinéfila. Apolodoro, Lucrecio, Séneca, las especulaciones astronómicas de Hiparco, Galileo o Kepler, la repetida controversia entre Quevedo y Góngora conforman su horizonte y sus intereses; ni Kiarostami, ni Jarmusch, ni Lynch. Se recibe, sin embargo, de cineasta. Realiza un críptico documental llamado "Cosmologías", que él mismo define como "un esfuerzo con resultados más científicos que cinematográficos". En el año 2000 abandona Buenos Aires y se radica en la ciudad de Mendoza, otra vez del lado de la cordillera. En el 2002 suceden los acontecimientos que finalmente acabarían por integrarse más o menos desordenadamente en "Opus", su primer largometraje. En el medio de esa extravagante odisea, se casa y tiene un hijo varón.
La vida de Donoso está hecha de paradojas: Uno de los capítulos de "Opus" mostraba un gigantesco edificio gubernamental inacabado, que dominaba como un gigantesco animal antediluviano su San Juan natal. Una vez estrenado el film, una compañía constructora lo contrata para documentar la finalización de ese mismo edificio megalómano. De este chaplinesco encargo procede su segundo film, al que en un anacrónico gesto, pasando del latín al griego (siempre Donoso siguiendo la marcha de los tiempos) bautiza "Tekton" y que es mucho menos el registro de una obra de arquitectura que una desaforada oda a los prodigios y esfuerzos humanos. La opinión de la empresa constructora sobre el film resultante se mantiene aún hoy en un sugerente silencio.
Hace poco más de un año, sus amigos nos enteramos de que le había sido comisionado un trabajo sobre los "diversos usos del agua en la región". Otra vez todos temimos lo peor. Ese áspero punto de partida se transformó, una vez más, en esta pieza fantasmática y laberíntica que se llama "Radiografía del desierto". De estos azares está hecha la carrera de Donoso. Nadie como él es capaz de convertir encargos burocráticos en estas sutiles e imprevisibles magias.
Antes de terminar este tercer film, nace su segunda hija. El grupo familiar, además, incorpora a una perra boxer, de escasa elegancia.
No es habitual toparse con cosas o personas excepcionales; Donoso es un individuo excepcional. Su destino es extraño. Sería fácil, pero también simplificador y solemne, compararlo con el Quijote: Ambos defienden con pasión cuestiones que a nadie interesan ya, ambos habitan con mayor intensidad el mundo de hace quinientos años que el mundo presente, en ambos se adivina un romántico y desaforado anacronismo. Pero Quijote es violento, malhumorado, mandón. Es, en última instancia, un español más, gárrulo y vociferante. La épica de Donoso, en cambio, es mansa, es amable y dócil, plena de melancolía y de humorismo. No hay en él sufrimiento ni rencor, no hay desprecio por el mundo ni por los hombres; hay en cambio un profundo humanismo, la convicción de que las cosas grandes que han poblado la tierra no pueden perderse y no van a perderse. Lo que en Quijote es disparatado, en Donoso es bello. Quijote está loco, y Donoso no.
¿Cómo será la futura filmografía de Donoso? ¿Seguirá excavando sus obras entre los opacos encargos que el destino le depara? Su film sobre Mozart, su film sobre las carreras de bicicleta, su film sobre las palmeras, su documental sobre la forma de las nubes ¿Habrán de ver la luz, o se perderán, sin otra existencia que esta mera mención conjetural, en la noche de los tiempos? Sólo Alá conoce el futuro. Sólo sé que como mera posibilidad, como mera hipótesis hacen del cinematógrafo algo más abierto y más feliz.
El cine es un poco mejor por el sólo hecho de que un hombre, en una capital de provincia, al pie de los Andes, esté pensando en el.
Mariano Llinás, Invierno, 2013