Eleonora Molina es productora artística, curadora, docente y galerista. Y desde siempre trabajó para promocionar y dar visibilidad a los más heterogéneos talentos. Aún cuando estudiaba en la Universidad Nacional de Cuyo, fundó junto a un grupo de amigos "Boa", lo que podría considerarse la primera galería de arte contemporáneo de Mendoza: "A partir de entonces sentí que la carrera de artista no era un título que cuelga en la pared sino una valiosa herramienta que, como un pincel, había que saber utilizar". Y efectivamente desde ese entonces Eleonora hizo buen uso de esa herramienta y logró desarrollar sus capacidades y destrezas artísticas para consolidarse como una de las referentes de la escena artística actual.
Luego de su exitosa experiencia con SAPO, una galería dedicada exclusivamente al dibujo, quiso reformular un espacio que diera lugar a otras disciplinas como la pintura y la escultura. Así es como a principios del año pasado abrió las puertas de Schlifka Molina, una galería emplazada en el corazón de Palermo Soho, en Buenos Aires.
Molina se concentró en captar a la generación "intermedia", es decir, a aquellos artistas jóvenes que tuvieran una obra sólida y la carrera en marcha. Matías Ercole, Gabriel Baggio, Patricio Larrambebere y Aili Chen son algunos de los creativos que integran su actual staff. "Creo que soy un facilitador de encuentros entre el espectador, el artista y su obra, y el comprador. Cuando los artistas no están y la obra queda en la galería, yo tengo que hablar por ellos. Es una responsabilidad enorme porque el artista deposita su confianza y hay que ser muy cuidadosos de ese valor entregado. Los galeristas participamos en la comercialización de un objeto de valor con una carga afectiva muy significativa", sostiene Molina.
A la hora de hablar sobre el ámbito artístico de su tierra natal, Molina asegura que faltan acciones de promoción y de apoyo a artistas mendocinos a nivel nacional. Si bien reconoce que sería un trabajo interdisciplinario complejo, opina que esto no sería posible sin la colaboración del Estado y de los empresarios. Al mismo tiempo, sostiene que Mendoza también debería abrir sus puertas para atraer artistas de otras latitudes, tanto nacionales como internacionales: "Hay que poner el énfasis en formar al espectador, generar el deseo, hacerlo partícipe de lo que se está generando. Después el mercado llegará como una consecuencia sana de aceptación y no de imposición".
Si bien hoy día vive en Buenos Aires, Molina tiene un gran lazo afectivo con su ciudad de origen y sueña con abrir una sucursal de su galería en Mendoza, entre otros tantos pendientes. A fin de cuentas y más allá de los títulos y cargos desempeñados, Eleonora es una verdadera apasionada del arte y así lo prueba ella misma en sus propias palabras: "A los 5 o 6 años, mi mamá nos llevó a mi hermana y a mí a ver una exhibición de Julio Le Parc. Desde ese día supe que el arte era para mí. Me movilizó tanto que nunca me pude olvidar de esa primera sensación de emoción y de sorpresa ante una obra de arte".