La sociedad del espectáculo y las estrategias de visualización

Reflexiones en torno a los pequeños, medianos y grandes editores y su participación en la 39° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

En su famoso ensayo del ‘67 tituladoLa sociedad del espectáculo, el teórico y cineasta francés Guy Debord anticipaba el rol motor que tendría el sector de la cultura para el capitalismo actual: “la cultura devenida integralmente mercancía debe también devenir la mercancía vedette de la sociedad espectacular”. Para Debord, el espectáculo aparece como lo real indiscutible. La clave de la circulación de la cultura contemporánea podría leerse bajo la máxima “lo que aparece es bueno, lo que es bueno, aparece”.

Así las cosas, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, cuya edición número 39 culminó este lunes, aparece como el espacio hegemónico de circulación de literatura y libros, que se realiza anualmente desde el año 1975, con un gradual crecimiento del número de visitantes y de expositores. Los editores parecen cumplir con las teorizaciones de Debord: es un lugar donde su presencia en stands los posiciona en un lugar legítimo del espacio editorial argentino. Si quieren que sus libros sean tenidos en cuenta durante el resto del año, tienen que hacerse visibles, y para ello, deben participar en este ritual anual del mundo editorial.

En este sentido, la Feria ostenta el monopolio de la apariencia bajo la forma de una gran librería. Visibilizando un mapa de la distribución de los stands, podemos decir que el pabellón principal alberga a los sellos más grandes del país, los que representan a los principales grupos editoriales concentrados de capital transnacional;mientras que los más numerosos pequeños y medianos sellos, se encuentran en los alrededores o periferias de los pabellones. La circulación de ideas y libros en la Feria aparece como un ritual del marketing, la publicidad y de la adaptación –de la manera en que se pueda- a las normas internacionales de la edición.

Pero, tanto desde el lado de las grandes editoriales, como de las más pequeñas, podemos afirmar que el oficio de editor como intermediario cultural crece y se posiciona. Algunas particularidades de esta edición que merecen ser destacadas: por un lado, los editores de los grupos parecen consolidar su profesionalización en tanto expertos en intuición de la demanda. Así, las enormes estructuras que los respaldan, les permiten contratar autores y proyectos acordes a temáticas actuales, vigentes y ávidas de ser leídas por parte del público consumidor argentino. Podemos ver esto con la rápida edición de libros sobre los personajes argentinos en boca de todo el mundo: Messi, Maravilla Martínez, la reina Máximade Holanda y el Papa Francisco, este último con tres flamantes libros de grandes editoriales.

Por el lado de las editoriales más pequeñas que vienen posicionándose fuerte en el mundo de las letras, pudimos disfrutar delstand “Los 7 logos”, compuesto por siete proyectos asociados, disímiles y muy productivos en cuanto a su originalidad profesional como editores, así como por sus catálogos compuestos por prestigiosos ensayistas y narradoresde ficción nacionales y extranjeros. Una pequeña muestra de esto es el imperdible “El Viento que arrasa”, de Selva Almada (Mardulce) y “Desconfiar de las imágenes”, de Harun Farocki (Caja Negra).

Por último, por primera vez, las microeditoriales artesanales también tuvieron su lugar en esta edición. Por el stand “Zona Futuro”  desfilaron numerosos proyectos que nunca habían podido traspasar las puertas del complejo Rural, teniendo que llevar a cabo “Contraferias” que luego se transformaron en la itinerante Feria del Libro Independiente y Autónoma (FLIA). Esta vez, Blatt y Ríos,Milena Caserola, Funesiana,Mancha de Aceite y Eloísa Cartonera, entre tantas otras, pudieron desplegar sus experiencias como editores, compartir sus talleres de encuadernación y hacer circular sus libros que no tienen lugar en los grandes espacios de tránsito de literatura, pero que actúan con una fuerza importantísima en la formación de comunidades literarias.

De estas tres categorías, podemos concluir que en momentos donde mostrarse es lo principal, el oficio del editor se mantiene vigente como participante activo, como mediador pero también como productor cultural en proyectos y empresas de distintas escalas, lo que le imprime al campo editorial un espacio complejo interesantísimo para ser pensado.