Si bien, al igual que el resto de los seres humanos, tengo preconceptos, soy una persona que se deja sorprender. Esta fue la razón por la cuál esperé el cierre de la tercera jornada de la BAF un poco ansiosa. Me parecía bastante raro que Legacy fuera el último desfile del jueves pero recordando los cambios que empezaron a hacer la mayor parte de las marcas, decidí no fantasear mucho y esperar hasta las ocho de la noche. No fue necesario hacer tiempo, menos aún sentarme a tomar un café, tres desfiles me separaban del objetivo (esto sin contar las corridas entre el back y la pasarela me mantuvieron más que ocupada).
Si bien el primer desfile fue de Lisobono, una hora antes de que un performer abriese aquella pasarela, a unos metros del pabellón, la vereda de La Rural se llenó de modelos a medio vestir. Caminando alrededor del cajón peruano que golpeaba Alejandro Garcès, tres mujeres y cinco hombres formaron parte de la tercera performance guerrillera de Gafas Negras (antes estuvieron París y Londres).
Lisobono. Este fue su primer desfile en la BAF así que estaban todos muy contentos, un poco ajetreados y bastante acelerados. Su colección hablaba de contrastes: curvas y tablas, tejidos blandos y rígidos. Rojo, negro y grises marcaron su camino.
Quier fue el segundo desfile legal (sacamos al de Garcès porque ellos estuvieron en la vereda y cuando quisieron entrar al predio les cerraron la puerta por "tener el torso descubierto"). Desde que vi medio de lejos-medio de cerca las prendas en el back decidí que era mi seleccionado del día, aunque todavía me faltaban dos desfiles. Una mezcla ideal entre lo sastrero y lo urbano: camperas y sacos rígidos, camisas hasta la rodilla y calzas. El detalle que hizo la diferencia fue la propuesta de accesorios poco convencionales. Pequeños bolsitos de cuero ecológico, rígidos recorrían los cuerpos de las modelos ya sea en forma de bandolera, de riñonera o de pechera.
Los cuellos altos y hombros marcados daban una idea de una mujer militar, una persona oscura y rígida. Los labios violetas contrastaban con las pieles blancas y junto a los bloques de colores desaturados y oscuros llevaban el look a un tiempo de posguerra donde el color y la relajación eran lo más difícil de encontrar.
Cora Groppo, la reina de las terminaciones, volvió a su fórmula del éxito: grises y negro con detalles en dorado, plata y peltre. Sus clásicos pantalones con tres pliegues mutaron en calzas (muy sentadoras dicho sea de paso), ellas combinadas con sweaters largos, chaquetas y chalecos. Como ya se vio en varias colecciones esta temporada, cuellos enormes y buches dieron el presente. Después de seguirla hace años, dar una vuelta por el back y haber visto los desfiles del día anterior no podía estar más segura: sus marcas distintivas son definitivamente la prolijidad y la atención que le presta a los detalles.
Y finalmente llegaron las ocho de la noche. Exhausta como estaba hice una corrida final al back esperando ver un corral de hombres en jeans y camisa rompiendo filas. Pues no, entre las vallas había tanto chicas como chicos, obviamente el denim era el elegido para cubrir piernas. Camisas y sweaters estampados, color y gente joven me hicieron pensar en el poder de los estilistas: si viésemos las prendas en el perchero, separadas y sin conjuntos armados el resultado no sería el mismo. Legacy no está cambiando su imagen, tampoco su público pero entrar a la BAF seguro le da buenos resultados.
ph. Matias Matocq http://matiasmatocq.blogspot.com.ar/