Searching for Sugar Man, de Malik Bendjelloul

La historia de Sixto Díaz Rodriguez en un documental cargado de melomanía y nostalgia que nunca llegará a nuestros cines.

Conviene no saber nada de antemano sobre la vida del talentoso Sixto Díaz Rodriguez, un genial compositor que desapareció del mapa tras grabar dos increíbles discos a comienzos de los setenta, muerto por sobredosis o suicidado en escena, según la leyenda urbana que uno prefiera. Las ironías de la vida y ese azaroso trayecto que recorre la música hasta encontrar a su correcto público hicieron que sus discos se conviertan en obras esenciales en Sudáfrica. Hasta que un puñado de fanáticos se decidió a investigar la leyenda. El eje principal de este documental, cargado de melomanía y nostalgia, no es solo la insólita historia de Rodríguez –sorprendente, pero anecdótica–, sino la relación entre la música y sus dos extremos: su creador y su público. Los motivos del primero –exorcismo canalizado por lo artístico, en el caso de un Rodriguez que quizás dijo todo lo que tenía que decir– y la respuesta del segundo, el fanatismo, la devoción. Searching for Sugar Man refleja una época en la que no existía Internet, en la que muchas veces el misterio rodeaba a la mayoría de los artistas, que solo brindaban la información contenida en sus obras: el diseño de tapa, alguna que otra foto y las letras, con suerte. El misterio en esa época era clave, un componente extra que cubría de romanticismo a la melomanía. Escuchar un disco era ni más ni menos que eso. La obra, no el artista. Conviene descubrir a Rodriguez con la película, magistral ejercicio de dosificación de información, contagioso festejo del talento ajeno. Conviene dejarse hipnotizar por el refinado talento de quienes saben contar una historia, ya sea con una cámara o una guitarra.

Searching for Sugar Man, de Malik Bendjelloul (2012)