A veces dios se olvida del que madruga. Eran las 10.30 de la mañana y yo, parada en la puerta del local de Mishka del Paseo Alcorta ya casi no podía divisar la pasarela que recorría el pasillo. De La Ostia abrió el día en el shopping y sólo llegué a ver la cara de Nicole Neumann y las cabelleras de alguna que otra modelo. Abarrotándose en las barandas del segundo y el tercer piso, todos aquellos que tampoco encontraron lugar al nivel del piso me hicieron saber que ya era tarde para buscar escabullirme entre ellos. Decidí conformarme con un jugo y la posibilidad que tuve al comienzo de ver el microshort que llevaba una de las modelos.
Como dicen algunos, la venganza es dulce. El primer desfile en La Rural fue de Visentini y esta vuelta me encargué de dar un paseo por el back antes de ver el desfile. Rodeadas por fotógrafos y todavía con papelitos en la cabeza, las modelos posaban y se reían haciendo que ese look preppy con que las vistió Agustina Visentini se vea más que genuino. Las polleras y jumpers cortísimos en oscuros colores cálidos se combinan con camisas estampadas a lunares, rayas y cuadros llegando así a outfits tan ingenuos como excéntricos. Para cerrar el concepto de colegiala con onda, los zapatos de Pepe Cantero (que, dicho sea de paso, tenían una paleta muy linda de tonos tierra) eran enmarcados por medias de color a contratono.
Después de este primer triunfo nada podía ir en caída. Muaa por Pablo Ramírez era lo próximo. Si bien se me hacía bastante difícil imaginarme a Ramírez haciendo una colección para gente joven lo que encontré me pareció más que satisfactorio. Con reminiscencias al Balenciaga de los 50s la pasarela se llenó de volados, puños abombados, cuadros y minis; el negro fue el encargado de dar el tono. Como bailarinas con rodetes tirante, las modelos desfilaron faldas y vestidos de fiesta con escotes abiertos y plisados. Llegando al final los conjuntos se hicieron monocromáticos y brillantes, los escotes empezaron a tener apliques y los moños ganaron tamaño y presencia.
Media hora después la pasarela era otra, la recorrían mujeres en estampas oscuras y amarronadas. Mariana Dappiano presentó a una mujer gitana envuelta en estampas de pies a cabeza y coronada con un turbante. Sus prendas amplias son surcadas por líneas y planos de color y, a veces, por una interpretación de los clásicos búlgaros.
Prüne lógicamente fue el imperio del cuero. Carteras, bolsos, botas de caña alta, de caña baja, de taco alto, de taco bajo, camperas y tapados, todo de cuero. Alguna que otra piel salió a pasear por la pasarela.
Y, como suele ser, lo mejor siempre queda al final (aunque muchos no lo sepan). Cuando más de uno se estaba haciendo la rata y salía a escondidas del Pabellón Amarillo, yo estaba en mi momento de felicidad. Los encargados de cerrar la jornada fueron los Hermanos Estebecorena, una de mis marcas preferidas de ropa masculina.
Conocidos por la riqueza morfológica de su trabajo, Javier y Alejo presentaron una colección realmente masculina y con alto contenido militar.
Acompañados por aplausos y gritos femeninos los primeros desfilaron con torso y piernas desnudas los clásicos calzoncillos HE. Ya vestidos, los modelos caminaron tranquilos el pasillo de miradas cubiertos por chalecos, camperas, pantalones un tanto gauchescos, tonos apagados y muchos jeans. Como siempre, la moldería compleja sale de gala en la pasarela de esta dupla creativa: pantalones con bolsillos en costuras diagonales, sacos con tablas encontradas, recortes y más recortes.
Así terminó el comienzo de la BAF.
ph. Maren Henke