Con el motivo de la edición de Oreja Tomada, su poesía reunida hasta la fecha, nos juntamos con Manuel Alemian para hablar acerca de una obra extensa y diversa que va de los '90 hasta hoy, sin prisa pero sin pausa. El libro, editado por Eloísa Cartonera, está compuesto de sus doce libros de poesía más: una referencia biográfica de Belén Ianuzzi, "Grajeas de poesía pop", la crítica sintética de José Villa, una breve historia de "La escuelita", escrita por su hermano (también poeta) Ezequiel Alemian, un manifiesto sonoro redactado especialmente por Sebastián Bianchi (que nunca te deja en banda), una entrevista llamada "Los oficios del poeta" con Washington Cucurto (editor del libro), donde Manuel responde acerca de la carpintería, el fileteado, los autos y la escultura, y una flamante autobiografía autorizada.
Hoy, hablamos con Manuel de esos tópicos y de otros.
Hace poco hablé con vos acerca del TC y otras carreras de autos. Releyendo tu libro, veía la sucesión de versos como una pista de carrera: mientras que el tema automovilístico nunca aparecía, las carreras estaban presentes ¿Es una decisión por la forma, un flash mío, alguna otra cuestión?
El tema es algo nuevo, es lo que se viene. Ahora estoy trabajando en eso, tengo un libro listo: una fotonovela de una carrera de autos. Y estoy escribiendo cuentos de autos, de casi 50 autos distintos, de calle, contemporáneos. Los autos que yo manejé a lo largo de mi vida. Son 48 autos, manejé 48 y tuve solo uno.
¿Y tractores?
Ahh, sí, pero no entró. Y camiones, manejé uno, tampoco entró por ahora. Moto no manejé ni voy a manejar creo. Me gusta el auto, a lo sumo un jeep.
Luego de que terminó la entrevista descubrimos el poema del tractor, olvidado por ambos: "El tractorcito de la buena suerte", una viñeta de una serie que también acompañan al libro a modo de separata. Otra sección más de esta fractálica poesía reunida.
Tu poesía se empieza a publicar en los '90 y sigue hasta hoy, ¿ves una especie de cambio, aunque sea sutil, en relación a las publicaciones más actuales?, ¿remixes?, ¿o acaso sencilla continuidad que muta? Quizás es medio una boludez, pero tengo algún pensamiento en esa dirección.
No, no es una boludez. Y todo es un continuo también, en la obra de una persona. Todo muta, igual para mí, de manera muy importante. Son muy distintos los libros, salvo dos, que me di cuenta ahora cuando armé la poesía reunida. Recuperé Toba, que es un libro del 94, y lo encontré parecido al último libro que edité, Bambú y Ombú. Y a Toba lo tuve perdido por 15 o 20 años, así que no lo había leído recientemente. Eso me sorprendió
¿Valorás la posibilidad de diversificación en los estilos? Zapping por momentos a mí me parece casi ashberyano, como representación de un diagrama. Esta serie de poemas que están dadas en paralelo con tus esculturas de "Tensa y sus movimientos" me deja más que nada una estructura, donde el material del cual están compuestas pasa a olvidarse.
Y bueno, de eso se trata, ¿no? Eso en realidad primero fueron los apuntes de las esculturas. Yo no tenía pensado escribir un libro, y quedó esto
¿Están las esculturas?
Quedan 3 o 4. Unas se las robaron, otras se las llevó un chatarrero, otras quedaron en el galpón donde trabajaba... Lo que te decía, vos me hablabas de estructura: de lo que se trataba, o lo que yo trataba, era conservar la tensión en una estructura de hierro que está quiera y no se mueve, salvo que le pongas un motor. Para eso usaba hierros casi siempre doblados, torcidos, que soldados mantenían la estructura fija, pero si los soltabas...pum! Se abrían, se estiraban. Si rompés una escultura, el hierro es como que volvía a su posición. Entonces había una tensión a pesar de que la estructura estuviera fija. Eso es todo el punto en el que me basé para hacer las esculturas, y bueno, los textos.
La poesía como trabajo de herrero, ¿y la carpintería?
Ahí aprendí a trabajar con hierro y cosas grandes. La carpintería igual es otra cosa a la escultura o el trabajo de galpón. Es un oficio que me gusta hacer y lo pensé más para ganarme el peso. No soy un diseñador de muebles ni me interesa. Pero me sale y me gusta. Hay gente a la que le gusta operar riñones, a mí me gusta armar bibliotecas. Mi empresa sólo arma bibliotecas a medida.
Volviendo a lo anterior, la cuestión del estilo en este trayecto que se ve en Oreja Tomada (tu poesía reunida, no tu primer libro, homónimo) me llamó la atención justamente por la diversificación y variedad, el juego y la libertad...
Bueno, el estilo te sirve si la pegás. Pero si tenés cualquier otro objetivo, el estilo te ancla, te aburre. Aunque bueno, por ahí también es un estilo cambiar de estilo. Yo prefiero ir variando las cosas, como en la vida. Renovar. Si no me parece medio un bodrio todo. No sé si me sale, por ahí tengo un estilo marcado y reconocible y uno no lo sabe.
Sí, también hay líneas que se continúan, como la música, ¿no? La importancia del verso sonoro.
Sí, bueno, la cosa musical, la poesía es muy probable que la tenga, es casi parte de ella. Hay muchas chances de que un poema sea musical.
Sí, pero evade muchas veces el metro medido y la consciencia de la rima sólo al final del verso, como es común en algunos poetas que tienden a prestarle atención a la sonoridad. Música interna, como dice Bianchi, creo.
No, yo nunca medí un verso. No sé si eso se piensa tanto. Es como que encontrás la palabra y después encontrás otra, y una más abajo, y lo vas armando. Me gusta, me gusta llevarla. Y hay ciertos poemas que me gusta que tengan una musicalidad abierta, como "Suburbio", por ejemplo, que no tiene signos de puntuación. Tiene igual una música que te dan las palabras, pero el ritmo es libre cuando lo leés, por ejemplo, oralmente, en un recital. Bueno, no sé cómo se dice, o si tiene alguna terminología, yo suelo llamarle música a la parte más pequeña, micro, de la sonoridad, como las vocales y consonantes; y ritmo a una cuestión más envolvente. Aunque la música ya esté en las palabras, el ritmo en este caso me parece que queda libre. Sí, la música para mí es importante
¿Y la narración?
¿La narración? La narración lineal, coherente y cronológica, no. Hablando de poesía, siempre. Cuando escribo cuentos sí soy mucho más prolijo. Bueno, no siempre, el primer libro de cuentos, el 23 cuentitos era un tanto más juguetón. El que va a salir ahora por Los proyectos, La confusión, son textos... para pensar (Risas). Acá hay uno, en este libro, en Zapping, el último, que es como un cuento, narrativo, pero a la vez poético. Pero en la poesía tiendo a romper la narrativa, la razón, la lógica digamos.
Chicas y escritura, ¿directa o indirectamente proporcional?
No entiendo la pregunta
(Silencio. Momento meditativo)
Para mí es lo mismo
Sólo conozco a Pablo Cruz Aguirre y Guillermo Neo de los participantes de la Escuelita, qué experiencia,¿ no? ¿Cómo fue? ¿Un año nomás?
En realidad fueron dos, uno fue el año de cursada y después dejaron de pagar, pero el lugar seguía, porque era municipal. Teníamos una llave y dejamos a uno ahí, al negro Rocca, que es el nombre de un poema de Oreja Tomada. Nosotros llegábamos y él obvio ya estaba ahí. Estaba genial la escuelita, eso me conformó, si se quiere, como artista. Encontré el arte que me interesaba, contemporáneo, marginario, etc. Vos conocés a dos pero hubo muchos otros, uno que se murió de borracho, etc. Y ahí había chicas, chicas y alcohol.
¿Y quedaron algunos poemas de esos?
En la revista que editamos en ese momento, Mientras se corta el césped, están algunos, por ahí no son los mejores, como tampoco son los mejores los nuestros, pero sí, todos agitábamos. No éramos considerados al nivel de la Whiskies u otras de la movida joven de poesía de esos años, que te imaginarás era muy reducida
¿Mucho más chica que la de ahora?
Mucho más chica. Y los del interior se acercaban, tampoco se estaba tan relacionado, no había internet ni muchas otras cosas.
¿Y entonces qué pasó con la Escuelita?
En algún momento creo que el negro Rocca se tuvo que ir, ya nos habían cortado la luz, y un día cambiaron la cerradura. Y ahí terminaron todos los talleres que dábamos: Teatro, música, literatura, pintura, títeres, de arte, varias. Y de movilización cultural había dos: movilización cultural y algo con los vecinos. La idea en un momento fue ir a un sitio, un lugar, ver qué es lo que les pasa en esa coyuntura, y organizar algo artístico con los vecinos. De hecho, lo que hicimos, fue inaugurar dos plazas. Yo tiré fuego con la boca en una, ahora tengo gastritis.
¿El poeta no debería trabajar nunca o nadie debiera hacerlo?
No, ¡que todos trabajen! Nah, yo no pienso nada del trabajo, me gustaría tener más plata. Con el dinero sí tengo alguna cuestión, no con el trabajo. El trabajo es como una pared, no puedo estar a favor o en contra de él, aunque reconozco que he reconocido que soy un haragán.
Lectura universal recomendada
Cualquier libro de Balzac. No, no, mejor voy a recomendar Ana Karenina. Un libro fundamental, te lleva por todas las emociones