Tras dos títulos clave del cine nacional de los últimos años como fueron Vagón fumador yAgua, Verónica Chen apuesta ahora por un formato cercano al thriller, en el que se mezclan acción en vivo y animación para contar la historia de una mujer de ascendencia china que se enreda con la mafia de ese país en Buenos Aires, para luego ir descubriendo oscuros secretos sobre sus operaciones en la Argentina.
Mujer conejo es también una exploración sobre la identidad en un mundo en el que los cruces y las mezclas están a la orden del día.“Yo quería hacer una película que mostrara visualmente los contrastes y conflictos de una joven mujer de orígenes mixtos”, explica Chen. “En la Buenos Aires cosmopolita, la gente asiática todavía no se funde con los locales y las parejas mixtas son muy pocas. La historia de una chica con un problema de identidad, confundida y sin saber adónde pertenece, es uno de los temas más viejos a la hora de contar una historia. Pero todavía está lleno de sentido y de nuevas formas.”
Chen cuenta que la historia se le apareció cuando visualizó a Ana, “esta hermosa chica asiática, sentada junto a un caballo en el medio de la pampa, mientras come de una caja Bento (japonesa), y cerca, espiándola, aparecen unos conejos terroríficos que su propia gente china mutó transgénicamente y que ahora se reproducen fuera de control. Sentí simpatía por ese personaje y su naturaleza terca, que la hace luchar contra una burocracia que esconde el tráfico de chinos pobres para el trabajo esclavo en las granjas (de conejos). Esta es mi visión de mi país y mi gente hoy, con algunos extras”.
Mujer conejo mezcla acción en vivo junto a muchas escenas en animación. ¿Por qué la mezcla? “Porque el animé y el manga introducen a Asia en nuestro imaginario occidental. Cuando hablamos de animé y manga, pensamos en dibujos animados, en Akira y Meteoro. En la película, todo es mezcla, y ese concepto se plantea desde el inicio, desde la elección misma de protagonista: una chica que parece asiática pero no lo es del todo porque no habla el idioma. Ana es un pez fuera del agua. Es una china que no es china. Pero no es el único elemento de mixtura. También están estos conejos que alteran el paisaje. Son la mutación resultante de Asia introducida en nuestra geografía occidental. En la película, el animé y los conejos mutados son la expresión de esta realidad: Asia ya está entre nosotros y ya estamos mezclados.”
Para Chen, cuya parte de su familia tiene ascendencia china, la película también la hace emprender una búsqueda personal. “Ana es como mi reverso, porque ella sí ‘parece’ china y yo me veo occidental. El concepto de pureza siempre me hace sentir incómoda. Pureza de razas, idiomáticas, culturales o físicas… ya sabemos adónde nos lleva eso. Hoy, más que nunca, el futuro está en la mezcla, en la asimilación. Tal vez sea nuestra única posibilidad de supervivencia como humanos. Vivimos con cierta angustia cómo Asia irrumpe en nuestro imaginario occidental. Y la película extrema esta visión paranoica sobre la invasión ‘del otro’, ese tan diferente. ‘¡Los chinos van a dominar el mundo!’, exclamamos.”
El trabajo en animación, dice Chen, no fue sencillo: “Nos tomó más de un año. Buscamos un estilo de animación 2D de inspiración en el dibujo a mano del manga japonés. Es mucho más trabajo, pero fue una elección que se llevaba bien con el tema de la película. Hay mucho material de bocetos, storyboards, animatics y diseños de personajes”. (Para quien quiera curiosear en el making-of de las animaciones: www.mujerconejo.com)
Si bien, a primera vista, Mujer conejo parece tener poco que ver con anteriores filmes de la realizadora, ella dice que no es tan diferente. “Veo a todas mis películas muy emparentadas entre sí: hay un personaje que se siente fuera de lugar en su entorno y entre sus semejantes. Y luego surge la forma, la estética que, me parece, expresa mejor al personaje en esta película. Y eso es lo que da, tal vez, la impresión de cambio de estilo. Para mí, al cambiar el personaje, cambia su expresión. Es en los personajes principales de mis películas en donde hay que entender la línea que une a todos: son todos hermanos y primos.”
La apuesta de Chen –cuyo próximo proyecto se llama Soda, y es “una historia chiquita acerca de un hombre que se roba a una niña pequeña”– también implica correrse del realismo (marca fuerte de buena parte del cine argentino reciente) y apostar al género. “Hay muy poco género en el cine argentino, solo algo de terror y gore. Fuera de esto, poco y nada”, analiza. “En ese sentido, miro a Asia, y me parece muy rico: Japón, China, Corea, Malasia, Filipinas, etc. KiyoshiKurosawa, BongJoon-ho, Zhang Yuan. Mezclan varios géneros sin prurito alguno, pero además incluyen poesía y lirismo. Igual, con todo lo fantástico que parece tener mi película, perfectamente podría ser una historia verídica. Hay inmigración clandestina de chinos en Argentina y se los trata como en la historia, solo que trabajan en otro tipo de granjas. Y los conejos no son carnívoros, aún, pero sí son transgénicos, mutados genéticamente, para que resulte mayor su productividad. Quizás esta existencia paralela esté al lado nuestro. Quizás estas granjas de conejos existan y no lo sepamos.”
Chen fue parte de la original movida de nuevos cineastas argentinos. Hoy se plantea si se puede seguir hablando de un movimiento. “A la manera del cine chino, que se divide en Primera, Segunda Generación, y así sucesivamente (creo que van por la Séptima), podríamos hablar igual del Nuevo Cine Argentino Primera Generación (sólo Martín Rejtman y Esteban Sapir) y luego la Segunda, en la que me incluyo junto a todos los que asociamos a la primera edición de Historias Breves. En general, todos nosotros vamos por la tercera o cuarta película. El NCA creo andaría ahora por la Cuarta o Quinta Generación, ¿no?”
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Mujer Conejo
De Verónica Chen
Con HaienQiu, Luciano Cáceres y Gloria Carrá