Entrevista a Jonah Hill

Una de las principales caras de la comedia norteamericana actual.

Descubierto gracias a sus papeles en las películas de Judd Apatow, Jonah Hill supo ampliar su repertorio hasta llegar a estar nominado al Oscar, lo que significó el comienzo de una etapa nueva que se continúa ahora en This Is the End, donde interpreta una versión exagerada de sí mismo. Un recorrido por su corta pero intensa carrera / 

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Es una de las apariciones más có(s)micas que haya habido: un verdadero cometa –bien redondo– que entró bruscamente en el cielo de la comedia estadounidense un gran día de 2005. La escena inaugural se puede ver en Virgen a los 40, la primera película de Judd Apatow: mientras que Steve Carell y Catherine Keener histeriquean en el negocio de ella, un muchacho regordete con un gorro se presenta en la caja con unas botas de caña alta con plataformas y lentejuelas en las manos. No pregunten por qué. Las quiere comprar, pero la dueña del local le explica, no sin dificultad, que solo pueden comprarse por eBay. Se instala un diálogo de sordos, absurdo, estúpido, hilarante y gratuito, ya que no contribuye en nada a la progresión del relato. Digamos que está solamente por la belleza del gesto.

Ahora estamos en Cinefamily, la sala de cine de avanzada de Los Ángeles, cerca de West Hollywood, esperando a Jonah Hill. Llega en un Porsche 911. La entrevista va a ser filmada y quiere dar una buena impresión en su primera aparición en un documental, su“género preferido”, nos confiesa, precisando que intenta “mirar uno por día”. La preocupación por hacer las cosas bien parece ser una constante en él: tiene la reputación de ser alguien que cuida cada detalle. Más aún desde que tiene mala imagen por haberse negado a contestar algunas preguntas insólitas (“¿Estás soltero? ¿Cuál es tu régimen? ¿Qué tipo de tirador de pedos sos?”) de un periodista de la Rolling Stone, durante la promoción de su nueva película, This Is the End. Pero, entonces –se pregunta la multitud anónima de los internautas–, ¿qué le pasó al gordito gracioso que comparaba los méritos de los sitios porno con una elocuencia tarantiniana en Supercool?

Pura criatura “apatowesca” en sus comienzos, a punto de festejar sus treinta años, Jonah Hill es el que tiene la carrera más deslumbrante de la banda (con la excepción de James Franco). Como muestra, una nominación al Oscar por su papel secundario en Moneyball(Bennett Miller, 2011); un papel, aunque menor, en Django sin cadenas, de Quentin tarantino (hace de uno de los encapuchados del KKK), y, sobre todo, su participación en la última película de Martin Scorsese, The Wolf of Wall Street. Asistente del agente de bolsa Leo DiCaprio en esa película, Jonah no para de elogiar a “esos dos absolutos genios”, sin poder creer todavía que tuvo la suerte de trabajar con ellos. Eso es lo primero que llama la atención cuando uno escucha evocar su (corta) carrera: más allá de la tradicional chupada de medias en vigor en Hollywood –en donde todo es “so amazing”–, Jonah Hill sigue siendo un fanboy, que parece alucinarla en todo momento por formar parte de ese mundo que idolatró durante su infancia.

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“Es verdad que hay algo melancólico en This Is the End, algo que marca el fin de una época para todos nosotros; pero no quiere decir que no nos volveremos a encontrar próximamente en otra película.”

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Criado en Los Ángeles por un padre manager de giras (para los Guns N’Roses) y una madre estilista, no viene de un hogar modesto, en el que la celebridad parece inaccesible y el show bussiness un cuento de hadas. Aunque se defienda de haber sido “beneficiado”, le debe su primer trabajo, antes incluso de Virgen a los 40, a Dustin Hoffman, el padre de su mejor amigo en la secundaria. Impresionado por el talento cómico del joven Jonah cuando este iba a cenar a su casa, se lo recomendó a David O. Russell, quien le ofreció un pequeño papel en Extrañas coincidencias en 2004 –seamos honestos: nadie lo había notado– y ahí arrancó todo.

¿Y Apatow? Después de Virgen a los 40, el nuevo rey de la comedia le ofreció a su discípulo un papel más destacable en Ligeramente embarazada (2007). Además, ese mismo año produce Supercool (Greg Mottola), en la que Jonah Hill, al terminar su adolescencia, hace del álter ego de Seth Roger, quien coescribe la película a partir de sus recuerdos de la secundaria. Un éxito impensado que se vuelve inmediatamente un clásico. El joven actor, que dos años antes improvisaba con un par de botas, ahora forma parte de la banda más deseable del momento. Encadena un papel tras otro en lo más vivaz de la comedia: Forgetting Sarah Marshall, Get Him on the Greek (Nicholas Stoller), Funny People(Apatow), Cyrus (Mark y Jay Duplass), y deja también su impronta en algunas películas no tan logradas, como The Sitter (David Gordon Green) y The Watch (Akiva Schaffer).

“Judd no solo me dio una mano, sino también confianza en mí mismo e hizo que yo aprendiera a escribir”, reconoce. “La mejor manera de obtener papeles para un actor es escribirlos uno mismo. Antes de conocer a Judd, soñaba con escribir para Los Simpsons, para Saturday Night Live y sobre todo para The Larry Sanders Show” (N. de la R.: producido y coescrito por Apatow). “Un día, a los dieciocho años, recibí un guión para la audición de una sitcom, el tipo de proyecto medio que se hacía en 2000. El guión era muy malo, entonces me pasé la noche reescribiendo mis diálogos. Actué lo que escribí, y quedó bastante bien. Al día siguiente, mi agente me llamó enojadísimo. Me dijo que eso no se hace, me preguntó quién me creía que era, y bla bla bla. Lo lamento, pero los diálogos no eran graciosos. Judd, al contrario, empuja a sus actores a reescribir los diálogos a su gusto. De hecho, se desilusiona si no lo hacemos. Hasta Martin (Scorsese) está abierto a eso…”

En 2012 coescribe el guión de 21 Jump Street, adaptando la serie de culto de los años ochenta que protagonizaba Johnny Depp. Consigue un nuevo éxito, en el que su humor regresivo y agresivo (Apatow lo describe, tiernamente, como un “angry nerd”), su conducta extraña y su modo de hablar hacen de él una suerte de Eminem del séptimo arte. No es casualidad que le atribuya a su personaje el apodo “Not-So-Slim-Shady”. Paradójicamente, es el momento en el que elige cambiar de look y perder viente kilos. Irreconocible, hace la publicidad de la película y la de Moneyball, con una extraña vestimenta, como desplumado. Los pocos kilos después ganados no son nada: Jonah Hill cambió. Parece más maduro, pero también más inseguro.

El adolescente cocky que dibujaba en sus cuadernos penes de todas las formas posibles dejó lugar al joven adulto timorato, que actúa como nadie, con esos grandes ojos redondos. En This is the End, comedia metafísica dirigida (y además escrita) por Seth Rogen y Evan Goldberg, hace de sí mismo. O casi. Los dos compinches, que no escasean en maldades, acentuaron los defectos, reales o supuestos, de su gran amigo, e hicieron de él un monstruo de obsequiosidad y de megalomanía reprimida, el estilo de tipo difícil de perfilar.

Así como no oculta el orgullo de haber abandonado la comodidad de la comedia, también sabe que no puede cortar del todo el cordón umbilical que lo une a aquellos que lo hicieron célebre: “Es verdad que hay algo melancólico en This Is the End, algo que marca el fin de una época para todos nosotros; pero no quiere decir que no nos volveremos a encontrar próximamente en otra película, para hacer algo incluso más loco”. Puede ser que la cometa se haya destruido un poco al acercarse a la atmósfera, pero no se desintegró del todo. Y sentimos sus ganas de mantenerse en órbita y brillar en lo alto.

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THIS IS THE END
De Seth Rogen y Evan Goldberg
Con Seth Rogen, Jonah Hill y James Franco