Poetry is not an expression of the party line. It's that time of night, lying in bed, thinking what you really think, making the private world public, that's what the poet does.
Alen Ginsberg
I contradict myself, I contain multitudes
Walt Whitman
La cita de Ginsberg sólo podía estar en inglés y corresponde al autor Beatnik que según Alberto Goldenstein impregnaba el aire de Boston en los ’80. También alude al autorretrato de Goldenstein en el Chelsea Hotel ejerciendo su poesía de la imagen, tal cual define Ginsberg, que describiré más adelante.
La segunda cita hace referencia a que -frente a la fotografía en si- al intentar definir cómo se trabaja, hay que evitar negarle lo más esencial que proporcionó: una imagen tan objetiva de la realidad que envió a los pintores, después de 4 siglos, a reorientarse hacia otras búsquedas. Los vaivenes esbozan los contornos evolutivos de un lenguaje relativamente nuevo, y aportan herramientas de lectura.Pero más que nada, la fotografía brindó claridad. Claridad de intención, claridad de lectura y claridad en su fidelidad a lo que se representa. Todo lo demás debe supeditarse a la multiplicidad que en el caso de cada fotógrafo (acuden a mi mente el propio Goldenstein, y también Joseph Koudelka) da vida a esa claridad. Los temas, las cámaras, los métodos, vienen a narrar cosas dentro de este hecho enorme que es la fotografía.
Es casi una perfección del destino que el piso de varios espacios de la Galería Foster Catena sea de tablones de madera pintados de blanco para esta muestra que se titula Americanas y recorre dos momentos de unavasta e intachable trayectoria: una primera instancia formativa en Boston entre el ‘81 y el ‘82, y un viaje a la ciudad de Nueva York, 20 años después.
En 1981, Goldenstein abandonaba la carrera de economía para mudarse a Boston a estudiar en la New England School of Photography. “Yo tenía la mirada crítica de un Latinoamericano. Pero al mismo tiempo encontré a esos popes, esos grandes fotógrafos que confirmaban mi mirada. Y ahí me di cuenta de que si, que lo que yo pensaba, ahí era.” Esta etapa integra la primer parte de la muestra. En blanco y negro y toma directa, aparecen las tiendas, los carteles, las calles en picado, los símbolos de la guerra, un retrato, un desnudo en esquina de cuadro como presencia en un interior, y todo esto regido por el gran principio: la luz. Son fotos veraces, efectivas y a la vez incompletas y misteriosas, que compositivamente presentan un atisbo inicio del logradísimo equilibrio de fuerzas, líneas, volúmenes y masas que, a mi entender, son hasta ahora la marca de autor que termina de despegar a Goldenstein de todos los demás fotógrafos. Un equilibrio compositivo a veces casi imperceptible, tan esquivo como sofisticado, que sumado a la calidad de la foto en cuanto a nitidéz, foco, etc., dan por resultado un efecto singular. Dichas obras son de formato medio y ocupan parte del hall, pero más que nada una sala en cuyo fondo se ubica una hoja de contacto: “La materialización concreta del proceso de fotografiar”. Es, en realidad, un collage digital en el cuál la tiras fueron seleccionadas de 5 rollos distintos. Da la pauta de un momento puntual en la materialidad de un oficio.
A su regreso a la Argentina, la fotografía de Goldenstein adquirió más y más esta claridad en la inmediatez. La serie de Mar del Plata- que es una de las más conocidas del autor y se puede ver en su página web- tiene una inmediatez de respuesta a lo que lo estimula a fotografiar que es sorprendente. Es como si fuera un animal dotado de una cámara que responde, sin reparar en el equilibrio antes mencionado. Funciona como un desarrollo intermedio en la lectura de las obras de Boston y las de Nueva York porque tiene una gran influencia de la fotografía Norteamericana. Llevan a pensar en Walker Evans, en todo lo que no es retrato de Walker Evans, todas las fotos de carteles, casas y negocios en los que aparece un equilibrio donde no lo había.
Veinte años después,en el 2011, Goldenstein realizó un segundo viaje a Estados Unidos, esta vez a Nueva York. Aclaró que era “el viaje del año”, que iba al mismo país en el que se había formado como fotógrafo, y que no tenía un tema a priori sino que las fotos resultarían de la experiencia del el viaje. Lo que él mismo denomina “la experiencia vital de fotografiar” y lo que invariablemente recomienda a los alumnos “sumergite en la experiencia fotográfica”.Si sabía que planeaba adquirir su primer cámara digital y realizar las fotografías en el nuevo formato. “Me interesaba el rango de registro de la luz que tiene el formato digital, y el color artificial que es algo que quería potenciar.” Es una elección relativamente tardía, que explica:“La fotografía digital hasta el 2006 era mala en su bajada a papel. En pantalla todo se veía bien pero en papel no. Y a mí me encantaba ese color artificial pero el resultado era muy malo. Después si, vinieron el Ink jet, los papeles, todos los adelantos.” Goldenstein retrató Nueva York con esa extraña perfección que logra en cada toma, y volvió. Según él, se desplaza- no buscando- encontrando; en un estado de alerta. “Cada foto es una decisión más que un hallazgo. A veces estoy hablando de una relación entre el espacio y las personas”. Y una vez que ve algo, muchas veces espera la posibilidad de ejercer una puntería que es la del fotógrafo: “que pase algo más, que la escena se complete- que se den el beso- que tiren la pelota- que doble el camión- que se recline la señora- que se quede quieta”. Muchos repiten que la fotografía es el arte del instante, pero existen dos instantes que se tienen que encontrar: el instante en que lo vimos y el instante en que sucede. Aún así, en ocasiones Goldenstein incluye el accidente “Me gusta trabajar con el accidente, es parte de los que sucede. Lo que sigue fuera de cuadro también es parte de todo.” Como artista fotógrafo, Goldenstein es el más fotógrafo de los artistas. “A veces trato de rescatar cómo el ojo ve. Es un efecto. Me interesa esa mirada documental donde se produce como un efecto de ficción, el documentalismo como una trampa. Lo opuesto de Jeff Wall”.(Jeff Wall, 1946, Vancouver, Canadá. Fotógrafo que se caracteriza por escenografiar escenas como de película, controlando todos los detalles antes de armar la toma). Las fotos de Nueva York ocupan todos los demás espacios de la galería. Tienen la cualidad de retratar algo cierto de la vida en la urbe con una claridad de intención y respuesta al estímulo de una precisión asombrosa y un trabajo de composición que se pone al servicio de esa claridad. Casi como Barradas y Torres García en los años ´20, documentan el dinamismo de la calle, la multiplicidad de situaciones que se yuxtaponen, la vida cultural a través de lo que acontece dentro de los Museos y fuera de los cines (donde el tiempo corre de otra forma), el consumo y la iconicidad del Flat Iron building. Cada una de las fotos está dotada de una vibración particular, un juego interno de relaciones, y son, inequívocamente siempre, un retrato de Nueva York.
A la vuelta de Nueva York reflexionó mucho sobre lo hecho. “No veía la muestra. Pero este año, por un libro que estoy haciendo sobre mi obra, tuve que volver a ver lo que había hecho en Boston, y al abrir y ver lo que había en las cajas me dije- ¿Quién es este fotógrafo? ¡Le quiero curar una muestra! Y entonces me di cuenta de que el viaje a Nueva York y estas fotos también hablaban, en paralelo, de la relación con la tecnología en dos siglos, el XX y el XXI”.
Cuando le preguntan si escribe responde “ Y si, es tentador. En Estados Unidos pensé en Edward Weston (Edward Weston, Norteamericano 1886- 1958, uno de los pioneros de la toma directa que utilizó el primer plano como recurso primordial) que me tentaba a escribir y trabajar. Pero yo usé la fotografía misma como una suerte de bitácora en mi vida.”
Goldenstein ha manifestado que estar en un ámbito distinto, de viaje, es el estado ideal para el fotógrafo. Americanas no sólo son dos momentos de un mismo fotógrafo, sino dos retratos de grandes ciudades del mismo país distanciados por 20 años; con sus cambios en la política, la economía, la tecnología, la mirada, la historia y la evolución de la fotografía. Pero como todo aquello que se pretende dividir, encuentra miles de continuidades.No sólo en lo formal. También la tienda de ropa de estética casi protestanteen el ´81 se transforma en el primoroso shop de chocolates que hoy habla de la invitación a entrar que disfraza un consumo casi impuesto, los planos picados en ambas épocas se diferencian en el objetivo de la mirada: la calle de cemento se transformará en el parque, la proyección de la propia sombra pasará de ser un motivo de peso en la composición a ser lo opuesto, etc. Contar más ejemplos es redundante a la respuesta que esbocé a mi apreciación inicial: el arte de Goldenstein está en la calidad, y en esa composición imprevisiblemente perfecta, clásica y balanceada que hace emanar una singular maestría, de todo aquello que en realidad es documental y estimula a fotografiar desde un instinto inmediato. Creo que lo vive encontrando.
La experiencia se sintetiza en el autorretrato mencionado del fotógrafo en su cama del mítico hotel de Nueva York en el que estuvieron Henry Cartier- Bresson, Robert Mapplethorpe, Patti Smith, John Cale, Keith Richards, Jasper Johns, Willem de Kooning, y el mismo Alen Ginsberg. No importa si el viaje termina o empieza ahí. Ver lo que realmente se ve, pensar lo que realmente se piensa, y hacer de esa soledad objetivada algo público, genera esos momentos suspendidos en el tiempo, a veces tan absolutos, que viajan a través de los demás sin que podamos predecir (ahora sí) un confín que los delimite.
Americanas se puede ver en el espacio Foster- Catena: Honduras 4882, Palermo, Buenos Aires. Del 8 de octubre al 30 de noviembre.