La excusa podría ser el éxito del BAZOFI, el ciclo que en los papeles aparece casi como una respuesta al BAFICI, o el crecimiento de Filmoteca, el programa que conducen hace media docena de años en el canal público. Aunque un encuentro con Fernando Martín Peña y Fabio Manes esquiva cualquier pretexto. La charla apenas arranca y ya se disparan temas en todas direcciones, con el cine como base pero también como punto de partida para diseccionar el estado de muchas otras cosas que aparecen a tiro: el periodismo (la casi nula relación con colegas de su generación), el Estado, el coleccionismo, los nuevos formatos, anécdotas, recuerdos, proyectos, nombres, y cine y más cine. Y mucho humor. Ahí la clave para entender desde qué lugar producen Peña y Manes. El lugar que les permite saber y ser conscientes de que las cosas deben contener su propia parodia, y donde no hay margen para la solemnidad. Atrás, dos mundos en apariencia distintos (Peña más interesado en la historia del cine, Manes en el cine de género y “bizarro”), que poco a poco –y bajo el ala del cineclubista y formador Octavio Fabiano– fueron complementándose para generar hoy una multiplicidad de proyectos con el deseo de mostrar un material de difícil difusión. Así, el crecimiento de un programa de televisión en el que sus participaciones –entre didácticas y delirantes– llegan a ser a veces más recordadas que las películas mismas, y la organización de ciclos de proyecciones en formatos originales, una de las banderas a defender de la dupla. Pasen y vean.
¿Cómo se conocieron?
Fabio Manes: Nos conocimos bajo la mirada protectora de Octavio Fabiano. Básicamente, él era como un sabio que nos hizo entender que el coleccionismo no tenía que ver con la competencia, sino con juntarse por un bien común. Ambos comenzamos como coleccionistas con ciertos tics perversos y egoístas, y de hecho los debemos conservar en algún lado todavía, pero rápidamente entendimos que había que juntarse y coleccionar con la idea de que la gente vea las películas, no solamente tenerlas nosotros. Esa es la idea rectora de la Filmoteca Buenos Aires.
Fernando Martín Peña: Y con un criterio amplio. Al principio, lo que juntaba Manes y lo que juntaba yo era totalmente distinto, y se complementaba: yo coleccionaba películas mudas y él lo que en ese momento se llamaba “cine bizarro”. De hecho, la palabra “bizarro” aplicada al cine se la escuché por primera vez en mi vida a él. Manes inventó las Medianoches Bizarras (N. de la R.: ciclo nocturno de fines de los ochenta que proyectaba películas de género).
Manes: Yo utilizaba la palabra porque leía la revista norteamericana Mad Movies y otras revistas en francés, y ambas utilizaban la misma palabra. Acá en ese momento se utilizaba únicamente para cierta clase de porno. En esas revistas se utilizaba como sinónimo de “raro”. De ahí aparecieron las Medianoches Bizarras, luego se extendió a “cine bizarro”, y ahí todos empezaron a utilizar la palabra por culpa mía. No me siento orgulloso porque es un término absurdo, en realidad, un cliché.
Peña: Y así como en su momento nos complementábamos, ahora, por ejemplo, para programar Filmoteca en la tele, a él se le ocurrió hacer una semana de Guerra Civil Española, y todo el mundo piensa que se me ocurrió a mí. Y a mí se me ocurrió hacer una semana de vampiras lesbianas, y la gente piensa que fue idea de él. Ahora la comunión es total.
Manes: Y estamos por adoptar un negrito africano (risas).
Llevan juntos más de cinco años haciendo Filmoteca en la TV pública. ¿Sienten que el programa tuvo una evolución o mantienen siempre la misma idea?
Peña: Hacemos siempre lo mismo, y a la vez diferente porque los temas son inagotables.
Manes: Tuvimos una época en la que había demasiado cine europeo, Truffaut, Rossellini, algo a lo que un poco escapamos, porque nos gustan más las semanas que son temáticas. Hacer una semana de Godard no es que no nos guste, pero la verdad que nos interesa mucho menos que hacer una semana de “trenes”; eso te permite poner una de John Ford con otra de Buster Keaton, etc. Nos divierte más y creo que la gente se divierte más también.
No hay demasiada prensa del programa de televisión ni de los ciclos que organizan, pero da la sensación de que a Filmoteca lo ve cada vez más gente, y los ciclos tienen una gran concurrencia. ¿Por qué piensan que se da esto?
Peña: Filmoteca en Vivo no existiría sin el Facebook. La gente viene gracias a la difusión que nos dan las redes sociales. A nosotros nunca nadie nos hizo una nota, salvo alguna excepción. En realidad nunca sentí que alguien acompañe lo que hacíamos. Algunos nunca escribieron absolutamente nada de lo que hacemos. Ni programa, ni libros, ni nada. La única vez que me dieron un poquito de bola fue en el BAFICI, y porque no tenían más remedio.
¿Y por qué pensás que ocurre eso?
Peña: A esta altura no me voy a poner a analizar por qué. En realidad nunca me llevé muy bien con los colegas de mi generación, salvo con un par.
Manes: Hay un tema que nunca decimos porque se supone que queda mal: hay una cuestión de celos y envidia. Tenemos todas las películas, tenemos un programa donde hacemos lo que se nos canta, una versión en vivo de ese programa, Fernando programa en el MALBA… Muchos querrían hacer lo que hacemos nosotros. Es básicamente una cuestión de egos y envidia.
¿Hay películas que les gustaría programar y que no pueden por alguna cuestión?
Manes: Montones, por cuestiones de derechos.
Peña: John Carpenter.
Manes: Claro, ni siquiera existe la posibilidad de comprar esos derechos. Hay mucho cine norteamericano que por esa cuestión no vamos a pasar nunca. Pero al mismo tiempo hay tanto por otro lado, ¡que ma vaffanculo!
¿Cómo aparece el BAZOFI?
Peña: El BAZOFI es como ponerle un nombre diferente a Filmoteca en Vivo. Se genera en un contexto en el que podemos pasar películas que de otra manera no vendría a ver nadie. La primera vez lo hicimos de manera deliberada en la misma fecha del BAFICI, la segunda no.
Manes: La segunda vez se copiaron ellos de nosotros (risas).
Es inevitable la pregunta sobre la referencia al BAFICI.
Peña: Nos da la impresión de que el BAFICI de estos últimos años debería contener su propia parodia, y no lo hace. Se volvió muy solemne, y a nosotros nos gusta divertirnos. Incluimos en nuestro ciclo el tipo de cosas que no podemos ver en el BAFICI.
Manes: Lo que veo es que en el BAFICI la cuestión de las retrospectivas fue quedando atrás. Y a nosotros es lo que más nos gusta. Y el BAZOFI es un festival totalmente de retrospectiva.
Peña: Y sacándole el componente snob. Porque cuando yo era director del BAFICI era importante equilibrar una zona de retrospectiva programada con el mismo criterio que el cine nuevo; es decir, en la medida en que una película es desconocida para el público en general, es nueva. No importa de qué año es.
Parece increíble que hoy una proyección de una película en 35 mm sea casi un acontecimiento…
Manes: Sí, convengamos que se termina el fílmico.
Peña: Y bueno, qué se va a hacer, se termina. Las películas que se hacen en digital que se pasen en digital. Pero las viejas películas no se hicieron en digital, y se tienen que seguir viendo como se hicieron. Es como que en vez de mostrarte la Gioconda te muestren una diapositiva de ella porque “el formato cambió”. No es igual. Incluso una mala copia de una película en fílmico tiene una textura que es distinta a la de una proyección digital. Hace poco estaba viendo un fragmento de Mogambo, una película de John Ford hecha en technicolor, que siempre fue algo antinatural, con el color como chorreando de la pantalla. La copia que estaba viendo yo tenía un transfer hecho seguramente por un idiota que naturalizó los colores: buscó que la piel tenga color a piel real, y a partir de ahí naturalizó todo. La cuestión es que ahora Mogambo parece un documental, y no era eso.
Manes: Estoy seguro de que una copia de Solaris en DVD no debe tener los mismos colores que la copia que proyectamos nosotros, que son los que registraba ese tipo de material fílmico. Si hubiésemos dado la película en DVD, la diferencia habría sido enorme, como la diferencia entre comer caviar y comer mierda.
¿Cuáles son los elementos que no pueden faltar en un BAZOFI?
Manes: Tetas, películas exóticas, terror…
Peña: Películas mudas con música en vivo y alguna performance o cosa rara que ocurra.
¿Cuánto cambió hoy el ambiente del coleccionismo?
Manes: Lo que cambió un poco todo fue la aparición de Internet. Cuando empezamos con esto, yo particularmente ponía avisos en Segundamano que decían “compro películas”, conocía gente en el conurbano a quienes le compraba películas perdidas, cosas rarísimas. Compraba cosas increíbles por dos mangos a unos viejos que vivían rodeados de cincuenta gatos y no sabían lo que tenían, y así se empezó a formar la Filmoteca Buenos Aires. Eso fue a fines de los ochenta. A fines de los noventa empezamos a comprar películas afuera, vía Internet, que es un mundo inacabable. A veces es todo un arte poder detectar lo interesante y darse cuenta qué hay que comprar.
Peña: Lo que ocurre también es que las carreras académicas donde se enseña cine o crítica de cine tiene una gran falencia: te enseñan solamente a reflexionar sobre algo que ves, pero desconocés totalmente el objeto, no tenés ningún vínculo con el material, y eso está mal. En un punto si sos investigador o teórico relacionado a la historia del cine tenés que saber qué carajo es un 35 mm o un 16 mm y saber qué hacer si de pronto te tropezás en tu vida con una lata. Hoy un alumno de la carrera de Artes Combinadas podrá escribir un libro, pero lo hará sobre cosas que vio en Internet, y no puede hacerlo sobre materiales a los que puede acceder si quiere.
Manes: Algunos pibes no tienen idea de que existe un proyector de cine. Hay gente que se saca fotos con un proyector como si estuviera al lado de un dinosaurio.
¿Aparecieron nuevos coleccionistas?
Manes: Yo acabo de cumplir diez años de comprar en subastas internacionales, y creo que jamás nos cruzamos con otros coleccionistas latinoamericanos, salvo alguna vez un uruguayo que tenía unas pocas películas. Los únicos latinoamericanos que compran en el mundo somos nosotros dos.
Alguna vez contaron que Tarantino les ganó de mano con una compra…
Peña: Sí, fue con The King Steps Out, una comedia musical de Josef von Sternberg. Era de un vendedor particular que la ofreció en una lista. Yo salí a comprársela y el tipo me dice “te acaba de cagar Tarantino”, básicamente. Le había ofrecido el doble de la guita que había ofrecido yo.
¿Y ustedes hicieron lo mismo con otros coleccionistas?
Peña: Sí, hemos cagado a varios (risas).
Manes: Lo que pasa es que ahora no te enterás a quien. Comprar por E-bay se transformó en una cosa anónima, no sabés con quién competís.
Apenas les llega la copia, ¿la chequean?
Manes: Sí, por supuesto, ansiosamente.
Peña: El material hay que moverlo, por eso insistimos tanto en programar en varios lugares. Estar en el MALBA y en el programa y en Filmoteca en Vivo obliga a mover el material, y eso le hace bien.
Manes: Quedarse quieto le hace daño, se llena de hongos, se empieza a avinagrar…
¿Van al cine seguido?
Manes: No mucho. No nos gusta el cine (risas). Es rarísimo, pero con el paso del tiempo se fue acrecentando la cuestión de ir poco a ver estrenos, y yo en los últimos dos o tres años he ido unas diez veces al cine.
Peña: Muy rara vez nos gusta mucho algo. A mí me gustó Hugo, y me había gustado J. Edgar, la de Eastwood, hasta que me acordé que estaba la de Larry Cohen (N. de la R.:The Private Files of J. Edgar Hoover, de 1977).
Manes: Yo fui a ver la última de Carpenter y me quise matar. Es una basura absoluta. Si Carpenter hizo eso, es el Apocalipsis. ¡Además hacen todo de nuevo todo el tiempo! ¿Cómo puede ser que ya haya una remake de las pesadillas de Freddy? ¿Tengo doscientos años? ¿Están en pedo?
Filmoteca. De lunes a jueves a la medianoche por la TV Pública.
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