Bicentenario de la batalla de Tucumán

Mediamza.com pone en consideración los envíos que hagan nuestros lectores. Desde este espacio, se tiene en cuenta todas las expresiones porque entendemos que el pensamiento y la palabra forman parte de la libertad de nuestra sociedad. En este caso ofrecemos el aporte generoso de la Asociación Sanmartiniana con una lección de historia para conocer qué pasó hace 200 años en Tucumán.

Asociación Cultural Sanmartiniana de San Rafael

Profesora: Fanny Virginia Calderón

En la tarde del 24 de setiembre de 1812, en San Miguel de Tucumán, se definió una  parte trascendental de nuestra Patria. Se pusieron en juego el heroísmo y las convicciones, pero también los sacrificios y las angustias de aquellos, que hace dos siglos protagonizaron la histórica Batalla de Tucumán.

Según el historiador Vicente Fidel López, esta batalla fue “la más criolla de todas cuantas batallas se han dado en el territorio argentino”, dada en el campo de Las Carreras, fue la más nacional de todas las que se libraron en la guerra de la Independencia. Ahí  estuvieron “todos los pueblos” de la convocatoria de Mayo. El escuadrón “Decididos” de Jujuy, la caballería salteña con la jefatura de Moldes, las milicias tucumanas reunidas por Bernabé Aráoz, los restos de los regimientos porteños, la compañía catamarqueña conducida por Bernardino Ahumada y Barros y el guerrillero altoperuano Manuel Ascencio Padilla, con sus jinetes, que formaron la escolta del general Belgrano.
 
Resulta de sumo interés, el testimonio que aporta el general José María Paz, en sus Memorias, acerca de la retirada de Belgrano del Norte, después de haberse hecho cargo de los restos del ejército patriota, derrotado en la batalla de Desaguadero. Belgrano se retira desde Jujuy, en dirección a Tucumán, hacia fines de agosto de 1812, en el famoso Éxodo Jujeño”.El ejército contaba sólo con 1.500 hombres, casi desorganizado  y desprovisto de todo. Por detrás venía en su persecución, el general Pío Tristán, peruano, con un ejército  español de más de 3.000 hombres.

Belgrano se mantuvo sereno y valiente. Con su actitud logró que sus soldados no cayeran en el pánico. Según Paz “jamás desesperó de la salud de la patria, mirando con la más marcada aversión a los que opinaban “tristemente sobre ella”
La orden de Buenos Aires era abandonar también la ciudad de Tucumán y replegarse a Córdoba si los españoles ocupaban Salta.  Belgrano que decide quedarse en esa provincia, y desobedecer al gobierno.  Después de exponerle a la familia Aráoz, la más destacada de la provincia, las necesidades de hombres y dinero para enfrentar al enemigo, ellos se comprometieron a entregarle el doble. La ciudad y la campaña se movilizaron en esa hora patriótica.

Los españoles confiaban en su superioridad logística y su veteranía. Los patriotas, en su entusiasmo y en la Virgen de la Merced, que no les podía fallar, porque el día de su recordación se libró la batalla.
Su plan era presentar batalla en las cercanías de la ciudad. En caso de derrota, se pudiera retroceder y resistir desde el núcleo urbano. Así instaló artillería en lo que es hoy la plaza Independencia, abrió fosos y trincheras en las esquinas y dejó una guarnición.  El resto del ejército se estacionó en las afueras.
La batalla ya viene. Y con ella, una tormenta de polvo, primero; de lluvia después; y hasta de langostas, más tarde. Los realistas desprenden un batallón que avanzará al sur para quitarle la posible comunicación con Santiago del Estero, y el grueso vira hacia la izquierda, rumbo a la ciudad.

En ella, Belgrano mueve sus tropas desde el Norte y se apuesta en el Oeste.
Y el choque. A las 11 horas, del 24 de setiembre de 1812. Con los realistas que se topan con la línea de batalla de los patriotas y, entre sorpresa y desorden, jamás llegan a armar sus cañones. Y la carga de la caballería, a los gritos y haciendo sonar sus guardamontes, al mando de Juan Ramón Balcarce, que por orden de Belgrano hace un desvío para evitar el fuego  de la infantería enemiga y cae sobre ella por detrás, quiebra así, la izquierda realista.  Mientras que en el otro flanco, donde está Belgrano, enfermo, los patriotas son arrollados, la retirada es tumulto y el desbande lo arrastra al sur.  La lucha se desarrolla en medio de un tremendo desorden, aumentado por la oscuridad provocada por una inmensa manga de langosta y la caballería de ambos ejércitos combate en entreveros furiosos. Díaz Vélez y Dorrego encuentran abandonado el parque de Tristán con 39 carretas cargadas con armas  y municiones, y junto con los 500 prisioneros que toman y los cañones que pueden arrastrar, corren a encerrarse en la ciudad. Tristán llega a las afuera,  cañonea el  campanario  de Santo Domingo y envía el ultimátum; o se rinden, o incendia la ciudad. Díaz Vélez contesta sin dudar; nunca se rendirán. Y si quema el pueblo, él degollaba a los prisioneros.

Belgrano regresa en la mañana del 25, con 6000 hombres a caballo, y le manda a Tristán una propuesta para que capitule… “ ya que la mayoría de las tropas eran americanos y, que debían unirse en los mismos objetivos de la libertad del suelo natal”. Tristán rechazó indignado la propuesta, pero no atacó la ciudad. Y a la medianoche del 25, emprendió su retirada hacia Salta. La batalla había sido ganada.
Emoción patriótica, bravura, fe religiosa, todo ayudó. Puede decirse que ese ejército popular salvó la Revolución, y por sus resultados sólo es comparable con Maipú y Boyacá, que defendieron  la suerte de otros países americanos. Se justifica plenamente que Belgrano, hombre religioso, ofrendara su bastón  a la Virgen de la Merced.

De no haber mediado esa victoria, el ejército realista habría llegado a las costas del Paraná, donde estaba la escuadra española de Vigodet. Y ocurrió desobedeciendo la orden política del secretario de Guerra, Rivadavia, que lo conminaba a entregar todo el Norte a las fuerzas realistas.  Esa noticia determinó el golpe de estado del 8 de octubre de 1812, donde participó el general San Martín, que derrocó a l Primer Triunvirato.   
 “Todo eso da significación especial a aquella tarde de setiembre.  En la más pequeña de las provincias argentinas, por decisión conjunta de Belgrano y de todo el pueblo de Tucumán, se jugó el destino independiente del país”