Los K y su resistencia al sistema democrático representativo

La agresión verbal parece ser el eje central de cualquier tipo de expresión hacia quienes critican al gobierno, pero de todas las que hemos escuchado en los últimos años hay una en particular que concentra la falta de respeto hacia el juego democrático y que el kirchnerismo está instalando en sus militantes. por Alejandro Frias.

Es muy temprano para elaborar conclusiones sobre las consecuencias de la marcha de ayer. De hecho, no será hasta que la presidenta y sus ministros vuelvan a aparecer que podamos comenzar a sentir sus efectos, y hasta se podría especular con que el inminente fin de semana le va a permitir al gobierno nacional tener un impasse como para favorecer que se enfríe un poco todo y organizar un contraataque más meditado.
 
Hubo, claro, reacciones inmediatas, como la convocatoria que comenzó esta mañana a través de las redes sociales para recordar a Néstor Kirchner el 27 de octubre y alguna que otra declaración en caliente, como la del ministro de Desarrollo de Mendoza, Guillermo Elizalde, a través de Twitter y la de la mismísima presidenta, quien desde San Juan dijo: “Yo nerviosa no me voy a poner, que se queden tranquilos”.
 
Y ahí nos quedamos, en las desacertadas expresiones que los funcionarios nacionales y provinciales suelen utilizar para descalificar cualquier protesta o queja contra sus respectivas gestiones.
 
La agresión verbal parece ser el eje central de cualquier tipo de expresión hacia quienes critican al gobierno, pero de todas las que hemos escuchado en los últimos años hay una en particular que concentra la falta de respeto hacia el juego democrático y que el kirchnerismo está instalando en sus militantes. Se trata, ni más ni menos, que del latiguillo del que se están apoderando de a poco los oficialistas a ultranza y que en las últimas horas se oyó en boca del jefe de Gabinete nacional, Juan Manuel Abal Medina: “Que armen un partido y ganen las elecciones”.
 
Con variantes, esta frase se repite periódicamente. “Ganen las elecciones y después hablemos”, “Si quieren hacerlo, ganen las elecciones” u otras formas son las que repiten los militantes y dirigentes K.
 
Esta expresión, que, a falta de ideas para generar una buena opción de gobierno, ha comenzado a ser usada también por gente de la UCR, especialmente la de Godoy Cruz, espacio de guerra fría entre Cornejo y La Cámpora, devela un claro mensaje: “No hacemos lo que debemos, sino lo que queremos”, mensaje absolutamente opuesto a un sistema democrático representativo, en el que las responsabilidades sobre las decisiones recaen en los representantes electos, quienes deben gobernar para todos (todos y todas, recordemos) y no para quienes los votaron.
 
Irreflexivamente se repite la idea de que primero hay que ganar una elección para poder protestar y, en todo caso, reclamar, lindando con las formas autoritarias de manejar el poder. “No importa lo que digas, no te vamos a escuchar y vamos a seguir haciendo lo que nos venga en gana”, parece ser el mensaje.
 
Y que esto no se interprete como un apoyo a la concentración de ayer y mucho menos a varias de sus consignas, algunas de las cuales excedieron con mucho la intolerancia y la falta de respeto, además de que no estuvieron ausentes las vacuas.
 
La convocatoria de ayer fue multitudinaria, eso no se puede negar, pero también es difícil que conduzca a generar una reflexión real de parte del gobierno, por lo inconsistente de las consignas, porque hubo operaciones y traslado de gente de parte de algunos partidos, porque ya hay políticos que están tratando de sacar provecho de la situación y por varias cosas más, pero especialmente porque este gobierno ya internalizó una idea: el poder es suyo, y si no estás de acuerdo, armá un partido y ganá una elección.

Fuente: MDZ