Su presencia bajo los altos techos de una suite del lujoso hotel Regina podría estar motivada por una serie de reuniones con el directorio del museo Louvre, a la vuelta del hotel. ¿Una exposición en preparación? ¿Una lectura? ¿Un concierto? No sabemos, y a lo largo de la entrevista Patti no revelará el secreto. Desde su habitación tiene una vista despejada de una estatua de bronce dorado de Juana de Arco a caballo. Y es esa, y no otra, la razón principal de la elección de esta habitación del Regina. Patti Smith, 65 años, no cambió: todavía en busca de un punto de apoyo espiritual, todavía tras una sombra más grande que ella, todavía con su memoria llena de personajes malditos y de santos…
Como anillo al dedo: es la víspera del viernes santo de abril de 2012, día en el que presenta a la prensa su nuevo álbum, Banga, que, tras una serie de obras oscuras, firma su renacimiento discográfico. "Gone Again era realmente un disco de viudez, dedicado a mi marido Fred Smith", explica la cantante cuyo look bohemio –peinada como una bruja, calzada con un par de zapatones y con jeans usados y una remera blanca– contrasta con el decorado imperial. "Con Gung Ho y Trampin’ hice los duelos sucesivos de mi padre y de mi madre. Este álbum abre una nueva secuencia. Con la banda, en lugar de debilitarnos, me parece que progresamos. Estoy tan contenta con el resultado que pienso grabar otro rápidamente."
Entusiasmo justificado. En doce tracks –entre ellos un cover de "After the Gold Rush", deNeil Young, como epílogo–, Banga remueve las brasas de todos los grandes temas y los grandes cuestionamientos de la pitonisa punk con una base musical de las más elaboradas que haya exhibido jamás. En el disco se reflejan los oros y los pigmentos de un rock con estructuras clásicas, con intuiciones a veces psicodélicas. En los arreglos de "Amerigo" encontraremos un leve perfume beatlesco; en el trasfondo de guitarras de "Nine", un innegable toque Byrds; y en el clima de Fuji-San, algo de The Doors del último periodo. También hay un reciclaje de un tema de Sun Ra ("The Second Stop Is Jupiter") sobreTarkovsky como homenaje al director ruso.
"Este disco refleja, antes que nada, la madurez de mis músicos, como Lenny Kaye, con quien trabajo desde hace cuarenta años y que compuso tres canciones." El álbum lleva, por otro lado, la marca de la profunda amistad que la une a Johnny Depp, que toca la guitarra y la batería, y "Nine" está dedicada a él. De su relación con el actor, dice: "Es como si después de haber perdido a mi hermano Todd, Johnny hubiera venido a reemplazarlo". Detalle importante: el álbum fue grabado en el mítico estudio Electric Lady de Nueva York, en el que Patti Smith grabó su clásico Horses, en 1975, en el que vibra todavía el genio torturado de Jimi Hendrix en busca de un lenguaje musical universal.
Si el rock era entonces la disciplina predilecta de los ladrones de fuego, Banga podría ser ese gran cajón de sastre detrás del cual la cantante corre desde los años setenta; este alambique de alquimista colmado de referencias literarias, de bellas elegías, de visiones proféticas que hacen arder el alma siempre en combustión de una artista que, aunque lamente la pérdida de su seducción andrógina de antaño, se maravilla de la fluidez con la que su cerebro trabaja hoy en día. "Se pierde el look, se pierde la belleza, se pierden los dientes y el pelo. Pero nuestro espíritu, si uno se toma la molestia, con los años se abre y extiende sus capacidades de comprensión. Es la única compensación al hecho de envejecer."
Pero estamos en 2012 y el rock se contenta a menudo con alimentar hits tan mecánicamente como una fábrica de hacer chorizos. De su compromiso artístico de los comienzos escribía en Éramos unos niños, biografía bicéfala consagrada a sí misma y a su "gemelo", el fotógrafo Robert Mapplethorpe: "Teníamos miedo de que la música estuviera en riesgo de hambre espiritual. Teníamos miedo de que perdiera su razón de ser, miedo de que cayera en manos codiciosas, de que se estancara en un atolladero de espectáculo y de finanza…".
En el fondo, esta visión sacerdotal nunca abandonó realmente a la chica de Germantown, Pennsylvania, salida de una familia de testigos de Jehová, que se acuerda de cuánto la conmovió Jennifer Jones al encarnar a Bernadette Soubirous en el cine. Sobre su mesita de luz ya tenía un retrato de Juana de Arco. En los discos de rock encontró "una salvación adolescente inesperada" y luego con esta vara se confeccionó una cruzada a medida. "De pequeña, me imaginaba volviéndome misionera. Era muy piadosa y ávida de heroísmo. En casa teníamos que vivir según las Escrituras, y cuando abracé la vía artística, tuve que renunciar a mi religión. Fue una decisión muy intensa y dolorosa que todavía hoy alimenta en mí un conflicto interior."
Para escribir "Constantine’s Dream", canción de Banga, fue hasta Italia tras las huellas de San Francisco de Asís, ese santo que había hecho un voto de pobreza absoluta, que había prometido compasión ilimitada, ese buscador de Dios que quería evangelizar a los pájaros y las bestias feroces. "Siempre admiré la existencia frugal, desprovista de necesidades subalternas. Siempre quise seguir esta vía de miseria y de contemplación pero no fui capaz. Como mi naturaleza me llevó a crear, a escribir, a grabar, a dibujar, a sacar fotos, finalmente me encontré en el opuesto exacto de la figura abstinente, no productiva del santo. "Constantine’s Dream", que al comienzo era una canción inspirada en una pesadilla que había tenido en relación con el apocalipsis ecológico, finalmente puso de relieve esta cuestión filosófica que me atormentó toda la vida."
Cuando le preguntamos qué piensa al día siguiente, viernes santo, responde sin pensar, como si todo estuviera planificado: "Voy a ir a una Iglesia a rezar. Luego, iré a pasear a un jardín. París tiene muchos. Me encanta esta época. Su dimensión metafórica me emociona siempre. El ritual, la ruptura del pan y esas palabras maravillosas: ‘Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes… Hagan esto en mi memoria’. Eso es la Biblia, Lucas, 22.19. ¡Qué linda introducción para una canción!".
En el fondo, si lo pensamos, su forma de creación siempre fue eucarística. Su arte siempre se alimentó de la carne de aquellos que, como Jesucristo o Arthur Rimbaud, corrieron tras la muerte para entrar en la gloria. Y la elegía sigue siendo una de sus formas de expresión privilegiadas. En sus comienzos, escribía canciones a la memoria de Edie Sedgwick y de Janis Joplin. Luego vinieron otros, para Gandhi, Andy Warhol, su maridoFred "Sonic" Smith, que murió en 1994, e incluso para su perro ("Come back Little Sheba"). En Banga, dedica una a Amy Winehouse ("This Is the Girl") y otra a la actriz Maria Schneider ("Maria"), ambas muertas en 2011. "No conocí a Amy, nunca me la encontré, pero su voz me conmovía enormemente. En cambio, conocí a Maria Schneider. Ella acababa de terminar el rodaje de El pasajero cuando vino a vernos en un concierto en Los Ángeles. Estábamos en plena gira de Horses. Ella tenía una camisa blanca, una corbata negra y un saco, exactamente como yo en la caja del álbum. Era más joven y más vulnerable, dura pero vulnerable. La quería mucho. Es sin duda la canción más nostálgica que jamás haya escrito. A través de Maria se refleja el espíritu de esa época en la que éramos jóvenes y arrogantes. Por lo demás, solo se puede ser arrogante de joven. Después de cierta edad, esa actitud roza la estupidez."
Cuando no se come simbólicamente a los muertos, Patti los visita. En Dream of a Life, el bello documental del director Steven Sebring que siguió a la cantante durante once años, la vemos rezar en varias tumbas, entre ellas en la de Allen Ginsberg, en la de John Keats, en la de William Blake y, claro, en la de Arthur Rimbaud en Charleville donde, durante su primer viaje a Francia, depositó cuentas de cristal azules traídas de Etiopía. En la de Jim Morrison, dejó un ramo de jacintos. "Me encantan los cementerios. Nunca me parecieron deprimentes o mórbidos. Cuando fui a rezar a la tumba de Susan Sontag en el cementerio Montparnasse, me emocioné mucho aunque no la conocía. Aproveché para ir también a la tumba de Brancusi, a quien tampoco conocí. Diría que, al visitar un cementerio, siento cierta emoción que no está lejos de igualar la de los niños yendo hacia un parque de diversiones. A veces voy con flores, a veces, con un cuaderno. Me siento y escribo. Eso depende. Cuando visito a mi marido en Detroit, me pasa de hablarle. A veces lloro o me quedo sentada y dejo que mis pensamientos me lleven."
En su casa, en Nueva York, conserva las cenizas de Robert Mapplethorpe, de su padre y de su perro Sheba. De la fidelidad más allá de la muerte, el perro es sin duda la figura más emblemática. En El maestro y Margarita de Mijail Bulgakov, libro que inspiró, entre otros, la canción de los Rolling Stones "Sympathy for the Devil", encontramos a un perro que se mantendrá fiel a su amo, el procurador Poncio Pilatos, durante dos mil años. Su nombre esBanga. Hoy es el nombre del disco más enérgico y vital de Patti Smith en décadas.
Patti Smith
Banga
(Sony)
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