Esta encantadora ciudad, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad, es considerada la ciudad más fortificada de América. Fue el escenario de legendarias batallas de piratas y corsarios que codiciaban los tesoros españoles y, a la vez, punto de inspiración de amores, aventuras y desventuras de famosos personajes de Gabriel García Márquez.
Desde la gran muralla de piedra que rodea la ciudad se puede divisar la cúpula de la Iglesia de Santo Domingo y la belleza de la Catedral. Las casas pintadas de colores enmarcan calles estrechas donde los carruajes antiguos circulan paseando turistas, al tiempo que artesanos, vendedores ambulantes y palenqueras ofrecen su arte, productos artesanales y canastas repletas de frutas y dulces.
Durante el recorrido por esta mágica ciudad se pueden observar los floridos balcones de madera y el legado de la arquitectura colonial, con minuciosos trabajos en sus portones de entrada, que en algunos casos permite entrever maravillosos patios internos con fuentes y aljibes. Claustros, templos, fuertes y castillos reviven épocas pasadas, con plazas cuidadas, tentadores restaurantes y coquetos hoteles boutiques que invitan a una estadía prolongada.
La Ciudad Antigua está amurallada casi en su totalidad. La gran pared de piedra tiene alrededor de ocho kilómetros y fue construida a finales del XVI, luego de casi dos siglos de trabajo. Aún hoy conserva muchos cañones y baluartes que pueden verse durante su recorrido.
Un muro místico y melancólico
En su interior hay puntos de visita obligada por la belleza de su arquitectura y por lo que representan. Ejemplos contundentes son el concurrido Portal de los Dulces, la Iglesia y el Convento de San Pedro Claver, uno de los rincones más lindos y antiguos. También la Plaza de Santo Domingo, donde se encuentran la iglesia y La gorda Gertrudis, una bellísima escultura de Botero. En Las Bóvedas, una sucesión de arcos que antes fueron cárceles, reciben al visitante con un paseo de compras y artesanías.
Esquinas que maravillan
Atravesando el casco antiguo se llega a la Torre del Reloj, el acceso principal a la Ciudad, que da a la Plaza de los Coches. Un poco más allá de la muralla aparecen Bocagrande y Laguito, los barrios más nuevos de la parte moderna, donde se destacan sitios de interés y de diversión para el turista.
Bares, casinos, discotecas y restaurantes colmados de un ambiente de ritmo musical caribeño son, junto con cadenas hoteleras de alta calidad, sitios de fuerte atracción para los viajeros. Quien gusta de la vida nocturna puede recorrer una “chiva rumbera”, un bus abierto donde trago en mano y música de fondo, se pasea por la ciudad. Aquel que prefiera un plan más tranquilo puede caminar por las calles iluminadas con farolas de Cartagena, subirse a un coche tirado por caballos o bien, elegir un bar donde tomar algo cerca del Portal de los Dulces.
Metáfora del mar
Cartagena está rodeada de arena color café, pero es mar adentro donde se encuentran las arenas más lindas. Del muelle La Bodeguita (detrás del centro de Convenciones) zarpan lanchas hacia las islas de Nuestra Señora del Rosario. El archipiélago aparece a 46 kilómetros de la costa: allí las aguas se vuelven azuladas, tibias, apacibles y brillantes. Son veintisiete islas coralinas. Para llegar hay que navegar una hora en bote por la bahía de Cartagena, un paseo agradable que permite apreciar fuertes abandonados, bosque de manglares y villas de pescadores. Al llegar, las islas invitan a tomar sol sobre playas de arena blanca, refrescarse en el agua transparente, bucear o hacer snorkel.
SANTA MARTA
Por la carretera troncal del Caribe, a unas cuatro horas de Cartagena se llega a Santa Marta, el enclave urbano más antiguo de Colombia, fundado en 1.525 a los pies de la Sierra Nevada de Santa Marta. Esta ciudad tiene un sabor propio. El tradicional casco conserva varias edificaciones de época, aunque a diferencia de Cartagena, su carácter colonial ha ido desapareciendo. El rastro pasado se encuentra en la Catedral, la vieja Casa de la Aduana -convertida en Museo de Oro- y en la Quinta de San Pedro Alejandrino, la hacienda donde murió Simón Bolívar en 1.830.
PARQUE TAYRONA
A 34 kilómetros de la ciudad de Santa Marta, donde el bosque tropical y el mar bravo del Caribe se juntan, se encuentra la ciudad de Santa Marta. Con una gran biodiversidad, su paisaje invita a disfrutar de unas 300 especies entre aves, monos, tucanes, palmeras, helechos, heliconas silvestres, orquídeas, brómelas y árboles de más de 20 metros de altura.
Una de las entra- das más populares de ingreso es El Zaino. A partir de allí es posible tomar los senderos entre la exuberante vegetación para realizar caminatas o cabalgatas -algunas cortas, otras de varias horas-.
Tayrona cuenta con alrededor de cincuenta playas, de las cuales más de la mitad son vírgenes y compiten entre las mejores del mundo. Entre las que no se puede dejar de mencionar figura la del Cañaveral, que tiene construcciones similares a las viviendas de la antigua cultura tayrona, con techo de hoja de palma, la Playa de Arrecifes, ideal para acampar, La Piscina o Boca del Saco, apta para nudistas.
Dentro del Parque, también existe un circuito de ocho horas hasta un antiguo lugar que llaman Pueblito, con calles empedradas en medio de un espeso monte, canales que recorren un antiguo acueducto y puentes y terrazas donde alguna vez se erigieron las casas de los pueblos originarios.
SAN ANDRES
Es uno de los destinos turísticos más elegidos por la belleza de sus playas, la transparencia de sus aguas y un clima de tranquilidad y relajamiento permanente. Rico en arrecifes y corales de todos los colores, San Andrés es cuna de deportes náuticos y el lugar predilecto para los amantes del buceo.
Con una rica oferta hotelera y servicio all inclusive, permite al viajero disfrutar de una exquisita gastronomía con menúes a base de pescados y mariscos, tragos con ron o una cerveza al son del reggae.