Hoy se afirma a menudo que la región ha cambiado. Las economías latinoamericanas son sólidas y la región es mayormente democrática. No obstante, todo sigue casi igual cuando se trata del equivalente televisado de los discursos que hacía Velasco desde el balcón.
El más locuaz orador es Hugo Chávez. Sólo este año, el verborrágico líder de Venezuela habló durante 100 horas en discursos que, por ley, se transmiten en todos los canales de televisión y estaciones de radio nacionales. Y pese a que se acercan duras elecciones en octubre, no da señales de disminuir su maratónicos mensajes. Si bien probablemente no respete las leyes electorales que limitan a tres minutos los spots publicitarios de los candidatos, Chávez sostiene que forman parte de la estrategia de información del gobierno, y solamente la “burguesía” querría acortarlos. (También ignora el aburrimiento de muchos otros).
Chávez no es el único mandatario que sigue el ejemplo de los viejos populistas. Rafael Correa, el presidente de Ecuador, protagonizó más de cien cadenas nacionales desde que fue electo en 2007, sin contar los programas de tres horas de duración que se transmiten por televisión estatal todos los sábados.
Cristina Fernández también empleó el mismo recurso en 12 oportunidades desde que fue reelecta presidente de Argentina en octubre de 2011 (pero sólo concedió cinco conferencias de prensa en la misma cantidad de años, lo que revela su concepto de transparencia). Eso se puede comparar con los líderes menos populistas, como Dilma Rousseff en Brasil, que sólo emitió siete cadenas nacionales desde que asumió el poder en enero de 2011, mayormente en días feriados. Y Felipe Calderón de México, promedió sólo tres por año. En Perú, los medios nacionales no tienen la obligación de transmitir mensajes presidenciales. En Paraguay, después de los 35 años de dictadura de Alfredo Stroessner, están prohibidas.
Chávez, Correa y Fernández insisten en que ese contacto directo con “el pueblo” es necesario para enfrentar las mentiras de los intereses enquistados, es decir los sectores críticos de la prensa. Pero esa es una excusa retórica y considerada como tal por los grupos de derechos humanos. Hay mejores maneras de garantizar la neutralidad de la prensa que multar y amenazar a los medios críticos, o construir plataformas para propaganda del gobierno.
Para los líderes que se consideran “progresistas”, esos métodos son simplemente un desafortunado regreso al pasado.
Fuente: cronista.com
Uso y abuso de la cadena nacional en América latina
Dénme un balcón y seré presidente, afirmó José María Velasco, el populista latinoamericano de vieja escuela que fue cinco veces presidente de Ecuador y cuatro veces derrocado en golpes militares. Sin embargo, eso fue a principios del S. XX.