"Los mendocinos se están amigando con los centros de esquí"

Charla con uno de los dueños del parque de esquí Los Puquios.

Desde 2007, Eduardo Soler es uno de los encargados de Los Puquios. Foto: Pachy Reynoso / MDZ
Desde 2007, Eduardo Soler es uno de los encargados de Los Puquios. Foto: Pachy Reynoso / MDZ

En Twitter: @GemaGallardo

Eduardo Soler es un porteño que de niño conoció la montaña mendocina y tuvo la oportunidad de esquiar en ella gracias a la invitación de un pariente que tenía en estas tierras. Ese viaje a Mendoza lo llevó a descubrir su verdadera pasión: trabajar en la nieve. Y ese frenesí hizo que, nueve años después, se viniera a vivir aquí y es lo que hoy lo alienta a seguir invirtiendo en un rincón de Las Heras, en Los Puquios.

Este proyecto lo lleva adelante gracias a otro amante de nuestra cordillera: Jorge Pérez Polo. Ambos, seguramente, serán los más envidiados por quienes tienen inversiones por aquellos lares. Ya que ese rincón ubicado a 174 kilómetros de la Capital y que cuidan desde 2007, es desde hace unos años el más favorecido por las condiciones climáticas que lo convierten en el único punto con una buena cantidad de nieve para quienes quieren esquiar, hacer snowboard o simplemente hacer una guerrita de bolas blancas.

Soler recibió al equipo de MDZ Online en ese paraje blanco y allí contó algunos detalles de su vida. Así, explicó que nació en Capital Federal y "a los 20, me vine a vivir a Mendoza. A los 19 hice el curso de instructor en Las Leñas. Siempre tuve claro, desde chico, que no quería vivir en una ciudad grande. Empecé estudiando Biología Marina en Mar del Plata, me gusta mucho lo que es la naturaleza. Tenía un tío que vivía en Mendoza. Él me invitó a esquiar cuando tenía once años y ahí me enamoré de las montañas. Muy en contramano del dictamen familiar fui buscando mi camino con el objetivo de estar en la naturaleza y no con el estrés diario de una oficina”, expresó y agregó que en verano hace una tarea que es prácticamente top secret: “Hacemos turismo siete estrellas".

¿De qué se trata? Traen empresarios, políticos o artistas conocidos mundialmente y les ofrecen conocer nuestra provincia con absoluta reserva. "Todo es top secret. No te puedo dar nombres, pero viene gente muy famosa. Hacemos visitas guiadas con los dueños de las bodegas, algunas actividades de aventuras light como trekking, por nombrarte algo. Trabajamos con dos agencias muy vip de Estados Unidos. Vienen ceos de empresas internacionales, artistas de Hollywood. También políticos argentinos. Cuando Julio De Vido vino a operarse en Zaldívar, en febrero, pasó un fin de semana con nosotros. Macri también vino…", detalló con un tiralenguas prácticamente, ya que su profesionalismo no le permite dar detalles.

Sin embargo, no dudó en explayarse sobre el proyecto por el cual siente mucho orgullo: el parque de esquí Los Puquios, que en la temporada 2011 convocó a casi 30 mil personas. Y entre muchas de las apreciaciones que realizó dijo algo que llamó mucho la atención: "Los mendocinos se están amigando con esta zona de la montaña". ¿A qué hizo referencia con esto? Simplemente a que algunos centros de esquí estuvieron pensados en los turistas y no en los lugareños.

Dale una rápida mirada al parque de nieve ubicado en uno de los puntos más altos de Las Heras:

-¿Cómo llegan a obtener este emprendimiento que hoy convoca a miles de personas por temporada?

-Los Puquios es hoy un predio privado y el proyecto lo comenzó Rudy Parra, pionero en prestar servicios en el Aconcagua. Empezó con mulas y servicios de campamento. En 1983, presentó un proyecto a la provincia para que le concedieran un predio para poder instalarse con este tipo de operaciones. El mismo fue autorizado y le permitieron usar siete hectáreas. Le donaron la escritura y empezó a trabajar. En 1992, este visionario y amante de la montaña, comienza a desarrollar en el mismo predio un mini-centro de esquí con la idea de darle utilidad al terreno durante los meses de invierno. Para entonces no había luz eléctrica, así que comenzó a trabajar con motores a explosión, era todo muy a pulmón… Después de unos años se cansó y comenzó a dar el predio en concesión, pasaron varios concesionarios hasta que en el año 2007, Rudy decide otorgarnos la misma por tres años, a Jorge y a mí. La concesión la tomamos con el compromiso de presentarle un proyecto de desarrollo, ya que ninguno de los concesionarios anteriores había podido hacer crecer esto. Todos se dedicaban a explotarlo, sacar la rentabilidad y no poner un peso más encima. Cuando nosotros lo agarramos fue muy sobre la temporada, cerramos el convenio en abril e hicimos varias obritas necesarias para atacar el 2007.

-¿Qué experiencia tenías en este sector para entonces?

-Empecé a trabajar con 19 años de edad en la escuela de esquí de Las Leñas. Estuve desde el ’85 hasta el 2000 ininterrumpidamente en ese valle y también trabaje 12 años en centros de esquí de Estados Unidos. Es decir, pasaba el invierno acá y cuando terminaba me iba al invierno allá. Pasé por todo tipo de puestos y responsabilidades, fue como ir a la universidad ya que no hay una facultad donde estudiar esto. Allá, trabajé para una empresa que era dueña de cuatro centros de esquí que estaban a 45 minutos de la ciudad de Seattle. Estuve cuatro años ahí y después me mudé a Aspen para trabajar como instructor y entrenador. También, di una mano en la parte de marketing para Latinoamérica.

-¿Cómo llegan a convertirse en socios con Pérez Polo?

-Con Jorge nos complementamos muy bien. Él es el cerebro comercial, financiero y administrativo y yo tengo a cargo toda la parte operativa, medios de elevación, restoranes, etcétera, etcétera… Con él nos conocimos en Las Leñas hace muchos años atrás por nuestra actividad, y compartimos muchos amigos en común. En 2001, abrimos un hostel para aprovechar la invasión de extranjeros que iban a venir a Argentina por el tipo de cambio favorable por la crisis. Estuvimos metidos en dos o tres proyectitos comerciales más pero de otra índole. Somos muy amigos, un matrimonio perfecto, como dicen nuestras mujeres. Y aunque tenemos nuestras agarradas de vez en cuando trabajamos muy bien en equipo.

Jorge Pérez Polo y Eduardo Soler, dueños de Los Puquios.

-¿En el verano, también trabajan juntos…?

-Operamos una empresa en el Aconcagua, parecida a la de Rudy, de hecho nos complementamos con él porque le compramos algunos servicios y él a nosotros. Por nombrarte algunas de las cosas que hicimos, puedo decirte que fuimos los primeros en traer los domos geodésicos y un sistema nuevo de baños ecológicos a Confluencia. Antes era una letrina. Es decir, hacían un pozo en la tierra se llenaba de caca, lo cerraban y hacían otro pozo al lado. Iban moviendo los baños. Confluencia era un gran queso gruyere lleno de caca, básicamente. Hasta que dijimos "esto hay que solucionarlo". Así empezamos a investigar y nos convertimos en los primeros en subir un inodoro al Aconcagua. Tenía un sistema de cámara de biodigestores y un cultivo de bacterias especiales, donde se iba degradando toda la materia y quedaba un líquido que no contaminaba.

-¿Cómo fue la primera temporada en Los Puquios?

-En 2007 fue la primera temporada que operamos y nos fue muy bien. Luego de esa etapa hicimos un diagnóstico de lo que necesitábamos para crecer sin perder nuestra filosofía de ser un producto de nieve accesible para todo el mundo. Por lo que empezamos a transitar el camino inverso al que realiza la industria en el mundo, especialmente en el país. Un centro de esquí tiene posibilidad de facturación entre 90 y 120 días al año, el resto de los días no factura salvo que esté preparado para abrir en verano. Tiene un costo operativo muy alto y una amortización de inversiones muy grande con un ciclo de facturación muy corto. Por esto en este ciclo que sí facturas tenés que cubrir los gastos y las inversiones de todo el año. Entonces, los precios que tenés que cobrarle a la gente son bastante altos. Por eso el esquí es un producto caro en Argentina. Nosotros nos planteamos hacer un producto más barato, pero para lograrlo teníamos que tener un costo operativo menor y un lugar compacto. No podíamos salir a comprar medios de elevación que cuestan dos millones de euros porque con lo que pensábamos cobrar no cubríamos nada. Entonces, reciclamos un montón de cosas. Los medios los armamos nosotros, las torres… Todo hizo que el costo operativo y el de inversión haya sido mucho más bajo que el de un centro tradicional de esquí. Por otro lado, queríamos trabajar con la franja de público que queda descartado, fuera del mercado de los centros de esquí porque tiene una tarifa elevada. Es un montón de gente que sí puede venir a la nieve pero que no se puede dar el lujo de pagar esos precios. Entonces vimos que no a todo el mundo le interesa esquiar, que hay un montón de otras cosas que la gente puede venir a hacer para tocar la nieve y sacarse la foto. Este público que los centros de esquí descartan automáticamente y que muchos tratan mal, son los famosos tira bolas. Así fue que diseñamos un abanico de actividades para poder lucrar, entre comillas, con eso pero sin que sea inaccesible. Así estamos orientados a la familia y en especial a los chicos. Hay actividades para todas las edades, desde la abuela que se sienta a ver como los nietos se tiran nieve pasando por los adultos, los adolescentes y los pequeños.

-Esta temporada en la que Los Penitentes aún no tiene nieve, ¿cómo es para ustedes?

-Esta temporada tenemos una coyuntura muy particular porque somos los únicos que estamos operativos. Es el único lugar que hasta el momento tiene nieve y se debe a una serie de factores. El primero es climatológico. Estamos unos 100 metros más arriba que nuestros vecinos (por Los Penitentes), lo que hace que tengamos dos o tres grados menos de temperatura, entonces cuando hay una nevada con temperaturas marginales hace que más abajo llueva y acá nieve. Segundo, tenemos una exposición neta al Sur, lo que hace que tengamos pocas horas de sol y la nieve se conserve más. Tercero, en verano se hace un trabajo que en la jerga nuestra se llama "de jardinería" que consiste en preparar el suelo para que con poquita nieve podamos iniciar la temporada. Y cuarto, ni bien empieza a nevar hacemos un trabajo bien concienzudo de compactación de la nieve y preparación de las pistas. Todo esto hace que hoy estemos blancos y el resto no.

-¿Los favoreció que no haya suficiente cantidad de nieve en Los Penitentes?

-Sí y no. Tenemos mucho tráfico, pero estamos muy colapsados porque no estamos preparados para tanta gente. Entonces, en algunos sectores no estamos dando el servicio que estamos acostumbrados a ofrecer. A pesar de ser un producto barato somos súper profesionales en lo que hacemos y nos gusta que la gente se vaya contenta. Nosotros somos un parque de nieve no un centro de esquí. Es decir, aquí la gente viene a pasar una jornada que comienza a las 10 y finaliza a las 17 y no hay lugar para pasar la noche.

El sol de julio bañando el complejo Los Puquios.

-¿Planean expandirse?

-Como te decía, en 2007 le presentamos a Rudy un plan de desarrollo a cinco años. En 2010, las inversiones eran tan grandes que ya no podíamos seguir alquilando, así nos vendió la tierra y seguimos con el compromiso de seguir desarrollando el lugar. Él está desvinculado comercial y propietariamente, pero muy vinculado afectivamente. Esto ha crecido con pura reinversión. Todo lo que se ganaba se volvió a poner en el lugar más dinero de nuestro bolsillo. No tenemos ningún inversor grande atrás ni apoyo del gobierno ni de nadie. Todo lo hemos hecho a pulmón y con mucho esfuerzo físico y a riesgo de nuestros patrimonios sin sacarle hasta ahora un peso. Lo que vamos a analizar al final de esta etapa es cómo seguimos nuestro master plan de desarrollo dado que el tráfico de público año a año nos ha acompañado mucho y no vislumbramos un techo de crecimiento cercano, un poco por la coyuntura que vemos alrededor y otro porque no hacen demasiado como para cumplir con esta demanda.

-¿De cuánto es la inversión que han hecho?

-Son números privados, pero con varios ceros y en dólares. Si te puedo decir que este es el sueño del pibe, al menos para mí que siempre trabajé como empleado en centros de nieve.

-¿Cuál es el origen de los visitantes?

-El 99 por ciento es turismo doméstico, es decir, de la Argentina. El uno por ciento es extranjero aunque se está ampliando. Vienen muchos uruguayos, brasileños y muchos chilenos que les resulta caro esquiar en su país. Tenemos un 60 por ciento de nuestro tráfico que viene de lo que denominamos el cinturón sojero. Así recibimos gente de Buenos Aires, La Pampa, sur de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. El 25 por ciento restante es de Capital Federal y el resto de Cuyo. Hay mendocinos que nos vistan el fin de semana y que se están haciendo otra vez amigos de esta zona porque estaban muy peleados hace unos años. Los motivos eran varios: por temporadas de malas nieves, mala atención, precios caros, etcétera, etcétera, etcétera.

Producción audiovisual: Pachy Reynoso y Danila Bragagnini.