El coeficiente intelectual en el mundo

Richard Lynn es profesor emérito de Psicología en la Universidad del Ulster (Irlanda del Norte). Tatu Vanhanen es profesor emérito de ciencia política en la Universidad de Tampere (Finlandia). Lynn y Vanhanen contrastan en su libro una teoría nunca propuesta con anterioridad: la inteligencia de las poblaciones es una causa de las diferencias de desarrollo económico que separan a las naciones.

En el primer capítulo se preguntan por qué algunos países son pobres y otros son ricos, presentando teorías tales como las climáticas y geográficas, las de la modernización, las psicológicas, las culturales, las basadas en el sistema mundial, las neoclásicas o las multi-causales. Los autores señalan que estas teorías explican solo parcialmente las disparidades nacionales, puesto que se olvidan del factor clave: la inteligencia de las poblaciones.
 
El segundo capítulo introduce el concepto de inteligencia . Hacen notar que el supuesto de que los ciudadanos de las diferentes naciones poseen el mismo nivel de inteligencia «es seriamente incorrecto» (p. 23). Las evidencias disponibles indican que los japoneses, chinos y otros orientales poseen un CI medio de 105. Los europeos de Europa, Canadá, Australia , Nueva Zelanda, Latinoamérica y Sudáfrica, presentan un CI medio de 100. Las personas del sur y sudoeste de Asia –desde Turquía a la India– presentan un CI entre 78 y 90. Las personas de Latino a m é rica poseen un CI medio de 96 en Argentina y Uruguay, pero de 80 en países como Guatema la y Ecuador. Finalmente, las naciones sub-saharianas presentan un CI entre 65 y 75. La teoría de Lynn y Vanhanen propone que ya que existe una serie de asociaciones demostradas entre CI y varios fenómenos sociales –incluyendo las diferencias de ingresos– dentro de algunos países europeos o de los Estados Unidos, las diferencias nacionales de inteligencia pueden estar también relacionadas con sus diferencias de riqueza. El tercer capítulo presenta evidencias concretas sobre la relación entre CI e ingresos: «la inteligencia determina los ingresos, ya que las personas más inteligentes aprenden más rápido, re s u e l ven problemas con mayor eficacia , pueden ser entrenada s para adquirir habilidades más complejas, y trabajan de un modo más eficiente y productivo» (p. 35). El cuarto capítulo es una continuación del tercero, revisándose evidencias conocidas sobre la relación del CI con e l nivel educativo, el nivel socioeconómico, los logros vitales, la genialidad y la serie de fenómenos sociales explorados en el famoso y controvertido libro de Herrnstein y Murray (The Bell Curve). Concluyen que las naciones con mayor nivel de inteligencia se educarán más y poseerán un mayor número de ciudadanos que puedan contribuir al progreso económico de su país. El quinto capítulo revisa relaciones entre inteligencia y desarrollo económico dentro de una serie de países. Los ejemplos corresponden a Estados Unidos, Gran Bretaña y España. Las regiones de estos países con mayor nivel de inteligencia, presentan también mayor desarrollo económico. Lynn y Vanhanen consideran que las regiones están compuesta s por agregados de individuos . Las naciones también.
 
En el capítulo seis comienza el análisis propio de los autores. Sostienen que su teoría es contrastable. Basta con conocer el CI medio de las naciones a estudiar y su éxito económico. Existen medidas directas del CI en 81 países. El CI de los británicos se usa como referencia (CI = 100) calculando el CI de los restantes países a partir de ese valor. La medida de inteligencia usada es el test de Raven en la mayor parte de los casos. El CI de los 104 países restantes que completan el globo terráqueo se estima usando el CI de los países colindantes. En este capítulo se intenta demostrar que el cálculo del nivel nacional de inteligencia resulta fiable y válido. Por ejemplo, la correlación entre el nivel de CI de 38 países y el rendimiento en las pruebas internacionales sobre nivel de conocimientos en ciencia y matemáticas que comparan a esos países anualmente, está por encima de +.86. Por otro lado, los datos sobre desarrollo económico se extraen de varias fuentes (p.e. los informes del banco mundial) aunque los diferentes indicadores usados presentan correlaciones superiores a +.94. En los análisis que están por venir se correlacionan las diferencias económicas con las medidas de inteligencia. Además, se calculan varios análisis de regresión para poder ubicar a los distintos países y estudiar a los que más se desvían de la línea de regresión. Este segundo análisis permite detectar otras causas sistemáticas de las diferencias económicas que separan a los países.
 
Los capítulos siete y ocho presentan los resultados de los análisis para el grupo de 81 países en los que existen medidas directas del CI y para el grupo general de 185 países. Las correlaciones entre inteligencia y riqueza se calculan desde que existen datos, es decir, desde 1820 hasta 1998. Un resultado llamativo es que las diferencias nacionales de inteligencia predicen la persistente diferencia en riqueza que ha separado a las naciones desde hace casi dos siglos. Además, la capacidad predictiva del CI ha aumentado: 29% de la varianza en 1820 y 52% de la varianza en 1998. Cuando se analiza individualmente a los países, se observa que la frecuencia de países ricos se corresponde estrechamente con aquellos que poseen un CI por encima de 90. A partir de aquí se preguntan los autores: ¿es necesario un CI de 90 o superior para adoptar efectivamente las nuevas tecnologías que estimulan el desarrollo económico?.
 
Los valores señalados para los 81 países, se replican fielmente para los 185 países. Las diferencias de CI explican un 50% de las diferencias nacionales de riqueza. Ningún otro factor considerado hasta ahora ha logrado explicar tanta varianza. Sin embargo, ese 50% deja margen para la intervención de otros factores. El análisis de regresión permite explorar esta cuestión. Analizan una serie de países en 1900, 1930, 1960 y 1998. En 1900, los casos de China, Italia, Japón, Corea del Sur, Rusia, Taiwán y Tailandia constituyen ejemplos que contradicen su teoría. El CI medio en estos países está por encima de 100, pero en 1900 eran países relativamente pobres. Sin embargo, explican la inconsistencia a través del hecho de que la industrialización no pudo asumirse por la presencia de sistemas políticos autoritarios. El análisis de 1960 también es interesante, ya que los autores se preguntan si las secuelas de la Segunda Guerra Mundial distorsionan la relación entre CI y riqueza. La respuesta es negativa. De hecho, usan el caso de Alemania para apoyar su teoría: «independientemente de la devastación causada por la guerra, Alemania fue capaz de recuperarse en 15 años e ingresar en el grupo de los países más ricos. Esto indica la significación de la inteligencia general de las poblaciones» (p. 132). También discuten el caso de España. En 1960 presentaba un desarrollo económico menor del esperado según el CI medio nacional, y, en opinión de los autores, la causa reside en el sistema autoritario establecido tras nuestra guerra civil. Los análisis de 1998 demuestran que en los 100 años previos, únicamente algunos países han logrado cambiar su posición relativa. El capítulo ocho termina con un análisis de países con mayor desarrollo económico que el esperado por su CI, con menor desarrollo y con el desarrollo predecible a partir del nivel nacional de inteligencia (en 1998, España presenta un desarrollo ligeramente superior al esperable según su CI nacional de 97). Los que pr esentan un alto desarrollo se caracterizan por poseer un CI medio de 93 o superior, una economía de mercado y un sistema democrático. En cualquier caso, en 1998 la correlación entre CI y riqueza es +.71, mientras que la correlación múltiple del CI, la libertad económica y el índice de democratización con la riqueza es +.79. Por tanto, la libertad económica y la democracia contribuyen con 10 puntos porcentuales a la predicción de las diferencias nacionales de riqueza (frente a los 50 puntos porcentuales con los que contribuye el CI).
 
El capítulo nueve revisa las teorías enumeradas en el primer capítulo teniendo en cuenta la capacidad explicativa de las diferencias nacionales de inteligencia. Hay seis modos de sacar partido a un nivel nacional de inteligencia situado alrededor de la media de 100:
 
Ya que la inteligencia predice los logros educativos, los niños de las naciones de alta inteligencia presentan un buen rendimiento escolar y adquieren una alta educación, lo que propicia el capital humano necesario para el desarrollo económico.
Las naciones de alto CI poseen una elite científica con capacidad suficiente para producir nuevos productos económicamente valiosos.
Las naciones de alto CI producen servicios y bienes valorados en el mercado internacional.
Las naciones de alto CI tienen un gran número de personas de moderada y alta inteligencia capaces de realizar las funciones de gestión y el tipo de trabajo de alta calidad de los que depende una economía saludable.
Las naciones de alto CI no tienen un gran número de personas de baja cualificación incapaces de realizar los trabajos necesarios dentro de una economía saludable.
Las naciones de bajo CI poseen industrias vinculadas a la agricultura y la minería, poco demandadas en los mercados internacionales.
 

Según Lynn y Vanhanen, las teorías geográficas y climáticas encajan de modo razonable con las diferencias de riqueza nacional porque la geografía y el clima influyeron durante la evolución de la humanidad sobre las capacidades intelectuales. Las condiciones climáticas se relacionan con el CI medio de las regiones del planeta y afectan al desarrollo económico a través de las diferencias de inteligencia que han surgido durante la evolución. Por otro lado, países asiáticos como Taiwán o Corea del Sur se han comportado en la última parte del Siglo XX como predicen las teorías de la modernización y la convergencia, porque presentan un CI por encima de la media.

El último capítulo (El Futuro de la Riqueza de las Naciones) extrae consecuencias de la teoría de los autores respecto a cómo mejorar el desarrollo económico de las naciones pobres. Primero de todo, debería incrementarse el nivel medio de inteligencia de esas naciones. El método más efectivo que proponen pasa por mejorar la calidad nutricional de las mujeres embarazadas y de los niños. Además, deberían mejorarse sustancialmente los servicios sanitarios. Mejorar la educación no servirá para incrementar la inteligencia de las naciones, pero ayudará a que sus ciudadanos adquieran ciertas habilidades que son económicamente relevantes. También se debería intentar ayudar a las naciones pobres a que mejoren el uso de anticonceptivos. Con todo, sostienen los autores que sería relativamente más fácil que mejorar la inteligencia, cambiar a un sistema político de libre mercado y a sistemas democráticos, factores que también contribuyen claramente al desarrollo económico.
 
Las implicaciones más importantes del estudio de Lynn y Vanhanen son:
 
El mundo necesita un nuevo código moral internacional basado en el reconocimiento de las diferencias nacionales de inteligencia y las consiguientes desigualdades económicas. Las poblaciones de los países ricos deben aceptar que tienen una obligación ética de ayudar financieramente, de un modo indefinido, a la gente de los países pobres.
Hay que continuar con los programas de ayudas a los países pobres, aunque deberían incorporarse programas de mejora de la inteligencia basados en, por ejemplo, las mejoras nutricionales. El reconocimiento de que las diferencias de inteligencia son una causa básica de las diferencias económicas que separan a las naciones hará posible reducir las diferencias de riqueza.
Estamos, en suma, ante una obra novedosa y valiente. Novedosa porque propone una explicación alternativa sobre un fenómeno socialmente tan importante como las diferencias de riqueza nacional. Valiente porque es probable que los «sacerdotes» de la economía y la sociología descarten el planteamiento por psicologicista (caso cerrado). En promedio, los sociólogos y economistas no suelen aceptar los planteamientos que dan más importancia al individuo que a los sistemas sociales. Sin embargo, a mi entender, la comunidad psicológica podría sentirse satisfecha por la publicación de un libro como este, en el que se intenta ofrecer una explicación psicológica a un fenómeno que nos estaba injustificadamente vedado. Además, debería aplaudirse el esfuerzo de los autores por ofrecer las evidencias necesarias para poder contrastar por cuenta propia el ajuste de su teoría a los datos (hay en el texto principal 41 tablas de datos, así como dos apéndices sobre el cálculo de los CI nacionales y las evidencias sobre desarrollo económico que ocupan más de 70 páginas). La prueba de que algo está cambiando es la creación de un movimiento en la sociología que comienza a mirar con respeto hacia conceptos tan sólidos en psicología como el de inteligencia. La denominada «Sociología de la Inteligencia» explora la capacidad explicativa de las diferencias de inteligencia que separan a los ciudadanos para comprender fenómenos tan relevantes como las diferencias educativas, ocupacionales, económicas o de salud que también separan a los ciudadanos. Lynn & Vanhanen aplican esta lógica al comparar naciones por primera vez en la historia de la ciencia. Está por ver cuál será la reacción a este atractivo, aunque discutible, planteamiento.



CI determinado por Lynn y Vanhanen



QHC Lynn Vanhanen 2006 IQ and Global Inequality
 




CI promedio por paises:

Hong Kong 107
 Corea del Sur 106
 Japón 105
 Corea del Norte 105
 Taiwan 104
 Austria 102
 Alemania 102
 Italia 102
 Holanda 102
 Luxemburgo 101
 Suecia 101
 Suiza 101
 Bélgica 100
 China 100
 Nueva Zelanda 100
 Singapur 100
 Reino Unido 100
 Hungría 99
 Polonia 99
 España 99
 Australia 98
 Dinamarca 98
 Francia 98
 Islandia 98
 Mongolia 98
 Noruega 98
 Estados Unidos 98
 Canadá 97
 República Checa 97
 Estonia 97
 Finlandia 97
 Letonia 97
 Lituania 97
 Argentina 96
 Bielorrusia 96
 Rusia 96
 Eslovaquia 96
 Ucrania 96
 Uruguay 96
 Vietnam 96
 Malta 95
 Moldavia 95
 Portugal 95
 Eslovenia 95
 Israel 94
 Rumania 94
 Armenia 93
 Bulgaria 93
 Chile 93
 Georgia 93
 Irlanda 93
 Kazajstán 93
 Macedonia 93
 Yugoslavia 93
 Brunei 92
 Chipre 92
 Grecia 92
 Malasia 92
 Costa Rica 91
 Tailandia 91
 Albania 90
 Croacia 90
 Perú 90
 Turquía 90
 Camboya 89
 Indonesia 89
 Laos 89
 Surinam 89
 Colombia 88
 Venezuela 88
 Azerbayán 87
 Brasil 87
 Irak 87
 Jordania 87
 Kirguistán 87
 México 87
 Samoa Occidental 87
 Siria 87
 Tadjikistán 88
 Tonga 87
 Turkmenistán 87
 Uzbekistán 87
 Birmania (Myanmar) 86
 Líbano 86
 Filipinas 86
 Bolivia 85
 Cuba 85
 Marruecos 85
 Paraguay 85
 Argelia 84
 República Dominicana 84
 El Salvador 84
 Fidji 84
 Guyana 84
 Honduras 84
 Irán 84
 Kiribati 84
 Libia 84
 Islas Marshal 84
 Micronesia 84
 Nicaragua 84
 Panamá 84
 Papua Nueva Guinea 84
 Puerto Rico 84
 Islas Salomón 84
 Túnez 84
 Vanuatu 84
 Afganistán 83
 Bahrain 83
 Belize 83
 Egipto 83
 Kuwait 83
 Omán 83
 Arabia Saudita 83
 Emiratos Arabes Unidos 83
 Yemen 83
 Bangladesh 81
 India 81
 Maldivas 81
 Mauricio 81
 Paquistán 81
 Seychelles 81
 Sri Lanka 81
 Ecuador 80
 Trinidad y Tobago 80
 Comoros 79
 Guatemala 79
 Madagascar 79
 Bahamas 78
 Barbados 78
 Bután 78
 Cabo Verde 78
 Nepal 78
 Qatar 78
 Zambia 77
 Antigua y Barbuda 75
 Dominica 75
 Granada 75
 St. Kitts y Nevis 75
 St. Lucia 75
 San Vincente/Granadinas 75
 Congo (Brazzaville) 73
 Mauritania 73
 Uganda 73
 Botswana 72
 Chad 72
 Haití 72
 Jamaica 72
 Kenia 72
 Lesotho 72
 Mozambique 72
 Namibia 72
 Sudáfrica 72
 Sudán 72
 Swazilandia 72
 Tanzania 72
 Côte d'Ivoire 71
 Ghana 71
 Malawi 71
 Burundi 70
 Camerún 70
 Rwanda 70
 Angola 69
 Benin 69
 Togo 69
 República Centroafricana 68
 Djibouti 68
 Eritrea 68
 Mali 68
 Somalía 68
 Níger 67
 Nigeria 67
 Burkina Faso 66
 Gabón 66
 Zimbabwe 66
 Congo (Zaire) 65
 Gambia 64
 Liberia 64
 Senegal 64
 Sierra Leona 64
 Etiopía 63
 Guinea 63
 Guinea-Bissau 63
 Guinea Ecuatorial 59
 Sao Tome/Príncipe 59