Pasa con cierta frecuencia que un talento oculta los otros que pudiera tener una persona, sobre todo cuando este se desarrolla a niveles que destacan y distinguen a su poseedor. En el caso de los escritores, por ejemplo, su genio convertido en literatura termina opacando habilidades que posiblemente tuvieron para otras disciplinas: en este caso, por ejemplo, la pintura.
Se trate de pinturas de grandes ambiciones como las de Goethe o las de Victor Hugo o de garabatos mas o menos elaborados y probablemente hechos en un momento de distracción o de ocio como los de Proust y Kafka esta muestra mínima da cuenta de la capacidad que grandes escritores tuvieron para la pluma, el lápiz o el pincel, quizas también de la necesidad sentida por expresarse mas allá de su recurso predilecto pero también el mas cómodo, ¡las palabras¡ y ensayar otras técnicas, aventurarse en un medio desconocido, inexplorado, indómito en comparación con la servidumbre impuesta al lenguaje escrito.
La Tumba de Trout¡, Kurt Vonnegut (2005)
Times Square, 1944, Zelda Fitzgerald (1945)
Dr. Sax, Jack Kerouac (1952)
Autorretrato, Flannery O´Connor (1953)
Mt. Chocorua, e. e. cummings (1938)
Ciudad junto a un lago, Victor Hugo (1850)
Chin Chin, de la serie Insomnia de Henry Miller (1965)
(sin título), Herman Hesse (1917)
(Dibujo a tinta), Marcel Proust (1910)
Viajeros con paisaje, Goethe (1787)
Maria Nys Huxley en la siesta, Aldous Huxley (1920)