El peronismo se encuentra -una vez más- en ese estado interno de electricidad que condiciona al resto de la sociedad. Un estado interno en el que los antiguos aliados ahora son rivales y en el que los enemigos declarados de ayer ahora acompañan desde el escenario. Todo parece reacomodarse en el peronismo como si, en un reset realizado con la velocidad de un pestañeo, nada hubiera pasado.
Para ser un movimiento basado en la memoria política, el peronismo se construye al mismo tiempo sobre las negaciones. Una memoria con porosidades, propia de un partido de características movimientistas, que alberga a diferentes corrientes. Precisamente, al tratarse de un movimiento, se acepta la diversidad y que en algún punto puedan existir tensiones internas. Pero que, en el momento de la síntesis, la vocación por el poder permite superar estas diferencias.
La memoria política no es azarosa. Es una construcción a través del tiempo, a menudo racional, a menudo caprichosa. Toda memoria política es, al mismo tiempo, arbitraria. Se eligen unos acontecimientos y unas figuras por sobre otros. Y se los relata. A fuerza de contradicciones, incluso, se los relata. Por supuesto, también hay choque de relatos. La memoria política, entonces, es un espacio simbólico en pugna.
El enfrentamiento actual entre el sindicalismo peronista liderado por Hugo Moyano con el Gobierno nacional permite entrever las porosidades de esta memoria política. La velocidad que ha adquirido este conflicto en el último año con denuncias y contradenuncias, de dichos y contradichos, deja al trasluz cuán caprichosa puede ser la construcción de esta memoria. Y, por supuesto, cuántos son los intereses políticos -el reacomodamiento de cara a las elecciones presidenciales de 2015-, gremiales -los fondos que las obras sociales no reciben debido al enfrentamiento, verdadera caja sindical- y mediáticos -la cola del grupo Clarín que, desde el kirchnerismo, ven como aliado circunstancial del líder de la central obrera- que alimentan este conflicto en el seno del peronismo.
En este marco, el justicialismo vernáculo, el conservador PJ mendocino, mide bien los pasos para saber hacia dónde encaminarse. El aparato político tradicional no es fundamentalmente kirchnerista, salvo por obediencia debido o sobreactuación. Cuando el kirchnerismo se ha jugado leyes claves y polémicas, como el matrimonio igualitario, el peronismo mendocino se ha mostrado reacio a acompañar y hasta ha operado en contra del propio kirchnerismo en el Congreso.
Recientemente, en la Legislatura, los diputados de La Cámpora -Marina Femenía y Lucas Ilardo- han pedido que el Gobierno acelere la implementación del protocolo de muerte digna en los hospitales de Mendoza. Pedido que generó cierto malestar en el oficialismo para con los jóvenes legisladores -cierto es que el sector ultraK no cae bien en algunos círculos del aparato tradicional por la celeridad con la que han conseguido cargos-.
El enfrentamiento entre Cristina y Hugo Moyano, por citar las cabezas visibles de esta hidra, pone incómodos a algunos funcionarios de Francisco Pérez vinculados a Moyano -por caso, el subsecretario de Trabajo, Ariel Pringles- al tiempo que exacerba en otros el kirchnerismo más básico y se encolumnan detrás de la Presidenta.
Precisamente, mientras desde la filial local de Camioneros sentenciaban que el paro de este miércoles era "general", tanto Pringles como Rodolfo Calcagni -quien juró seguir "hasta la muerte con Moyano"- aseguraban que la medida de fuerza sólo incluía al gremio, aunque avalaban la movilización.
Muy atrás en el tiempo quedó aquel acto en la Federación Mendocina de Box, donde varias figuras apoyaron el lanzamiento de la Corriente Sindical Nacional de Moyano y Julio Piumato. Entre ellos, el ahora juez de la Suprema Corte, Mario Adaro -por entonces, ministro de Gobierno de Celso Jaque- o el referente de la CTA kirchnerista y de Kolina en Mendoza, Gustavo Maure, entre otros. E incluso, en aquel mismo acto, se lo vio al superintendente de Riesgos de Trabajo, Juan González Gaviola -a la postre, ex vicegobernador de Roberto Iglesias-.
Parece que fue ayer, cuando Moyano encandilaba al peronismo mendocino y era recibido por el Gobierno. Alrededor del camionero, se congregaban varias figuras, tal como lo muestra MDZ en este rescate emotivo.
Hasta el propio Francisco Pérez participó, en algún momento, de la inauguración de la casa de la corriente moyanista en Mendoza -sin Moyano en ese acto-, tal como puede verse en esta nota. Ya por estos días, y sobre el bloqueo a YPF, Pérez señaló que "fue una medida ilegal, arbitraria, intempestiva y descabellada", tomando una clara posición en el conflicto. Pero, claro, lo mismo puede achacarse al propio Pérez en cuanto a la expropiación de YPF: recién reconoció que Repsol retaceaba el petróleo que se saca en Mendoza cuando el Gobierno nacional apuró la salida de la empresa de capitales españoles.
No hay peronismo que resista el archivo. No hay más penas ni olvido.
Maxi Quinteros para MDZ Politica
Las contradicciones, esencia del peronismo
El peronismo es un movimiento que se mueve por la fuerza de sus contradicciones. Pero en un momento de contradicciones internas, su memoria zozobra en negaciones. No hay peronismo que resista el archivo.