Organizado por la Escuela Argentina de Té, nuestro recorrido comenzó en Delhi, la ciudad capital de India, luego siguieron Agra y Jaipur, para llegar ya, de regreso, a Delhi, completando “el triángulo dorado “, en lo que sería la primera parte turística del viaje.
El encuentro con Delhi es impactante, la multitud apabulla, es la segunda ciudad más poblada del mundo, el tránsito parece no tener fin, las bocinas anuncian el paso de los vehículos, ensordecen y hasta asustan. Autos, motos, buses atestados, con gente en los techos, taxis a gas, motonetas, bicicletas y hasta vacas “sagradas” circulan libremente en la calzada… parece una película, y es tan real…El olor nos paraliza…luego nos acostumbra.
En ese panorama… sus habitantes parecen estar detenidos en el tiempo. Mezcla de sorpresa e inocencia, nuestra presencia es para ellos elocuente y así lo demuestran. Intercambiamos miradas, gestos y risas, tal vez algunos diálogos con quienes dominan el inglés, pero muchos, sólo hablan en hindi, el idioma nacional. El contacto es afectuoso, cálido, realmente inolvidable.
Nos sorprende lo que conocemos y aprendemos día a día de los relatos de nuestro guía Yogi, un hindú de Rajastán, que en su perfecto español, nos cuenta que las castas sociales son muy marcadas y entre ellas existe verdadero respeto.
Se las reconoce por el apellido y por la zona que habitan, él las menciona en forma permanente como símbolo de identidad. Duele saber que de ellas la 4º casta, corresponde a los “dalits”, intocables e innombrables, que por cuestiones de Karma, están abandonados a su suerte, tirados en la calle, entre animales y basura porque al entrar en contacto se corre el riesgo de convertirse en impuro. Les preceden en esta división religiosos, guerreros, campesinos y comerciantes.
La religión define sus vidas y los condiciona, la gran mayoría pertenecen al Induismo, luego sigue el islamismo y sólo un 3% son cristianos. Los templos budistas, aparecen por doquier y son lugares que vale la pena conocer.
Cuesta creer que sobre todo en los pueblos, los matrimonios sean “arreglados” entre familias que buscan preservar las castas. Los novios frecuentemente se conocen el día de la boda, en la cual el novio es el verdadero protagonista y destinatario de la dote, que la familia de la novia deberá generar a lo largo de los años de vida de su hija. A menudo las hijas mujeres son consideradas una carga para sus padres por tal motivo.
Párrafo aparte, merece la magnificencia de las construcciones antiguas, entre las que sobresale el maravilloso Taj Mahal, en Agra, un verdadero símbolo de amor, por tratarse de un mausoleo
construido durante el imperio mongol por el emperador Sha Jahan quien, tras la muerte de su amada esposa, juró construir la tumba más hermosa del mundo, para que su recuerdo perdurara por siempre. Concebido en mármol blanco, es considerado uno de los edificios más
bellos del planeta.
Idéntica emoción provocan el Fuerte Rojo, un amplio museo de edificios construido por diferentes soberanos mogoles en piedra roja arenisca; la ciudad de la victoria Fathepur Sikri, y una visita increíble al fuerte Amber, a lomo de elefante, una verdadera aventura. Ahí concluimos nuestra torrentosa visita al Triangulo Dorado, para adentrarnos en la “Ruta del Té“, en lo que sería la parte académica de esta experiencia.
Nuestro primer destino fue Bagdogra. Al salir del aeropuerto, nos invadió la emoción de ver a orillas del camino pequeñas plantaciones de té.
De allí nos dirigimos a Siliguri, en donde tuvimos nuestro primer contacto directo con las plantas, en los Jardines de Lochan Tea. Las cosechadoras, en plena labor, sólo levantan la mirada para vernos y sonreír, luego, con movimientos suaves pero certeros, cortan de cada arbusto las primeras hojas y los brotes que colocan en cestos que cargan sobre sus cabezas. Nadie podría saber sus edades, tienen el desgaste de la gente de campo, pero la mirada dulce e inocente de quien sólo conoce ese mundo.
Luego, vemos como el té es llevado rápidamente a la factoría para continuar su proceso. Allí lo marchitan, lo enrulan, lo oxidan y finalmente lo secan. En la fábrica, nos reciben con mucha alegría e interés. Se esfuerzan por explicarnos todo con esmero, son felices de ver que valoramos lo que para ellos es la razón de sus vidas.
Así seguimos nuestro camino del té, cruzando a Nepal para visitar los jardines de Ilam, luego volvemos a la India para conocer Kurseong, un pueblo pintoresco, la tierra de la orquídeas, con famosos jardines de Té como Castletton.
A esa altura del viaje, ya hemos recorrido un largo camino, finalmente nos espera Darjeeling, “la tierra de los truenos” a más de 2000 m de altura, allí somos testigos de la presencia de los
Himalayas, laderas aterrazadas, cubiertas de plantas de té, nuestro destino más deseado.
Pasamos nuestros días en Darjeeling, conociendo la ciudad, un pueblo con notoria influencia inglesa, con numerosos tea shops en donde abundan las variedades de té de diferentes cosechas y jardines, teteras y tazas que enamoran, un universo dedicado a esta bebida.
Hacemos visitas a las plantaciones, muy temprano en la mañana, cuando el trabajo es arduo y
productivo. Vemos con verdadera admiración el respeto y amor con que se trabaja la hoja de té.
Los expertos establecen los momentos precisos en que se debe realizar cada proceso, tocando, sintiendo el aroma de las hojas, llevando a cabo una verdadera labor artesanal con su resultado final: partidas del maravilloso té Darjeeling que serán luego disfrutadas en el mundo entero, por paladares exigentes que eligen cosechas y jardines o por todo aquel simples entusiasta que aprecie el valor de una taza de buen té.
Ahí, concluye nuestro viaje a la India, Bharat, como suelen decirle también… Un país conmovedor, fascinante, una experiencia compleja para los sentidos….pero, por sobre todo, una vivencia que vale la pena transitar.