Forma parte de una vieja tradición en numerosas culturas que se ha transmitido de generación en generación hasta tal punto que logró transformarse en un elemento soñado del paisaje de la niñez. Para concretarlo es necesario disponer de un jardín y un árbol adulto, fuerte y de ramas no quebradizas.
Las ramas de una higuera son traicioneras, mientras que un pino puede andar muy bien. No se recomienda construirla entre dos árboles ni a gran distancia del suelo, debido a que los troncos podrían moverse de forma desigual con vientos fuertes. También resulta peligroso montar una casa a la altura lejana de la bifurcación de un árbol.
Para quienes no cuentan con un árbol de características óptimas, la construcción puede darse sobre postes de madera. Decidido el lugar, es necesario contar con las herramientas necesarias: madera, clavos, tornillos, cuerda gruesa, bisagras, telas para cortinas, chapas, pinturas y tejas, y martillo, tenaza, destornilladores eléctricos, talado, serrucho, lijas y una escalera.
Paso a paso en dos pasos
-Trazar un plano sobre el papel de cómo queremos que sea la casa. El modelo más sencillo es el triangular, para lo que hay que buscar tres ramas gruesas sobre las que se atornillan las tablas del suelo, incluyendo alguna tabla interior más para reforzar el suelo.
-Construir la base sobre la que se montarán las paredes y el techo, es decir, el suelo de la casita. El tipo de madera es importante para atornillar con facilidad y conseguir una buena duración, como las tablas de pino tratado. Se le pueden colocar unos ángulos al árbol pero siempre hay que tener cuidado con no dañarlo.
Súper fácil, económico y simple. Ahora, ¡a trabajar!