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Con la experiencia que le dio trabajar en el sector de la fruta desde pequeño, ser dueño de una gran conservera y tener que cerrarla, cultivar maíz y criar animales, Eduardo Antonio Fernández (68) se animó a enumerar algunas de las razones por las que Mendoza perdió posición frente a otras provincias. Para el sanrafaelino no hay una razón sino muchas: gobernantes que no son ni buenos ni malos, sino que están en el medio, la falta de un proyecto productivo, de gente idónea para concretarlo, una infraestructura gubernamental que tiene enquistadas las malas prácticas y una imposibilidad de que funcionarios, productores e industriales dejen sus egos y envidias de lado para trabajar en pos de una idea común.
Este industrial que nació, se crió y sigue viviendo en San Rafael recordó cada uno de los emprendimientos que puso en marcha: trabajó con la fruta en fresco, fue dueño de una conservera, crió animales, puso una distribuidora de neumáticos y abrió un aserradero. Hoy, con tres hijos y nueve nietos, dijo que no pierde la esperanza, pero que no vislumbra una posibilidad de cambio mientras los mendocinos sigan siendo arrogantes y no elaboren un proyecto serio de la provincia que quieren.
Una industria que desapareció
Fernández dijo que productores, industriales y gobierno deben trabajar unidos.
Eduardo aprendió desde pequeño a trabajar con la fruta en fresco, un negocio en el que estaba su padre. El hombre recordó que en eso años -el 48- se enviaban hasta tres trenes diarios de frutas frescas a Buenos Aires.
Comentó que, de a poco, comenzaron a incursionar en las conservas y aún recuerda como cocinaban la fruta en tachos de doscientos libros, de donde debían extraerla poco después para enfriarla. Unos años después, ya casado con su Aurora, abrió su propia conservera llamada Maitén SRL, que llegó a tener 100 empleados y a producir 1,2 millón y medio de latas de durazno, 3 de tomates y que se convirtió en el segundo productor de pimientos.
Después de años de esfuerzos, decidió cerrar la fábrica en el 88. Explicó que se conjugaron muchas razones para que tomara la decisión: para una persona sin capital era imposible mantener el emprendimiento, los mayoristas de Buenos Aires los estrujaban y no hubo diversificación de productos.
Eduardo trazó el panorama del sector. Dijo que de las 60 o 70 conserveras que había en Mendoza en la década del ’70 hoy sólo queda una o dos empresas. “La industria quedó destruida”, se lamentó.
Fernández dijo que no hay un plan de cultivo.
El sanrafaelino explicó que el problema sigue latente. Dijo que "no hay planificación en cuanto a las plantaciones que se realizan" y que "no existe coordinación ni unión entre el Estado, el agricultor y el industrial".
Para Eduardo estos tres actores tienen su responsabilidad, porque cada uno -el Gobierno, el industrial y el productor- culpan al otro de los problemas, pero nadie se hace responsable.
Hace quince días Eduardo viajó al norte argentino y comentó que en ese viaje sintió una sana envidia. Vio como los mismos agricultores a los que compraba la fruta en fresco, hoy diversificaron su producción y ya no viven sólo de la caña de azúcar, sino que son los mayores productores de cítricos, que tienen tabaco, vid y olivos. Y aseguró que eso es justamente lo que le faltó a Mendoza.
Gobernantes, en el medio
Aunque Arturo Lafalla fue su compañero de secundaria, Eduardo no dudó en decir que una de las razones por la cual no avanzamos, es que los dirigentes mendocinos no son ni buenos ni malos, sino que "están siempre en el medio". Y remató diciendo que no tienen un proyecto claro a largo plazo, ni un equipo idóneo que lo lleve adelante, sino que son ideas “tiradas de los pelos” que ponen en práctica un año para olvidarlas al siguiente.
El sanrafaelino dijo que esta misma oscilación entre un proyecto y otro, una medida y otra, es lo que lleva a que los compradores extranjeros no confíen en el vendedor argentino y mendocino. Y dio un ejemplo: un año nos sobran duraznos y los ofrecemos, pero al siguiente no tenemos como responder a la demanda y lo que necesitan los mercados es justamente equilibrio.
Para Eduardo, otro de los problemas que frena el crecimiento mendocino es que las infraestructuras gubernamentales se han deteriorado, porque se han enquistado las malas prácticas, lo que imposibilita llevar adelante proyectos innovadores.
Pero más allá de la falta de un proyecto serio, Eduardo aseguró que el mayor problema de los mendocinos es la imposibilidad de trabajar unidos para un único proyecto.
“El mendocino tiene un proyecto y lo esconde, cuando a lo mejor alguien tiene una idea mejor, que puede ayudar a mejorar lo que hizo”, aseguró. Y dijo que esta es la mejor muestra de la imposibilidad que tenemos para trabajar unidos en pos de una idea común.
Contra la idea de plantar maíz
Entre las múltiples actividades que realizó Eduardo Antonio Fernández recordó el momento en que plantó maíz y opinó que ese cultivo no es positivo para Mendoza.
Fernández explicó que el problema de ese cultivo es la falta de humedad que existe en el ambiente cuyano y la cantidad de agua que necesita. Pese a esto, dijo que es posible cultivarlo, aunque advirtió que nunca se lograrán los volúmenes de las provincias productoras.
Para ejemplificar el tema, Fernández recalcó que en Córdoba los productores pueden conseguir en promedio 10 mil kilos de maíz por hectárea, mientras que en Mendoza no lograría más de 4 mil kilos por hectáreas.
Producción audiovisual, Danila Bragagnini @DaniBragagnini