Los paisajes del interior argentino ya son, de hecho, habitués en los festivales más importantes, donde esas imágenes han sido premiadas más de una vez por la prensa especializada y las instancias centrales de legitimización cinematográfica, que recibieron al nuevo cine argentino con los brazos abiertos la década pasada, aunque muchas veces desde el prisma del “exotismo” tercermundista.
Pero lo cierto es que el cine argentino siempre miró al interior desde Buenos Aires. Mitrista por naturaleza, la historia del cine argentino tiene muy poco de federal. El interior como núcleo de producción, estuvo (y está) ausente del desarrollo de la industria cinematográfica nacional. Hubo, sin embargo, una excepción. Y fue una excepción mendocina: la productora Film Andes, fundada allá por el año 1944 por un grupo de empresarios vitivinícolas en el contexto del desarrollo y diversificación industrial del primer peronismo. Mendoza presentaba las condiciones ideales para producir cine: buen clima, paisajes variados, y una burguesía pujante. Es cierto que había existido un precedente en el cine mudo con La chacra de don Bautista (1938), una comedia rural que fue la primera ficción filmada enteramente en Mendoza. Pero Film Andes fue la primera “industria” provincial de cine, una empresa productora y distribuidora a gran escala, con un estudio a todo trapo (incluyendo estudios de sonido, salas de maquillaje y talleres de escenografía) equipado con luces, cámaras, trípodes, y dollys, capaz de filmar tanto en interiores como exteriores.
Film Andes produjo 16 películas en 13 años, entre ellas Lejos del cielo (1950), La pícara cenicienta (1951), El alma de los niños (1951), El cartero (1953), El último cowboy (1953), y Surcos en el mar (1955), con directores y estrellas de primer nivel de la era de oro del cine argentino, como Francisco Mugica, Kurt Land, Narciso Ibañez Menta, Aída Luz, Mecha Ortiz, o Enrique Muiño. El último cowboy, una parodia al western americano, significó el pico de éxito de la factoría antes del derrumbe final de la empresa, que vendió sus estudios a la Coca Cola en el año 1960 como correlato de un profundo proceso de desindustrialización abierto por la Revolución Libertadora, la cual decretó una Ley de Cine que privilegió la importación por sobre la producción local.
Desde el estreno en 1960 de Árboles talados (el último producto de Film Andes), no hay registro de otro estreno de un largometraje 100% mendocino hasta Matar la tierra, de Tito de Francisco, con estreno local en 1983. Casi 30 años más tuvieron que pasar para que se estrenara una nueva película mendocina: Road July (2011), de Gaspar Gómez, que se convirtió en un fenómeno único al permanecer durante dos meses en cartel en salas comerciales, una hazaña en el mercado de exhibición argentino. La road movie protagonizada por Francisco Carrasco y Federica Cafferata nunca llegó a estrenarse comercialmente en Buenos Aires, pero aún así logró saltar esa posta para llegar directamente desde Mendoza a las competencias oficiales del Festival de Mar del Plata y el New York International Latino Film Festival.
Luego vino Los Salvajes, que si bien se trata de una “producción porteña”, el origen de su director y el enorme protagonismo que el agreste paisaje de la provincia tiene en la película nos puede dejar verla como un híbrido federal con mucho de ADN mendocino. Y mientras Los Salvajes inicia su recorrido por festivales (que muy probablemente sea un largo y fructífero periplo), la productora mendocina Pandito Films comenzó la filmación de La pasión de Verónica Videla, ópera prima de Cristian Pellegrini que se rodará en locaciones de Capital, Godoy Cruz, Las Heras y Guaymallén, protagonizada en su mayoría por actores mendocinos como Sonnia De Monte, Mariana Arancibia, Silvia del Casillo, e Iván Verderico (con una participación especial de Leonor Manso).
Aun sin estrenar , “El Faldón” de Gustavo Coppoletta es otro largometraje producido y filmado en Mendoza que proximamente podrá verse en las carteleras de todo el país.
Sí, es muy temprano aun para hablar de un “resurgimiento” del cine mendocino, pero este fenómeno de un incipiente “cine federal” puede notarse también en provincias como Córdoba, donde el año pasado se produjeron cuatro largometrajes enteramente cordobeses. Si hay algo evidente, sin embargo, es que este potencial “resurgimiento” del cine mendocino no se estaría dando desde la conformación de una industria local propiamente dicha, sino desde el mucho más riesgoso y arduo modo de producción independiente. Entre aquella vieja industria de los años 40 y esta incipiente escena independiente que empieza a asomarse hay, sin embargo, un denominador común: el talento mendocino.
Los nuevos caminos del cine mendocino
La semana pasada, los paisajes mendocinos se colaron en la Costa Azul a través de una pantalla de cine. Fue en el Festival de Cannes, el evento de cine más importante del mundo, donde la opera prima del mendocino Alejandro Fadel, Los Salvajes, transportó una porción de la provincia al centro neurálgico del cine.Un recorrido por la historia de la industria cinematográfica de la provincia permiten afirmar que, obviamente, no fue la primera vez que sucedía.