ArteBA 2012

Algunas reflexiones de la vigésimo primera edición de la feria de arte más importante del país, cita ineludible de artistas, galeristas, curadores, coleccionistas, directores de museos y referentes de la cultura internacional.

ArteBA cumple veintiún años y junto con todas las implicancias que tiene el número (mayoría de edad, emancipación y otras obviedades) conviene recordar cómo fue en sus inicios esta feria, para poder valorar más el grado de desarrollo que se percibió en esta edición.

Lo que mejor ilustra ese “allá y entonces”, es un texto muy anterior en el tiempo.

En “La Evolución del gusto artístico en Buenos Aires”, escrito por el pintor y crítico de arte Eduardo Schiaffino, allá por 1909,  éste nos dice, refiriéndose a algunas particularidades de la decoración de las casas a fines del siglo XIX:
“Si quisiéramos buscar análoga discordancia en una sonoridad equivalente al efecto óptico producido por este espectáculo, habría que imaginar el alarido terebrante de un coro de lechones en el paroxismo del pánico”.

Por fortuna, el tiempo sirve para perfeccionar las buenas intenciones que no fueron a pavimentar el camino al infierno.

A principio de los noventas, en las primeras ediciones de arteBA, había un desfasaje muy marcado entre la producción contemporánea y el concepto de galería, más cercano al de marchand del siglo XIX, motivo por el cual las ausencias eran más interesantes que las presencias.

Hoy por hoy, el paradigma cambió y la feria sirve como puente entre lo que sucede en los talleres “minuto a minuto” y el espectador,  fomentando una práctica que para algunos es una locura (los más alarmistas) o un despropósito (los más conservadores): es decir,  el coleccionismo de arte contemporáneo.
Hay un sesgo muy marcado en lo que se muestra y cómo se muestra, que hace que arteBA se acerque tanto al formato de Bienal como al de feria.
Este punto equidistante es, tal vez, lo que mayor fricción genere, tanto para las críticas negativas como para las positivas.
Como sea, esto dio origen a un nuevo tipo de coleccionismo, más interesado en adquirir piezas de artistas jóvenes con precios todavía alcanzables, que en obras de maestros consagrados y de generación intermedia.

Por supuesto que todo recorte trae consigo un déficit y nadie puede pretender que lo único que vale es lo que está en la feria. Año a año, muchísima producción de artistas muy valiosos queda fuera. Por eso es imperioso que esos artistas no se queden aislados en el taller, lejos del centro del mercado, y los operadores culturales trabajen junto con ellos en el acercamiento a las instituciones, para difundir sus trabajos.
Es decir, generar otras instancias de visibilidad.

ArteBA sigue siendo una feria comercial, y en eso no difiere de las primeras ediciones. Pero con los años, se ha  abierto el panorama, privilegiando la experimentación artística,  a través del Premio Petrobras, por ejemplo. Este premio que edición a edición va subiendo la apuesta en cuanto a la originalidad de sus exigencias, este año convocó a artistas argentinos de todas las disciplinas a explorar las posibilidades de la colaboración, generando proyectos inéditos a partir del diálogo entre tres o más creadores.
El trabajo que resultó ganador es  “SPLATTER MORFOGENÉTICO / ARLT MASCHINE” de los artistas Silvina Aguirre, Laura Bilbao, Roberto Conlazo y Lux Lindner

Otro aspecto interesante de la feria es el sector llamado “Barrio Joven”, donde se pueden visitar los stands de algunas galerías o espacios emergentes.
Es un buen lugar donde los artistas jóvenes que trabajan en otras ciudades pueden comenzar a mostrar su trabajo en el circuito comercial. Muchas veces,  galerías de primera línea se acercan buscando nuevos talentos.
Y muchas de las galerías que hoy están afianzadas, comenzaron su actuación  en el barrio joven.

Por segundo año consecutivo, se presentó U-TURN Project Rooms. Tal vez aquí se encuentre el desafío más ambicioso de arteBA, ya que la idea es fomentar el mercado de la región, generando un intercambio con galerías de otros países como Alemania, Suiza, España, Dinamarca, etc.
Su curadora, Abaseh Mirvali, quien también curó la edición anterior, propuso una serie de reflexiones para cuestionarse sobre el cruce de experiencias entre realidad y ficción. El conjunto de la propuesta es muy movilizador, ya que las reacciones de los espectadores son muy dispares y deja muy en claro que en el arte contemporáneo ya no alcanza con el simple “me gusta-no me gusta”

Por eso, más allá de la evolución de los gustos, las últimas ediciones de arteBA parecen querer decirnos que, así como los artistas están continuamente en un proceso de formación y crecimiento, los coleccionistas están regidos por las mismas leyes.

Tanto es así que este año, en los preliminares de la feria, se llevó a cabo la 4ta Clínica de Coleccionismo Federal, organizada por Alejandro Ikonicoff.
En el mes de Junio, esta experiencia se repetirá en la ciudad de Mendoza, y será una inmejorable oportunidad para debatir sobre la importancia del coleccionismo en el medio nacional.