El Efecto Grillo

Collage por Verónica Romano
Collage por Verónica Romano

Puedes Juntar las Manos

(Oliverio Girondo)


La gente dice:              
Polvo,
Sideral,
Funerario,
y se queda tranquila,
contenta,              
satisfecha.
Pero escucha ese grillo,
esa brizna de noche,              
de vida enloquecida.
Ahora es cuando canta
Ahora
y no mañana              
Precisamente ahora.
Aquí.
A nuestro lado...
como si no pudiera cantar en otra parte.              
¿Comprendes?
Yo tampoco.
Yo no comprendo nada.
No tan sólo tus manos son un puro milagro.              
Un traspiés,
un olvido,
y acaso fueras mosca,
lechuga,              
cocodrilo.
Y después...
esa estrella.
No preguntes.
¡Misterio!              
El silencio.
Tu pelo.
Y el fervor,
la aquiescencia
del universo entero,              
para lograr tus poros,
esa ortiga,
esa piedra.

Puedes juntar las manos.              
Amputarte las trenzas.
Yo daré mientras tanto tres vueltas de carnero.



I.
Oliverio Girondo se tuerce entre la verdad, el misterio, la broma. Asesina las letras, las destruye. Encuentra placer en un detalle cotidiano y lo expulsa, con brutalidad, hacia un plano metafísico. Amaga con una sensualidad burlesca. Se ríe de los barrios y los ama. Se ríe con los barrios de los barrios de infancias que no fueron la suya. Doma metáforas haciendo uso de un cinismo gastronómico. Amalgama confesiones inciertas. Apura el absurdo hasta dejarlo quieto, entre la razón y el pálido abismo de la ignorancia lúdica. Admira naturalezas de metal y pastizales de cemento. Le otorga a la ciudad una ruralidad improcedente. Combate la rutina y la realza. Camina sobre el azar y la parodia. Inyecta tristeza en dosis controladas. Sabe que perder la batalla contra el modernismo es el único modo de ganarla. Nunca aburre.    
Oliverio es un niño y un anciano, y esa imagen de serio que proyecta en las fotos nos revela una alcurnia todavía presente; su pasado europeo y su condición porteña; su genialidad oculta en los ríos de barba, en los cardos de pelo engominado.


II.
El año 1969 trajo consigo la acuñación del término “efecto mariposa”. Edward Norton Lorenz, su creador, había sido meteorólogo en el ejército estadounidense. La rutinaria observación de los astros y cuerpos celestes, del cielo que se disfraza de niebla, luz o tormenta, despertó en Edward el escepticismo. Los modelos lineales de predicción de los fenómenos del clima dejaron de parecerle adecuados. La meteorología, apreció, se movía al ritmo polifónico y disonante de los sistemas no lineales, aquellos en los que el output no es directamente proporcional al input. Con aquella afirmación dio origen a la teoría del caos, que afirma que un cambio casi imperceptible en las condiciones iniciales de un fenómeno puede afectar significativamente el desarrollo de este en un estadio posterior; un huracán, afirma Lorenz, puede haber sido causado por el aleteo de una mariposa. La escaza posibilidad de definir las variables conduce entonces a la aceptación formal de un tejido de relaciones caóticas.


III.
“Puedes juntar las manos” es poesía abierta, reflexiva, maniquea y formal en su delirio. Mediante este poema, Girondo lamenta la desidia y la ignorancia en torno a lo trascendental, que es para él función de la simpleza. Se desentiende de los grandes términos – el “polvo-sideral-funerario” – para refugiarse en el cantar del grillo, en la interdepedencia de todos los componentes del universo que iguala a cada uno de ellos en su importancia. Canta a la reflexión y al reconocimiento de la propia tiniebla intelectual. No tan solo las manos son un puro milagro, también lo es la lechuga, el cocodrilo y por qué no el poeta, el lector y el poema. Rezar –juntar las manos– carece entonces de sentido. Él prefiere ser parte del juego del absurdo desde el epicentro lúdico de la vuelta de carnero. La pirueta giratoria cumple el doble rol de ridiculizar el dogma y de reconocer el placer inocente e infantil como única conducta sensata ante el panorama de un determinismo caótico cuyas fuerzas exceden cualquier marco analítico.
Pero más allá de las especulaciones, sólo puede afirmarse con seguridad que en el año 1969, en la ignorancia de que un poeta argentino varias décadas antes y sin demostraciones formales había percibido la existencia de un “efecto grillo”, Norton ejemplificaba su célebre teoría con otro insecto: esa mariposa que, además de quizás generar un huracán, se colaría con su aleteo en el título de un edulcorado film Hollywoodense protagonizado por Ashton Kutcher.