Pastel y Mojito: Muestras Internacionales en Argentina

Foto: Prensa Malba
Foto: Prensa Malba

Durante algunas semanas coincidirán en Buenos Aires dos muestras que convocan la nostalgia.
Como si abrieran un vortex temporal, nos llevan a reflexionar sobre aquel momento en que el mundo estaba dividido en dos bloques claramente diferenciados: capitalismo y comunismo.
Una de las exposiciones culmina dentro de unas semanas, en Malba, y la otra inaugura el martes 15 en el Faena Art Center

Bye Bye American Pie, en Malba, se centra en la interrupción del sueño de un país ideal que nunca existió.
A través de producciones  que cuestionan el supuesto orden natural, el de un mundo feliz al cual nadie se podría negar a pertenecer, su curador Philip Larrat-Smith narra a lo largo de un recorrido por la obra de siete artistas, distintos momentos en “El malestar en la cultura”.
Tal el título del texto que acompaña la exhibición, esta se puede entender como siete muestras individuales, cada una en su cubículo, con obras muy representativas de artistas icónicos:
Larry Clark, Jean-Michel Basquiat, Barbara Kruger, Nan Goldin, Cady Noland, Jenny Holzer y Paul McCarthy.

La más lejana en el tiempo es la serie “Tulsa” (1963/1971), de Larry Clark. Sus fotografías son la contracara de la vida rural, donde capta el lado oscuro de su ciudad natal  a través del submundo de las drogas.

La más cercana, es la vedette de la exposición: “Train, Mechanical” (2003/2009), de Paul McCarthy: una escultura mecánica con la figura de George W. Bush duplicada y en fila, sodomizando a unos cerdos. La imagen es a la vez cómica y terrorífica. Una metáfora perfecta en su efectividad.

En el medio queda toda una producción que refleja el espíritu de época y el desencanto de fin de siglo, que se recorre con la vacilación de un sonámbulo desde la sala con las pinturas de Basquiat, el más famoso de los expuestos, al dark room donde se proyecta “The ballad of Sexual Dependency” de Nan Goldin. Esta serie es el típico registro de la noche de borrachera donde vemos lo que no  recordamos al día siguiente, a veces con felicidad, otras veces no, y es una de las piezas más exquisitas de la fotografía contemporánea.

Las producciones afines de dos artistas distintas, como Barbara Kruger y Jenny Holzer, separadas en el espacio por el eje Clark/ Basquiat/Goldin,  dan cuenta de la colonización del lenguaje visual de la publicidad en la práctica estética: slogans, aforismos y citas adquieren el mismo valor que la imagen.

Tal vez el caso más particular de estos artistas sea el de Cady Noland, de quien no figuran reproducciones en el catálogo ya que ella no permite que su obra circule de otra manera que no sea verlas in situ. Es en su obra, despojada y hostil, donde mejor se manifiesta el espíritu de esta muestra.

Al sur del Malba, y al sur de Estados Unidos, desde Cuba, llegan Los Carpinteros.
Estos artistas formados en una tradición académica soviética, con herramientas  tradicionales se le animaron a la vanguardia.

Estudiantes en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana a principios de los años noventa, sus compañeros comenzaron a llamarles irónicamente "los carpinteros" porque hacían muchas piezas de madera. Lo peculiar del nombre se incrementaba porque en Cuba no es legal comprar madera.
Conseguían el material en antiguas mansiones deshabitadas y hacían lo mismo que veían hacer a los vecinos de un barrio marginal, quienes ingresaban de manera furtiva y se alzaban con lo que podían.

En el Faena Art Center presentarán tres piezas de gran formato: una avioneta Piper Comanche atravesada por flechas de madera,
Una instalación llamada “Barrio”, hecha en cartón, y “Alumbrado Público”, donde  un tendido eléctrico de la vía pública serpentea como un organismo viviente cuyo flujo vital es la luz.

Pese a que Los Carpinteros intentan alejarse de la zona de conflicto que surge de producir desde un lugar de austeridad impuesta para un circuito internacional,  y de haber manifestado en varias ocasiones  que no están interesados en la militancia política de ningún tipo, sus objetos e instalaciones supuran ideología.

Quizás ver las dos muestras, la que termina y la que se inaugura, sea como ver un nuevo final de Rocky IV, donde Sylvester Stallone y Dolph Lundgren no pelean, y exponen sus miedos y miserias.