La primera vez que fui al cine...

Dumbo, Crush naranja y premoniciones de pequeño borracho.

No me acuerdo de la primera vez que fuí al cine.

Me acuerdo sí, de la primera vez que fui al cine sólo. Tendría unos 6  años,  estábamos de vacaciones en Córdoba y en el cine daban `Dumbo´. Mi padre me pregunto si me animaba a ir sólo y le dije que sí. Me llevó hasta la butaca, me dejó un paquete de galletitas dulces y quedamos en encontrarnos a la salida. 

El cine estaba prácticamente vacío.

En un momento de la película empecé a llorar. Las lágrimas se convirtieron rápidamente en un ataque de llanto y tuvo que venir el acomodador a sacarme de la sala. Intentando contener mi angustia, el boletero me convidó una Crush de naranja. Casi como una premonición de pequeño borracho, el llanto se detuvo con la bebida. Mi padre asomó un rato después por la puerta vidriada.

No recuerdo mucho más. Pero aún hoy percibo el cine como un lugar inquietante, un lugar de refugio, mágico y oscuro, a la vez tranquilizador y peligroso, un lugar donde los temores afloran fácilmente.  Desde la pantalla y desde las personas...

Ariel Rotter.