El cine argentino a la Costa Azul

Hace unos meses, un comentario cayó como un misil en el ambiente del cine argentino. Thierry Frémaux, el mandamás del festival de Cannes, había declarado que lamentablemente el cine argentino se había “suicidado”. Con esas palabras, Frémaux había querido expresar que la originalidad y el riesgo que habían caracterizado a las primeras y segundas épocas del nuevo cine argentino (y que habían llamado tanto la atención de los festivales internacionales), para él hoy se habían diluido. Poco después, sin embargo, Frémaux se encargó de balancear la cosa y tirarle flores al cine latinoamericano, afirmando que “desde Buenos Aires a México, cine latinoamericano es como un alimento que para mí es muy importante, con grandes autores”. Pero la duda acerca de la presencia argentina en Cannes estaba instalada.

A pesar de ese antecedente, el cine argentino sí terminó aterrizando en Cannes, el festival más importante del mundo y el comienzo del año cinematográfico a nivel mundial. Si bien ninguna película argentina terminó en la competencia oficial (se especulaba con un par), cuatro largometrajes y dos cortos se repartieron por las secciones paralelas más importantes de la contienda.

Entre ellas está la imponente Los Salvajes, ópera prima en solitario del mendocino Alejandro Fadel, quien llega a Cannes por partida triple: también es uno de los guionistas de Elefante Blanco, la última película del consagrado Pablo Trapero,  y el segmento que Trapero (que también está jugando dos partidos) dirigió para el film colectivo 7 días en La Habana, también programado en Un Certain Regard. “La noticia de la selección de Los Salvajes nos pone felices y orgullosos, después de tanto trabajo realizado”, cuenta Fadel a MDZ Online. “Aunque no me acostumbre todavía a la idea, hoy los festivales de cine representan para cierto tipo de películas la posibilidad de acceder a un público considerable, en número y en interés. Que sea además este histórico festival (por el que circularon aquellas películas que nos modificaron la vida) el que brinda lugar a la premiere internacional de la película, es algo que seguramente jamás olvidemos”, afirma.

Sobre su triple participación, Fadel no busca razones demasiado profundas: “Que este año la casualidad haya hecho que además participe como coguionista de dos películas también exhibidas en Cannes es casi una broma para mí”, dice. “Más allá de esta selección, no perdemos de vista que nuestra batalla, nuestro compromiso más íntimo, está puesto en seguir produciendo cada vez más y mejores películas, o en colaborar desde cualquier lugar para que otras películas se produzcan”.

La selección argentina

Protagonizada por Ricardo Darín, Martina Gusmán, y el belga Jéremie Renier (habitual protagonista de las películas de los hermanos Dardenne), Elefante Blanco cuenta la historia de dos curas en la villa 31 y su lucha por continuar la tarea del legendario Padre Carlos Mugica. Los curas Julián y Nicolas (Darín y Rénier) intentan construir un complejo de viviendas para los vecinos, y lo hacen contra todo tipo de obstáculos: la policía, los narcos, los funcionarios, pero también contra ellos mismos, su fe, y su compromiso.

Junto con Los Salvajes y Elefante Blanco, el tercer jugador de esta “selección argentina” es la ópera prima de Gonzalo Tobal, Villegas, programada en una Función Especial a raíz de su paso por el programa de desarrollo Cinefondation, auspiciado por el festival. Esta no es la primera vez de Tobal en la Costa Azul: ya estuvo en dos ocasiones con sus cortos Ahora todos parecen contentos y Cynthia todavía tiene las llaves. Villegas lleva el nombre de la ciudad en la que transcurre: General Villegas, en la provincia de Buenos Aires. Hacia allí vuelven dos primos desde Buenos Aires para asistir al funeral de su abuelo. En ese camino, Tobal hilvana un relato generacional protagonizado por Esteban Lamothe y Esteban Bigliardi, dos jóvenes estrellas del teatro independiente porteño.

El cuadrado local se completa con Infancia Clandestina, de Benjamín Ávila, que llega a la Quincena de los Realizadores de la mano de Natalia Oreiro (que viaja junto a toda su familia, incluido Merlín Atahualpa) En su segunda película luego de Nietos, identidad y memoria, Ávila retoma la temática de los setenta con esta historia sobre un chico de doce años con doble identidad, producto de que su familia debe pasar a la clandestinidad para mantenerse a salvo de la represión en plena dictadura. Las tensiones que esa doble vida provoca en Juan cuando se enamora de una compañerita es el centro de esta historia protagonizada por Oreiro junto a Ernesto Alterio y Cristina Banegas.

En la liga de cortometrajes, Pude ver un puma, de Eduardo Williams irá a jugar en la Cinéfondation (por donde ya pasó Tobal), mientras que Yeguas y cotorras de Natalia Garagiola irá en la Semana de la Crítica.

Lejos de suicidado, entonces, parece ser que el cine argentino llega a Cannes con un equipo sólido (el más numeroso en mucho tiempo), con nuevas promesas y algún que otro jugador experimentado. Y aunque no llegue a ser local,  puede apuntar a ganar más de un partido.