No importa qué fracción de la realidad se elija observar, resulta difícil y a veces imposible omitir el término alucinación del análisis político. Irrumpe como si fuera natural la noción de que esa realidad no es lo que parece sino aquello que determina el esfuerzo o prepotencia de un discurso. Podría coincidirse en que un prototipo exagerado de este fenómeno de simulación es el que se ha desplegado con rasgos excluyentes por nuestra región.
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