Consejos para cuidar tus cosméticos

La piel es el órgano más grande que tenemos. Aunque no absorbe sustancias útiles al cuerpo, hay elementos que pueden afectarla, como los cosméticos en mal estado. Una mala combinación de calor, bacterias, humedad, permeabilidad, hidratación y productos, puede convertir a tus aliados de belleza en un riesgo potencial. Aquí, cuidados básicos para que conserves tus cosméticos impecables.

La piel es el órgano más grande que tenemos. Aunque no está diseñada para la absorción de sustancias útiles al cuerpo, hay elementos que pueden afectarla, entre ellos, los cosméticos en mal estado. Pensalo de esta manera: el cuidado de tu piel también es un reflejo del cuidado que le das a los productos que le aplicás.

 

Una mala combinación de calor, bacterias, humedad, permeabilidad, genética, hidratación y productos, puede convertir a tus aliados de belleza en un riesgo potencial.

Aquí te presentamos los cuidados básicos para que conserves tus cosméticos impecables:

Revisá la fecha de caducidad. Al igual que la comida, los cosméticos tienen un tiempo de vida útil que generalmente está marcado en el envase. Si no tiene impresa la fecha, buscá en la etiqueta el dibujo de un pequeño envase con un número adentro; son los meses de vida que tiene el producto después de haber sido abierto. Si no encontrás el dibujito, puede que las siglas PAO (Period After Opening) te indiquen la fecha.

Calculá el uso. Antes de comprar un tarro enorme de shampoo o de crema, revisá la fecha de caducidad y sacá cuentas: ¿alcanzarás a usarlo todo antes del vencimiento? Lo mismo ocurre con el maquillaje. Hay chicas que sólo usan base o sombras cuando van a alguna boda, de manera que no vale la pena comprar un envase grande que seguramente se echará a perder antes de haber usado siquiera la mitad.

¿En qué puedo ayudarle? Si tenés alguna duda, llamá al servicio al cliente, casi todas las marcas proporcionan un teléfono de atención. Dales el número de lote impreso en el empaque. Ellos deben orientarte con la fecha de caducidad u otros datos que necesites saber acerca del producto.

Alargá su vida. Lavate las manos antes de utilizar cualquier cosmético, ya sea cremas o maquillajes. Las bacterias y las sustancias que transportamos en los dedos pueden afectar la composición del producto y reducir su tiempo de vida útil. Esponjas, brochas y otros aplicadores deben lavarse al menos una vez por semana, con jabón neutro, para que no contaminen con bacterias o polvo los productos. Lo mismo con las pinzas de depilar, antes de usarlas límpialas con jabón o con una toallita desinfectante.

Bien cerrado. Verificá que los cosméticos queden bien tapados después del uso. La humedad y el polvo son dos agentes que favorecen la aparición de hongos y bacterias en los productos. Cuando vayas a comprarlo, si el producto no tiene un empaque de seguridad, tratá de elegir el envase que se encuentra en el fondo del estante. Eso te da dos ventajas:

1. es probable que ninguna persona lo haya abierto o tocado con las manos sucias.
2. cuando se trata de comida y cosméticos, los productos que están a punto de caducar se colocan al frente del estante, y los que aún tienen un buen tiempo de vida útil, se dejan en el fondo.

Lejos del calor. Los cosméticos no soportan el calor o los cambios bruscos de temperatura. Mantenerlos alejados de la estufa, la ventana e incluso el muro en donde pega el sol alargará su vida y evitará variaciones en la composición del producto. Evitá llevarlos en tu cartera y no los dejes cocinándose en el auto. En lugares donde el calor es extremo, es recomendable meter en la heladera los perfumes y las cremas para el rostro.

¿Egoísta? Tal vez. Si no podés evitar compartir el maquillaje con tus amigas o hermanas, por lo menos lavá los aplicadores o limpiá las superficies antes de que los usen ellas, y una vez más antes de usarlos vos.

Otra opción para poder compartir es que cada quien tenga sus aplicadores y se comprometa a no contaminar los productos. Aunque parezca una exageración, en las mucosas (de la boca, los párpados o la nariz) se alojan bacterias que quizás no le hagan daño a su portadora, pero que pueden afectar a otras personas por un sinfín de motivos. Del rímel ni hablar, es tan sagrado y personal como un cepillo de dientes.