Una nueva forma de esclavitud: el blackberry

Hasta comienzos del siglo pasado, muchos extensos campos eran trabajados por esclavos, a los que se les engrillaba una bola negra, no demasiado perfecta, pero que cumplía el objetivo: que el esclavo no pudiese escapar de las tierras de labranza.

Hasta no hace mucho tiempo en Estados Unidos, a los esclavos nuevos se les ataba una bola negra de hierro muy irregular (no era una bola perfecta), con una cadena y un grillete, al pie, para que no escaparan corriendo de los campos de algodón.

Los amos, para usar un eufemismo (políticamente más correcto, suena más bonito) le llamaban blackberry (cereza negra). Ese era el símbolo de la esclavitud.

Un esclavo estaría forzado a dejar su vida hasta perecer sin poder escaparse nunca en esos campos de siembra. Asi  se hicieron las riquezas que hoy dominan el mundo

Ahora a los nuevos empleados no se les amarra una bola de hierro para que no escapen; se les da un blackberry  y quedan inalámbricamente atados con ese grillete, al igual que los esclavos, no lo pueden dejar de lado y quedan atados al trabajo todo el tiempo. Es el símbolo moderno de la esclavitud

Gerentes, ejecutivos, directores y empleados en general tienen uno y cualquiera puede ver como están pegados a él todo el tiempo, en el baño, en el auto, en el cine, en la cena, al dormirse y no hay forma de escapar cuando les llama el jefe o cuando les mandan correos.

No hay manera de decir que no les llegó o que no escucharon porque ese aparatito avisa si llamaron y no contestaron, si tienen mensajes por leer, si los leyeron y si los demás abrieron sus correos, les marca citas, horarios, les despierta, se apaga solo, se prende solo y permite estar idiotizado hora en internet, mientras sus esposas, esposos, novias o novios y sus hijos y familias les reclaman porque no les ponen atención

Y así se ven, modernos ejecutivos que se sienten muy importantes porque “el jefe” les dio su blackberry para que no escapen de los campos del trabajo

Era imposible pensar un nombre mejor...



Marguerite Yourcenar, en su magnífico libro "Memorias de Adriano", escribió: "Dudo que toda la filosofía de este mundo consiga suprimir la esclavitud, a lo sumo le cambiarán el nombre".

No está equivocada