Acá sigue la historia de un Burro que, sin saber demasiado, conquistó el corazón de una hinchada millonaria. La historia de un pibe de pueblo que, sin más que un bolso de sueños, dejó su Ledesma natal, en Jujuy, para probar suerte en un club de Núñez. La historia de la gambeta y la estirpe riverplatense forjada en el potrero. La de un distinto que entró siempre a la cancha para divertirse y hacer divertir. La que empezó un 4 de marzo como hoy, pero de 1974. La de Ariel Arnaldo Ortega.
Apenas 15 minutos fueron suficientes para que Delem, coordinador de las Inferiores de River en 1990, le dijera que se quedaba. Después, seis partidos en Sexta (con 16 años) y saltó a la Reserva, donde un año más tarde lo vendría a buscar Daniel Passarella, entonces técnico de Primera. Debutó el 14 de diciembre del 91, en un triunfo sobre Platense y en la tribuna la gente ya comentaba lo diferente de la pisada del Burrito.
Sin embargo, el título de ídolo le llegó como a los grandes. En 1994, en una visita a la Bombonera, fue la figura estelar de un aplastante 3-0 millonario, que incluyó un golazo suyo, y que marcó para siempre la historia de amor entre Ortega y la gente, llenando cada parte de la camiseta con el 10. Después llegaron los títulos: fueron cinco, incluyendo la Copa Libertadores del 96, y luego emigró al Valencia en una cifra récord para su tiempo.
Mundial y Copa con el Parma de por medio, regresó a River en el 2000 para generar otro equipo demoledor. El amor renació a fuerza de goles (le hizo cuatro a Unión en un 6-0) y actuaciones brillantes, y con Aimar, Saviola y Ángel fueron llamados los cuatro fantásticos. Ah, volvió a estar presente en otro 3-0 en la Bombonera (abajo de la lluvia no mojó), que tuvo un desenlace parecido a sus tantas vaselinas. Ganó un nuevo campeonato (Clausura 02) y volvió a partir, esta vez al Fenerbahce turco.
Ortega nunca se sintió a gusto en Turquía y (cualquier similitud con el caso Tévez-City no es pura coincidencia) y decidió dejar el club antes de terminar su contrato. Inhibido, pudo volver a jugar gracias a las negociaciones de Newell’s, que lo repatrió de la mano de Américo Gallego. El Burrito llegó y fue campeón en gran nivel. Y no sólo eso: en las tres ocasiones que enfrentó a River, la metió. En la última, muy recordada, se sacó la camiseta y pidió que River ponga la plata para comprarlo. La hinchada lo aplaudía mientras el festejaba el gol.
Su tercer regreso a Núñez fue acorde a las expectativas. Jugó los últimos 20 minutos de un 5-0 a Independiente y hasta se dio el gustazo de meterla de emboquillada, como tantas otras veces. Las gargantas de los hinchas, felices otra vez de quedarse afónicas. Volvió a brillar en un triunfo sobre los primos (2-0 de local, gol incluido) pero luego sufrió una dura lesión que lo sacó de las canchas. Pero con la llegada de Diego Simeone, no sólo volvió a la titularidad, sino que lo hizo capitán del equipo, y el Burrito lideró hacia un nuevo título, el último que consiguió River en un ya lejano 2008.
Después, sin embargo, Simeone lo dejó afuera del equipo y el Burrito pasó a préstamo a Independiente Rivadavia. Regresaría una vez más, pero en esta ocasión fueron más comentadas sus actuaciones fuera de la cancha que las de adentro. Dejó el plantel cuando Leo Astrada lo excluyó, tras una llegada tarde al entrenamiento. Estuvo a préstamo en All Boys y después se fue a Defensores de Belgrano, equipo de la B Metro, donde se encuentra despuntando aún el vicio de la pelota en la actualidad, ya con 38 años. Pero el destino quiso que volviera a cruzarse con el club de sus amores. En su debut en la Copa Argentina, a River le tocó cruzarse con el Dragón y el ídolo recibió una última ovación, digna de los más grandes. Peleado con Passarella, sufrió el descenso como cada hincha y hoy sólo va al club para llevar a su hijo a jugar al fútbol.
Para los hinchas el Burrito es tan grande que podría disputarle el mote de ídolo máximo a Labruna, Alonso o Francescoli. Siempre dijo que quería retirarse en River y rechazó el ofrecimiento de Almeyda para formar parte del cuerpo técnico. Lo suyo siempre fue la pelota al pie. “Me encanta sentir el vientito de la pierna rival cuando lo gambeteo. Lo único que se hacer es jugar a la pelota”, dijo alguna vez este Burro, que en esto del fútbol supo más que demasiados. Salud al Burrito en su día. No olvidar nunca tantos “oleee” y soñar con una despedida a Monumental repleto, los dos deseos de los hinchas. El tercero pedilo vos Ariel.
El Burrito de siempre, Feliz cumple Ariel.
Se cumplen 38 años del nacimiento de Ariel Ortega, uno de los más grandes ídolos de River y exponente del potrero argentino. Tuvo cuatro pasos por el Millo, para la gente nunca se fue.