Marcha y reflexión

Lo que pudo ser un día de trabajo normal de un fotógrafo, se transformó en un episodio que da lugar a la reflexión. Santiago Abalos, pensamiento y opinión. No sólo imagen.

Foto: Santiago Ábalos/ Mediamza.com
Foto: Santiago Ábalos/ Mediamza.com

Hoy lo que era un día más de trabajo, normal, fotografiando los acontecimientos de la Ciudad, se transformó en una experiencia nueva, desagradable y reveladora.


Fui a cubrir la Marcha por el Orgullo y la Diversidad, desde temprano la lluvia empezó a mojarnos, se aproximaban diferentes grupos, con sus banderas y pancartas de colores y diferentes mensajes, políticos e ideológicos, la diversidad era ya visible. Lo fue aun más con la llegada del Orgullo, de la mano de diferentes personas manifestando su sexualidad algunos más vistosos, drag queens, y travestis otros más sonoros con sus cantos y tambores, la marcha ya tenía su clima y su gente.

Pidiendo por sus derechos, que son los mismos que tenemos todos los ciudadanos, solo que aún en estos tiempos que corren pareciese que hay que recordárselos a todos.


Las condiciones climáticas atrasaron su movilización  pero todo comenzó y encabezada por sus organizadores que portaban una gran bandera y seguida por todos los congregados.

Para mí la experiencia ya era movilizadora, volver a cubrir una manifestación y en mi ciudad me puso de buen humor y más en el marco de verdadera libertad que se podía apreciar. Lo nuevo era escuchar diferentes opiniones de los transeúntes que detenían su paso para observar o los comerciantes que salían de sus negocios para mirar, algunos con sorpresa trataban de explicarse qué es esto de la diversidad, “antes eran solo gays, ahora resulta que hay muchos más” le decía un vecino a un comerciante, la marcha ya hacia efecto y cumplía su objetivo.


Lo desagradable se produjo cuando la marcha llegó a la esquina de calles San Martin y Belgrano, ahí, un grupo de entre veinte y treinta chicos, la mayoría jóvenes acompañados por algunos ya mayores, comenzaron a agredir con insultos peyorativos y gestos obscenos a los manifestantes de la Marcha, el nivel de violencia era casi palpable, y vaya que lo fue, de golpe, mientras les tomaba fotografías, me impacta una piedra en el pecho. Mi reacción solo fue tratar de entender lo que estaba sucediendo, tomé la piedra y se la di a una policía que estaba a unos metros.


La adrenalina me llevó a devolverles las piedras con mas fotografías, vi la ira en los ojos de un muchacho de gran barba de unos treinta años que me insultaba con su mandíbula apretada, su nivel de intolerancia hacia lo que acontecía en la marcha lo ponía violento, cuando me acerqué a otro señor que dirigía a los más jóvenes para preguntarle a quien representaban o que pretendían con este comportamiento desagradable y violento, respondió con insultos que no les tomara mas fotos, “somos de acá, somos católicos, rajá de acá, no ves que se van a poner peor!”.

Seguí con las fotos por otro lado y empecé a caer en la realidad de lo que había pasado, que me habían tirado una piedra, que me pegó por suerte en el pecho, que podría haber sido un ojo, o la cara, y todavía con sorpresa les conté a mis colegas de otros medios lo que me había pasado.

Lo revelador, fue ver mentes tan obtusas, que su pensamiento no les permitía digerir lo diferente y tan dispuestas a la actitud violenta que asombraba. Personas mayores transmitiendo su odio a los más jóvenes que formaban parte de esta “contramarcha”.

El mundo entero está dando un paso al cambio, a la evolución de las relaciones interpersonales, al camino del amor y el entendimiento.

¿Cómo podemos conectar con el amor de Dios, si no somos capaces de conectarnos con amor hacia los demás seres humanos que nos rodean y forman la sociedad en la que vivimos,  por diferentes que seamos entre nosotros?


Espero que estas actitudes cambien, y que esto sirva para darnos cuenta de lo que nos sucede a cada uno día a día con los demás. Solo el amor salvará al mundo. Mientras tanto, sigo agradeciendo a la vida.