Tracey Emin: una muestra y un libro

Descontrol rockero y exhibicionismo en carne viva de la hiperexitosa artista británica. Este verano, en el Malba.

Junto a Kate Moss, los hermanos Gallagher, los Beckham y un no tan largo etcétera,Tracey Emin protagonizó a mediados de los noventa un recambio en el panteón mediático inglés. En 1997, año en el que se exhibió la muestra colectiva Sensation y Tracey aparecía –recreando quizá inconscientemente la entrevista de Bill Grundy a los Sex Pistols– borracha en televisión, Lady Di exhalaba su último respiro y Eric Cantona dejaba vacante la número 7 del Manchester United para que de ahí en adelante la luciera David Beckham. Era el comienzo de una nueva era a la que Emin entró por la puerta grande para pasar a ocupar, en vida, un lugar de relevancia cultural inmediata que muy pocos artistas visuales llegan a conocer. Esta transición veloz que tuvo lugar a lo largo de dos décadas la dejó parada donde está ahora: a punto de cumplir cincuenta, girando por Latinoamérica y desempeñándose como jurado estelar en un reality show de la BBC sobre arte contemporáneo; una intelectual pública y una marca cultural, que vende obra a cientos de miles de libras a la vez que comercializa tazas de cerámica desde su página oficial. Expuesta en todos los frentes, fue blanco de duras críticas por su recientemente asumida posición política: muchos de sus colegas y buena parte de la intelectualidad inglesa progresista le hizo la cruz después de que en las últimas elecciones dijera haber votado al Partido Conservador, un poco apoyando la gestión del ministro de cultura Ed Vazey y otro poco porque los Laboristas “no compran obra”. Un personaje complejo dentro de una sociedad que, históricamente, se relaciona de manera compleja con sus artistas.

Uno de los eslóganes más resonantes de Louise Bourgeois afirma que el “arte es garantía de cordura”. Paralelamente, en el texto que el curador Philip Larratt-Smith escribió para el catálogo de How it feels, la muestra de Tracey Emin en en el Malba, se puede leer la idea de que “todo el arte de Emin puede entenderse como una apuesta a la integridad psíquica”. En ambos casos, el arte parece servir como combustible para un mecanismo de preservación personal; como si a través del arte se pudiese desagotar el agua de un bote que todo el tiempo se está hundiendo. How it feels es una muestra de cinco videos filmados entre 1995 y 2000, que conforman el núcleo duro del trabajo audiovisual de la artista y cuyo tiempo conjunto de reproducción no supera los cuarenta minutos. Un paseo por la sala podría hacerle sentir al espectador que está en una secuencia de The Cell, esa película inclasificable en la que Jennifer López, a través de un sistema de realidad virtual, se sumerge en el subconsciente de un asesino serial y se enfrenta a una sucesión de decorados muy al estilo Matthew Barney y Damien Hirst.

De pie en el corredor que conecta a todos los cuartitos de proyección se puede llegar a sentir algo parecido a estar inmerso en el cerebro de alguien especial. Brillos, melodías y murmullos se superponen pero solo superficialmente, sin llegar nunca a ser un caldo de sentidos cruzados, aunque generen un efecto de simultaneidad que tiene que ver con la actividad cerebral incontrolable y fraccionada. En el cuarto en el que se proyecta la pieza que le da nombre a la exhibición, una sincronía azarosa puede hacer encajar el alarido que suena en Homage to Edvard Munch and All My Dead Children –proyectada en la salita de al lado– con las partes más truculentas de la narración de Emin, como si un operador disparara en el momento justo el efecto de sonido correspondiente a “útero infectado a causa de mala praxis durante un aborto”. Por supuesto, este efecto se produce debido a una limitación espacial y logística, pero es difícil obviar la impresión. En este clima, el espectador podría estar representando un breve destello de concentración y autoconciencia que se posa sobre un pensamiento pasajero –o uno recurrente– para observarlo detenidamente y salvarlo de la dispersión.

En cada uno de estos trabajos (y en el resto de su obra en general) el interés principal no parece estar puesto en el medio sobre el cual trabaja. La construcción estética pasa a estar en un segundo plano y lo que queda es el mensaje, las ganas de comunicar. Igualmente, y yendo un poco más profundo, la raíz del talento de Emin reside en el acceso ilimitado que ella misma se otorga al depósito de todas esas experiencias traumáticas. Antes de poder comunicarlas hay que tener el temple para enfrentarlas, rodearlas, medirlas en toda su terrible extensión. La profundidad de las excavaciones sobre la superficie de su historia personal no deja nada sin descubrir, demuele esa típica pesadilla burguesa de volver un día a casa y encontrar las posesiones privadas expuestas en el medio de la calle, a la vista de todo el mundo. Después sí, con una admirable habilidad narradora toma esa materia cruda, ese tejido emocional increíblemente detallado que conserva en su memoria y lo transfiere directa y literalmente sobre el celuloide, o sobre papel, o sobre lienzo, o sobre una silla.

En este sentido es para remarcar que, de manera complementaria a la muestra, se haya publicado Proximidad del amor, una selección de textos escritos por la artista para el diario The Independent entre 2005 y 2009. La traducción es de Cecilia Pavón, una de las pocas personas del ámbito cultural que está capacitada para tratar la voz estratosféricamente romántica de Emin, tanto cuando viaja por las nubes como cuando se arrastra sobre la tierra, atada al dolor físico, al padecimiento, al desamor. Sin embargo, Emin es cautelosa al hablar de la relación entre arte y psicoanálisis, el eje principal del programa curatorial de Larratt-Smith: “En lo personal no tengo una relación con la terapia, aunque me gustaría tenerla. Hacer terapia puede resultar un poco tenebroso para los artistas. Puede destruir tu obra o hacerla mejor, es como una operación de los ojos. Hay algo tremendo en el hecho de poder ver de golpe”.

En el catálogo de Sensation, una fotografía la mostraba junto a una obra hoy desaparecida en la que podía leerse, recortada en tela, la frase “Museo: el mejor lugar para crecer”. Quizás un indicio sobre cómo Emin fue su propio ratón de laboratorio –de museo, en este caso–, evaluando el alcance de todas sus acciones, celebrando cada triunfo y padeciendo cada fracaso de su proyecto artístico que la llevó a convertirse en una celebridad. Su figura creció al resguardo de las instituciones, saliendo de tanto en tanto a recolectar la lluvia que caía en su intemperie emocional para echarla dentro de su propio barco y desagotarla, iniciando nuevamente el ciclo de producción de obra. Tal y como ella lo pone en las últimas líneas de uno de sus textos para The Independent: “El arte ha sido mi mejor amigo y mi guía espiritual, y en los peores momentos de mi vida me ha levantado del piso y me ha cuidado. Gracias, arte, te amo”.

HOW IT FEELS
En MALBA (Av. Figueroa Alcorta 3415, CABA). Hasta el 25 de febrero.

Proximidad del amor
(Mansalva)
130 páginas. Traducción de Cecilia Pavón.