Seguramente muchos mendocinos han probado los churros con chocolate de Churrico, una empresa que se fundó en 1969 y que hoy la continúan los nietos de César Agüero.
Agüero junto a su esposa Lucía y sus hijos Daniel y Liliana incursionaron en este rubro convirtiéndose en un clásico en la provincia.
Según cuentan sus nietos Julio y Luciana, el actor y comediante mexicano Mario Moreno "Cantinflas" tuvo mucho que ver en la fundación de la empresa, ya que en una de las visitas que éste hizo a Mendoza le cuestionó a César la falta de un negocio de churros en esta provincia.
Así, la familia Agüero, que para la mayoría de los mendocinos son "la familia Churrico", llevan varias décadas en el negocio y ahora han realizado una importante inversión con la intención de ofrecer una mayor variedad de productos al público y comenzar a tener franquicias.
De esta manera, el 4 de octubre, la firma inauguró su nuevo local en la esquina de Alberdi y O´Brien de Guaymnallén, con una cuidada estética y moderno diseño, que les implicó una inversión de más de 100 mil dólares.
"Para nosotros los churros son parte de nuestra vida cotidiana, entonces los vemos como algo normal. Pero la gente nos ve 'cara de churros' (risas) y cada vez que vamos a algún lugar esperan que llevemos un paquete y muchas veces nos olvidamos, porque como te decía para nosotros es algo común", cuentan los hermanos Julio y Luciana, quienes ofrecieron esta entrevista a MDZ Online y contaron con orgullo la historia de cómo se fundó Churrico.
Entre muchas de las anécdotas que comentaron aclararon que "el churro es más sano que una tortita, porque con el sistema de fritura que tenemos absorbe un 5 por ciento de grasa, mientras que la tortita tiene un 40 por ciento", dijo Julio, avalado por su hermana que es nutricionista y cuida cada detalle de los preparados gastronómicos que realizan.
Julio y Luciana ofrecieron la nota en el nuevo local de la empresa.
-¿Cómo fueron los inicios de la empresa?
Julio: - La empresa la funda mi abuelo con mi padre en 1969, en un local que está al lado del que hemos inaugurado ahora. Mi abuelo César falleció en 2001 y mi papá Daniel es la voz de la experiencia que guía a la tercera generación que se ha hecho cargo del negocio. El está siempre marcándonos el rumbo… Pero volviendo a los inicios de la empresa, en 1986, ellos inauguran un negocio en calle Lavalle al lado del Cine Ópera, con heladería y pizzería. En 1998, lo cerraron.
-¿Ustedes cuándo se incorporan al negocio?
Julio:- Nosotros nacimos acá. En mi caso, he estado desde los 15 años trabajando en la bacha, ayudando a lavar.
Luciana:- Aprendimos a caminar adentro del negocio…
Julio:- Mis viejos cuando se casaron, se mudaron a una casita que estaba cerca del negocio, entonces íbamos y veníamos de allá para acá por un pasillo que comunicaba ambas edificaciones.
-¿Cómo es que su abuelo decide abrir un negocio de churros?
Julio:- Mi abuelo era mozo en un hotel muy conocido y una vez se hospedó en ese hotel Cantinflas, que como buen mexicano venía con la cultura del chocolate con churro. Esta cultura, en realidad nace en España y llega antes a México que a nuestro país.
Mi abuelo lo atiende a Cantinflas y como nuestro abuelo era muy simpático y entrador, este actor mexicano le pregunta adónde podía ir a comer churros con chocolate. Mi abuelo lo llevó a lo de un gallego que era el único que lo hacía y que, en ese entonces, estaba en el Mercado Central. Y desde ahí que le quedó la idea dando vueltas. Pero antes de emprender este negocio, lo que hizo fue abrir un boliche en Chacras de Coria que se llamaba Stereo y fue uno de los primeros que hubo en esa zona. Era para ir a cenar y después bailar. Para entonces, estaba él, Sketch y Al Diablo.
Luciana:- Un amigo de mi abuelo que era de Lanús (Buenos Aires) venía seguido a Mendoza y él le pregunta por qué acá no hay locales donde se pueda tomar un chocolate y comer churros. Entonces, le dijo que tenía un primo en Avellaneda que poseía una fábrica de churros y le ofrece contactarlo.
Julio:- Allá se fue mi abuelo a ver de qué se trataba, consiguió un ingeniero que le diera bola y le hiciera la máquina de churros. Él siempre fue un soñador y pensaba en grande y por eso es que quiso hacer la máquina semi-automática que fabrica 200 churros cada 10 segundos. Así empieza con el negocio, comienza a realizar reparto a domicilio y un amigo le presta el local de San José para que se instale. Igual tiene una anécdota muy triste porque los primos de este hombre de Avellaneda le habían ofrecido venir a enseñarle cómo se hacía la masa, pero una semana antes de que viajaran para acá, les explota una caldera y fallecen los tres primos. Mi abuelo se quedó con la máquina y sin fórmula.
Luciana:- Pero se puso a practicar y a base de prueba y error logró la fórmula. Los vecinos del negocio nos cuentan que los invitaba a todos a probar para que le dieran su opinión y que lo veían revolear masa por todos lados. Pero terminó imponiendo los churros con chocolate en Mendoza.
Mirá el video y conocé la máquina que fabrica 200 churros cada 10 segundos:
-¿El nombre de dónde sale?
Julio:- En realidad no sabemos muy bien… Empezaron con otro nombre… En los inicios mi abuelo los hacía y mi papá los vendía en la feria. Pero no tenemos muy clara la historia del nombre.
-¿Por qué decidieron ampliar el negocio y ofrecer otras variedades de pastelerías y comidas?
Julio:- Cuando mi padre decidió abrir el local en la calle Lavalle con heladería y pizzería fue porque en el verano no salían los churros. Entonces trabajaba de marzo hasta octubre con churros y en el verano se quedaba sin trabajo. De todas formas eso lo hizo con un crédito y cuando se vino la hiperinflación tuvo que pagarlo con máquinas, con terrenos, con autos. Así, dijimos: "Empecemos de nuevo". Y aquí (por el local de San José), alquilamos durante 40 años. Después pudimos comprar la propiedad y decidimos ampliarla y tomamos la decisión de incorporar las pizzas y empanadas porque quienes nos conocían les gustaban y nos pedían que lo hiciéramos.
-¿Ustedes el negocio lo continúan por decisión propia…?
Julio:- Luciana es nutricionista y yo soy preparador físico, pero acá trabajamos los cuatro hermanos y entre todos tratamos de aportar lo que hemos aprendido para que el negocio crezca. Todavía hay mucho por hacer y por explotar. Por la mañana trabajamos con Luciana y por la tarde trabajan nuestros otros dos hermanos. Nos repartimos los turnos porque estamos desde las 7 de la mañana a 15 y de 17 a 1 de la madrugada.
-¿Y su papá qué dice de que hayan continuado con el negocio?
Julio:- Está contento porque así continúa el negocio en la provincia. Mi papá siempre nos dijo que con lo que él tenía podían vivir con mi mamá y nos dio opción a que eligiéramos lo que quisiéramos.
Julio y Luciana trabajan por la mañana y sus otros dos hermanos por la tarde.
Luciana:- Además, ahora ya está dando vuelta por acá la cuarta generación. Mis sobrinos también han aprendido a caminar en el negocio.
Julio:- Así, tuvimos la opción de elegir y los cuatro decidimos continuar con esto. Ahora estamos estudiando salir con franquicias y este nuevo edificio lo tomamos como un modelo. Calculamos que para 2014 podemos salir a ofrecer franquicias en la provincia. Nuestra idea es abrir entre 10 y 15 sucursales y sólo dedicarnos a producir.
Luciana:- La idea es que este local sirva de modelo para mucha gente que ya está viniendo y quiere la franquicia. Ya hay un montón de pizzerías, sangucherías, rancherías, pero churrerías no hay. Entonces, es un buen gancho para abrir las franquicias.
Julio:- Hay gente que hace churros, pero no hay negocios donde uno pueda sentarse exclusivamente a disfrutar de un chocolate con churros. Las claves para abrir una franquicia son tener una marca que tenga un prestigio, que sea reconocida y un producto exclusivo. La creadora de este local es mi esposa que es diseñadora de interiores, mi suegro es ingeniero en construcciones y nos hizo los cálculos del edificio. El proyecto lo hicimos entre mi papá y yo, sobre todo la parte funcional de la cosa, ya que la parte decorativa la hizo mi mujer María Laura Zalazar.
-¿El ser socios los ha unido más como hermanos?
Julio:- Es muy difícil. Nosotros venimos acostumbrados a esto desde chiquitos, cuando no estábamos en la escuela, estábamos en el negocio apoyando lo que nuestros viejos hacían. El tema de los almuerzos siempre fue el trabajo. Es inevitable mezclar. Hemos tratado de superar todo a fuerza de charla y charla y más charla porque es el motor para que las cosas salgan bien. Hay un dicho que asegura que la tercera generación es siempre la que funde las empresas y nosotros no nos queremos dejar llevar por el dicho popular. Por eso nos gusta hablar y solucionar todo con la charla y eso se lo debemos a nuestros padres que siempre nos enseñaron que la familia es lo primero y la plata lo último.
Luciana:- Mi papá cuando nos quería dar un ejemplo, sacaba un billete y nos decía: "Ven este, este no es San Martín es el diablo". Porque por la plata empiezan las peleas.
El álbum personal de los Agüero
Actualmente, quienes están al frente de la empresa son cuatro hermanos, que heredaron el negocio de su abuelo César y su padre Daniel, quien sigue trabajando con ellos.
Así, los cuatro hermanos son: Laura (tiene 35 años y es licenciada en Marketing), Julio (33, es preparador físico), Luciana (27, es nutricionista) y Facundo, que tiene 25 y desde que terminó al secundaria se dedicó al negocio familiar.
Los hermanos cedieron unas fotos de los inicios de la empresa para compartirlas con los lectores de este diario:
Cesar Agüero, creador de Churrico.
Cesar Agüero fabricando churros en una de las primeras máquinas que tuvieron en la empresa.
Una antigua foto de la empresa ubicada en San José, Guaymallén.
La empresa también tuvo un carrito móvil.
Cesar y algunos integrantes de su familia.
El local que abrieron en calle Lavalle de Ciudad.
Un recuerdo de la fábrica de los años '70.
Otra imagen de la máquina que fabrica los churros.