Entrevista con Michel Gondry

Un viaje en colectivo, y el desfile de unos veinte jóvenes neoyorkinos. Gondry plasma en The We and the I otro de sus juguetes visuales...

¿Cómo encontraste a los jóvenes actores de la película?
Estaba en Nueva York, donde quería filmar esta película desde hacía mucho tiempo, ya que no importa hacia donde orientes la cámara, siempre pasa algo. Primero traté de tener acceso a escuelas públicas, porque ahí era más fácil encontrar los grupos sociales más interesantes en mi opinión, es decir los desfavorecidos, pero solo obtuve rechazos. Finalmente encontré un centro de actividades extra escolares en el Bronx que se llama The Point. Hice ahí un taller, llamado “las películas del colectivo”, con los cuarenta primeros inscritos que tenían entre catorce y dieciocho años. Lo que quería era, sobre todo, hacer participar a jóvenes en un proyecto cinematográfico, y si salía bien, mucho mejor; si no, mala suerte. De hecho, me sirvió para guiar el montaje; estaba fuera de cuestión dejar a un chico en el camino: todos tuvieron derecho a su momento de atención, incluso con el riesgo de debilitar la película. Es un tema de ética.



¿Establecés una jerarquía entre tus películas más producidas y más guionadas y esta?
Para mí no hay una película mayor o menor. Lo que es seguro es que me presiono mucho para mis películas “pequeñas”, ya que no tengo ninguna presión que venga desde afuera, a diferencia de mis “grandes” películas, en las que la presión externa es demasiado importante como para que yo agregue más.

Los directores a menudo tienen la tendencia de firmar sus películas. Vos más bien tenés la tendencia de borrarte detrás de tus temas…
En efecto, yo prefiero que mi firma personal se establezca más sobre la esencia que sobre aspectos visuales. Me gusta mucho intentar todo el tiempo cosas nuevas, plantearme desafíos.

El teléfono celular tiene muchísima importancia en esta película. Es de cierta forma una película sobre la importancia que este objeto cobró en nuestras vidas…
Es una locura lo que se puede deducir de un mensaje de texto hoy. Por ejemplo, podés saber si una chica te está cagando solo leyendo entre líneas un mensaje. Y pasás enseguida a otra cosa. Todo va mucho más rápido.

Los intercambios entre estos jóvenes son muy duros, muy violentos, no hay concesiones y, casi, tampoco reconciliaciones…
Esta violencia es su cotidianeidad, sí, pero yo agregué un poco, te lo confieso. Las leyes son tan duras en Nueva York (se ve cuando el tipo pasa una noche en la comisaría porque se coló en el subte) que no hacen todo lo que se les ocurre. Me inspiré en ciertas tonterías que hacen mi hijo y sus amigos, que, dado su medio social, están más protegidos. En términos generales, detesto las películas en las que los jóvenes reproducen los comportamientos de los adultos, tipo Sa majesté des mouches. Intento hacer lo contrario: hacer que los adultos se acuerden de cómo eran cuando eran chicos.

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