Dio una lección de cómo jugar superclásicos. River fue vivo. Salió a la cancha como lo pedía el partido: metido, preciso y con ganas. Del otro lado, fue al revés. Boca estuvo al borde del papelón. El Millonario fue mucho más y volvió a tener una gran alegría después de mucho tiempo. Una venganza. Ganó 2 a 1, con goles de Ponzio, tras un error de Orión, y Mora, de gran partido. Descontó Silva, de penal, pero el equipo de Falcioni casi ni presionó.
En un partido chato, mal jugado y lleno de imprecisiones, el equipo de Almeyda hizo diferencia en la parte anímica más que en la del juego. Ganó las pelotas divididas, se mostró mejor físicamente y tuvo más pretensiones. Encontró un increíble gol al minuto de juego, cuando un tiro libre de Ponzio se le metió a Orión de manera increíble. No hubo mucho más en 45 minutos. Pocas situaciones mezcladas con errores defensivos, aunque el Millonario dominó.
En la segunda parte, el equipo de Falcioni lo fue a buscar pero se quedó en las intenciones. Entró Acosta por Clemente Rodríguez pero todo fue muy liviano, sin peso ofensivo. El uruguayo Mora, la gran figura del partido, estiró la ventaja con una gran definición. Silva, de penal, achicó las diferencias pero Boca no tuvo ideas para ir a buscarlo. El tanto no sirvió ni como para impulsar anímicamente al equipo.
Fue la gran venganza. River se dio el gran gusto de darle una pintada de cara a su eterno rival. Volvió a disfrutar y lo mereció. Jugó como lo exigía la circunstancia y se aprovechó de un adversario dormido que estuvo al borde del papelón. Por momentos, lo de Boca pareció de un equipo amateur.
Sobre la hora, Erviti marcó el empate para Boca
River ganaba 2 a 0 en el estadio Monumental, pero se durmió y el Xeneize festejó el empate.