No hablás mucho sobre tus orígenes. ¿Sos de Texas?
Wes Anderson: Nací en Houston pero estudié en Austin. Mi padre dirigía una agencia de publicidad y mi madre era arqueóloga, como la madre de Los excéntricos Tenenbaum. Mi madre pintaba también, creo que eso influyó mucho en mi mirada.
La infancia tiene un lugar importante en tu cine…
Es muy evidente en Moonrise Kingdom, ya que los dos protagonistas tienen doce años. Y en cuanto al conjunto de mis películas, sí, soy consciente de eso. Mi cine nace, creo, no de mi infancia sino de sentimientos que tenía cuando era niño.
¿Filmar, para vos, sería volver a sumergirse en la infancia?
En Moonrise Kingdom, sí. En las otras películas, no lo pensé. Filmé Rushmore, mi segundo largometraje, en la ciudad en la que hice mi secundaria. Evocaba y recreaba claramente los recuerdos de esa época. Siempre tengo la sensación de usar mis recuerdos de infancia pero al final sale algo que no tiene nada que ver con el recuerdo original.
En la mayoría de tus películas encontramos la misma escena: en un travelling, mostrás el decorado donde se sitúa la acción de la película como si se tratara de una casa de muñecas. ¿Por qué?
Es verdad, aunque entre una película y otra los movimientos de la cámara no se parezcan ya que a veces filmamos en decorados naturales y a veces en el estudio. Para mí, esto permite simplemente hacerle entender al espectador el lugar en el que nos encontramos. En Moonrise Kingdom, quería filmar a la familia en vivo y en directo, en su casa, como si algunas habitaciones tuvieran elementos mágicos, como el desván, por ejemplo.
Sos el único que filma este tipo de planos y que lo repite de película en película…
No lo sé. Es así como veo el mundo. No tengo la sensación de elegirlo, me viene de forma automática. Cada vez que trabajo en un nuevo proyecto, pienso que voy a hacer una obra diferente. Y cuando la película está terminada, la gente me suele decir que se parece a las anteriores (risas).
En Moonrise Kingdom hacés un uso casi conceptual de la música de Benjamin Britten.
Había decidido usar esta música antes de escribir la historia. Ella me inspiró. Al comienzo, no tenía ni idea de lo que iba a contar pero sabía una cosa: iba a estar esa escena en la que los chicos escuchan la música de Britten en su tocadiscos. Usamos El arca de Noé porque mi hermano y yo habíamos tocado y cantado esa canción cuando éramos chicos y a mí siempre me había encantado. A medida que escribía el guión, buscaba canciones de Britten que pudieran ir bien con las escenas. Fue tomando cada vez más lugar.
¿Fuiste boy scout?
Durante dos meses, pero fue un desastre. Yo sabía que nunca sería un buen scout, no tenía el talento necesario y el universo del scautismo no me tentaba para nada. El lado scout de la película viene principalmente de los dibujos de Norman Rockwell.
Encontramos en Moonrise Kingdom a tus actores predilectos, pero ya no en los papeles protagónicos…
Los dos protagonistas, acá, son los chicos. Como están en todas las escenas, los adultos se vuelven personajes secundarios. En mi próxima película, el protagonista, que está un poco loco, es asistido por un adolescente. Les daré los papeles a actores más conocidos que mis preadolescentes. Sigo ligado a mis actores fetiches aunque no sé todavía quién será el protagonista de mi próxima película.
Se dice que tus personajes eran adultos que no lograban volverse adultos. ¿Se puede decir que Moonrise Kingdom pone en escena a niños que se comportan como adultos?
Creo sobre todo que hay muy poca diferencia entre los adultos y los niños. Los adultos manifiestan solo un poco más de prudencia que los niños. Gracias a su simplicidad, los niños de la película logran comprender lo que pasa y comportarse como adultos. Esto aporta un sentimiento de equilibrio.
¿Qué posición ocupás en el cine estadounidense?
No lo sé. Tengo la sensación de que el cine estadounidense, la industria, cambia tan rápido que es difícil situarse. Mi posición debe modificarse con cada película. No tengo una visión clara de la forma en la que los estudios me perciben. Pasé tan poco tiempo en Los Ángeles que apenas conozco el medio hollywoodense. Lo que sé es que el cine se volvió un ámbito en el que los responsables, los interlocutores, cambian de una semana a la otra. No existe la menor consistencia.
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