La Fiesta Nacional de la Vendimia más triste de los últimos 75 años. Ese podría ser el título de la crónica sobre la suspensión de las repeticiones del espectáculo y del enfrentamiento entre el Gobierno y los 700 artistas que debían actuar en “Los rostros de la Vendimia”.
La gravedad de la situación y el papelón que a nivel nacional e internacional hizo la Provincia, obliga a repensar aspectos relacionados con la organización de la fiesta y a buscar que esta situación lamentable sirva para mejorar una celebración que es parte de nuestras tradiciones.
También obliga a escuchar todas voces: la de los artistas, la de los funcionarios y la de los hacedores de Vendimia, que hace tiempo impulsan cambios en la organización de la fiesta, porque después de 75 años de historia, la celebración no puede tener ni un mínimo porcentaje de improvisación, ni agujeros negros, que todos los años se subsanan con el esfuerzo y el desgaste de unos pocos.
Creer que los artistas pararon una fiesta por dos entradas que no les dieron es un planteo simplista, que oculta un fondo más complejo. En el conflicto hay responsabilidades compartidas entre el Gobierno y los bailarines y actores, aunque ahora todo se quiera cargar sobre las espaldas de estos últimos. Pese a esto, los hacedores de Vendimia consultados por MDZ coincidieron en que los artistas erraron el camino, equivocaron el lugar y el momento, le hicieron un daño irreparable a la imagen de la fiesta y de Mendoza, y que ahora deben asumir las consecuencias de sus actos. Pero también es cierto que los funcionarios deben asumir su responsabilidad por no advertir el conflicto, o por hacerse los distraídos, por mentir en lugar de decir la verdad y tratar de buscar soluciones, por aceptar que los proveedores entreguen los trabajados a medias y, sobre todo, por carecer absolutamente de una virtud indispensable para cualquiera que pretenda estar un cargo público: tener cintura política.
Un mecanismo complejo
Para pensar y llevar adelante una fiesta de la magnitud de la Vendimia, cuya organización es estatal, debe haber un equipo que sepa exactamente cómo resolver cada uno de los complejos mecanismos de la celebración. Y también es indispensable que se pongan en marcha controles estrictos para que los proveedores cumplan con sus obligaciones, o de lo contrario sean sancionados. Porque la Vendimia, más allá de una tradición, es un gran negocio para mucha gente, un negocio que se lleva un porcentaje importante del presupuesto de la Secretaría de Cultura, unos nueve millones de pesos.
Es imposible organizar una fiesta de la magnitud de la Vendimia en unos meses y es un absurdo, sobre todo si se tiene en cuenta que el Gobierno tiene un año entre una celebración y otra. Claro que existen trabas, porque no hay una ley general sobre la fiesta –existen proyectos en la Legislatura- y algunas licitaciones se concretar tarde, aunque no es necesario esperar que los legisladores aprueben el presupuesto, porque desde Cultura sólo deben pedir una excepción al Ministerio de Hacienda, hasta tanto salga la norma de gastos. Este mismo mecanismo lo utilizan las áreas de Salud y Seguridad, porque de lo contrario no podrían funcionar hasta que se apruebe la pauta de gastos.
Es una cadena: si las licitaciones se demoran, el trabajo se hace y se entrega rápido y sin demasiados controles, porque lo que importa es que las cosas estén listas como sea y, en ese como sea, casi siempre se ocultan bombas que pueden estallar en cualquier momento, en el peor de los casos, el día de la fiesta.
Es justo decir también que hay aspectos organizativos que mejoraron. Desde 2001 el staff de la fiesta se elige por concurso, lo que democratizó la selección de los artistas que contarán ese año la historia en el Frank Romero Day.
Desde 2003 se realizan los foros vendimiales, donde sus hacedores proponen los cambios necesarios para mejorar la fiesta. Aunque las opiniones no son vinculantes, desde ese ámbito surgieron aportes importantes, que luego se pusieron en marcha. Sólo por dar algunos ejemplos, el artista Claudio Martínez propuso trabajar con un presupuesto dinámico, es decir que en lugar de especificar cuánto dinero debería ser destinado a vestuario, video etc, se diera un monto total y el staff lo reparta según la idea de la puesta. También en esos encuentros, Sergio Grass propuso televisar el espectáculo con un guión, otros incluyeron la idea de que los solistas sean seleccionados por el director de la fiesta, ampliar la capacitación de las reinas, darle votos al público y la obligación de que exista un porcentaje de música en vivo.
En el 2009, los directores de la fiesta propusieron a Cultura llamar a concurso para dos celebraciones en un mismo año. Esto permitiría, con mucha anticipación, saber quienes estarían al frente del espectáculo y trabajar con tiempo. La Secretaría tomó la propuesta y prometió estudiarla, pero nunca dio una respuesta concreta. Ahora, es el momento de analizar todas estas ideas.
El papelón internacional y el daño a la imagen de la Provincia, obliga a los hacedores de Vendimia, a sus representantes gremiales, a los funcionarios y a los proveedores a repensar lo sucedido y a utilizarlo para que la celebración se profesionalice, si no, será en vano que la Fiesta Nacional de la Vendimia del 20011 haya sido la más triste de los últimos 75 años.