El embajador argentino en Brasilia, Juan Pablo Lohlé, alterna bocados de mango con respuestas, generalmente extensas, sobre cuánto hay de “continuidad y cambio” en las relaciones bilaterales a partir de la llegada de Dilma Rousseff a la presidencia.
Habitualmente, los diplomáticos se comunican a través de silencios y gestos, y los de Lohlé en el desayuno de trabajo con Página/12 dejan ver que el Palacio del Planalto y la Casa Rosada están “afinados” en vísperas del encuentro que la semana próxima animarán las presidentas Cristina Fernández y Rousseff, quien escogió Buenos Aires como primer destino internacional.
Es posible que en la agenda haya temas obvios, como Mercosur, ríspidos como el déficit comercial argentino, y las relaciones de ambos con Irán, y otro casi inédito, derechos humanos, asunto sensible a la presidenta brasileña, que combatió y fue prisionera de la dictadura. Claro que puede haber sorpresas en la diplomacia de tacos altos y boquitas pintadas que estrenarán Cristina y Dilma.
–¿Cuál será la marca de la relación de las primeras presidentas electas de Argentina y Brasil?
–Hay un cambio de matriz, hay un hecho concreto nuevo que es que hay dos mujeres en las presidencias de Argentina y Brasil, dos mujeres de caracteres fuertes. Esto nos está diciendo que se inicia un período nuevo, pero de todos modos considero que será una etapa en que se le dará continuidad a todo lo que se ha avanzado en estos años. Hay continuidad en la visión de América del Sur.
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