Nuestra piel cumple diferentes funciones, entre las que podemos mencionar: Actuar como barrera a los agentes externo (físicos, químicos y microbiológicos) que pueden agredirla. Contener los receptores que perciben las diferentes sensaciones y Regular la temperatura de nuestro cuerpo.
Está formada por tres capas: la más externa denominada epidermis, la capa media dermis donde se ubican los vasos y las terminaciones nerviosas y la más profunda hipodermis compuesta por tejido graso.
El invierno es la época del año en la que nuestra piel sufre un mayor desgaste por las agresiones provenientes del clima: El viento, las bajas temperaturas, la nieve, la baja humedad y los ambientes muy secos por el uso de calefacción. Ante algunas de estas situaciones se activan mecanismos para impedir la pérdida de calor, como son: La vasoconstricción, la menor sudoración y disminución de la producción de lípidos (grasas) de la epidermis entre otros.
Como consecuencia de esto se produce una disminución de la lubricación de la piel lo que lleva e ver con frecuencia signos como descamación, sequedad, enrojecimientos, acentuación de los surcos y aparición de arrugas finas no solo en nuestra cara sino también en cuello, manos y en la piel de todo el cuerpo.
Algunas conductas que podemos adoptar para minimizar los efectos del frío sobre nuestra piel son los siguientes:
*Evitar los cambios bruscos de temperatura como también el consumo de alcohol y tabaco, su exceso tiene efectos negativos sobre la apariencia de la piel. Es importante no estar en ambientes cerrados contaminados de tabaco. Es aconsejables ingerir diariamente abundante agua para mantener una buena hidratación.
*Consumir una dieta balanceada y saludable, ya que nuestra piel es el reflejo del estado interno del organismo.
*Usar jabones neutros o hipoalergénicos, cremas hidratantes (preferiblemente sin fragancias) en todo el cuerpo con mayor frecuencia y abundancia que en otras épocas del año. Demaquillar y lavar la piel del rostro mañana y noche, esta limpieza elimina bacterias, grasa, células muertas, sudor y otras impurezas.
*Cuidar nuestras manos, la piel de las manos es más fina y con menos glándulas sebáceas por lo cual tiende a secarse. Debemos usar cremas humectantes luego de sus lavados y protegerlas del frío y de productos abrasivos con el uso de guantes. Humectar codos y rodillas. Proteger nuestros labios de la resequedad usando cremas o gel de vaselina, glicerina, etc.
*Tomar baños cortos (no más de diez minutos) con agua tibia para evitar que se eliminen los aceites naturales de la piel que mantienen la humedad y la hidratación.
*Usar siempre ropa de algodón en contacto con la piel, evitar directamente fibras como lana, nylon y otras irritantes que la resecan.
*Protegernos de la exposición a los rayos ultravioleta, ya que el sol en invierno calienta menos pero sus rayos siguen siendo los principales agresores para la piel, causando envejecimiento prematuro y desarrollando manchas y cáncer de piel. No descuidarse del reflejo del sol sobre superficies como arena, agua, nieve y asfalto. Aplicar un protector solar diariamente en el rostro, factor 15 por lo menos y si se va a permanecer al aire libre repetir varias veces al día.
Por último saber que muchas enfermedades de la piel pueden empeorar en invierno, como la psoriasis, dermatitis seborreica, rosácea y otras, ya que el exceso de calefacción seca el aire y altera la barrera cutánea protectora favoreciendo la dermatitis irritativa y alérgica, en estos casos debe consultarse al dermatólogo para su correcto tratamiento.
Dra Analía Dierna
Dermatóloga
Centro Terra