Los bávaros vivieron la derrota en silencio

Cientos de españoles exultantes festejaron ruidosamente en Munich ante miles y miles de alemanes desencantados y silenciosos: un espectáculo que parece imposible de ver en la Argentina.

Foto: Agencias
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MUNICH.- Se prepararon para una fiesta y terminaron de espectadores de la celebración de otros. Cientos de miles de alemanes que se concentraron hoy en esta ciudad para ver lo que esperaban fuera el pase de su seleccionado nacional a la final del Mundial de Fútbol regresaron silenciosos a sus casas, mientras algunos centenares de españoles festejaban ruidosamente delante de ellos. 

Los alemanes son muy futboleros, pero a la hora de la derrota toleran en silencio el festejo del rival. Este cronista puede dar testimonio de ello, tras vivir una experiencia sencillamente imposible en la Argentina: Retornar del centro de la ciudad en un subterráneo atestado, donde un 20% de los pasajeros eran españoles con camisetas, embanderados, con las caras pintadas, con gorros, porras, caretas y toda clase de adminículos con los colores de la selección de su equipo, que acababa de derrotar a los alemanes. 

Los locales iban, en su enorme mayoría, igualmente embanderados y caracterizados, tristes y en silencio. Apenas horas antes habían colmado el estadio Olímpico de la ciudad donde por seis euros la entrada podía contemplarse el partido en pantallas gigantes. El clima del estadio era tal que parecía que el encuentro se desarrollaba allí. 

Desde que fue sede de las Olimpíadas de1972, con su entonces modernísimo diseño, fue el más grande la ciudad. Hoy colgó el cartel de "localidades agotadas". 

Ahora el más grande es el Allianz Arena. En 2001 los bávaros votaron que querían la construcción de un nuevo estadio, en lugar de remodelar el olímpico y así se hizo. También el Allianz, donde el Bayern Munich juega de local estuvo colmado. 

Pero no sólo eso. Las calles del centro histórico, colmadas de bares y restaurantes que colocaron pantallas gigantes, estuvieron colmados de hinchas locales. Familias enteras, grupos de jóvenes, parejas de cualquier edad. 

Los mozos y mozas de confiterías y restaurantes, los empleados en los mostradores y bares de los hoteles, todos estaban con corbatas con los colores nacionales y las caras pintadas con pequeñas banderitas. 

Tras el final del encuentro las calles en torno a la Marienplatz, la hermosa plaza del centro histórico con su exquisito edificio del viejo ayuntamiento, se colmaron de alemanes que huían raudos y silenciosos a sus casas, mientras una minoría de españoles ruidosos cantaba y coreaba. Los pocos ibéricos dispersos buscaban a otros connacionales a los gritos y cuando los encontraban cantaban y se abrazaban, ante la indiferencia general de los germanos. 

Las redes del subte traían al centro a los miles de desencantados que volvían de los estadios, que se cruzaban con los españoles que marchaban hacia otro sitio. 

Cerca de la universidad, en una zona de bares apenas alejada del centro se concentraban los festejos de los bulliciosos españoles. Los alemanes corrían prestos a sus casas. En los grupos y parejas casi ni hablaban entre ellos. 

(*) Información provista por Canchallena.com

 

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