Trabajar siempre, hasta que la muerte nos separe

¿El fin de las jubilaciones ha llegado? Europa, el paraíso del cumplimiento de los derechos humanos le está dando de baja a los grandes acuerdos de posguerra sentados sobre la base de un "Estado de bienestar". ¿Un mundo en el que los cuarentones de hoy no serán jamás jubilados? Entrá, leé lo que está pasando y participá del debate.

Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

El mundo soñó, durante mucho tiempo, con que cada vez las personas trabajarían menos, con la ayuda de la tecnología. Pero parece que el fuerte golpe de la crisis europea está despertándonos de aquello y metiéndonos en una pesadilla.

Los primeros europeos en jubilarse a los 67 años serán los españoles y la nueva aventura de financiar a estados flacos de recursos comenzará en 2013.

De esta manera, los jubilados del futuro o dicho de otra forma, los treintones y cuarentones de hoy, serán (¿seremos también aquí?) la variable de ajuste de las crisis económicas.



El “Estado de bienestar”, ese pacto de las naciones del mundo firmado tras la Segunda Guerra y constituido con los aportes y contribuciones de los asalariados, bajo la promesa de recibir al final del ciclo productivo una jubilación, se cae a pedazos y nadie atina a levantarlo. La peor de las señales las está dando el socialismo, su eterno defensor que está –al menos en España- entregando la gran conquista a cambio de un poco de desahogo en sus finanzas.

“Esta visión, que para muchos europeos es una alternativa a lo que consideran el capitalismo desalmado de Estados Unidos, se tambalea como nunca antes debido a la crisis derivada del endeudamiento europeo”, escribió días atrás el periodista de AP Michael Wissenstein, sumándose a un debate que cada ocupa más lugar en los medios y que a algunos incrédulos les suena a “globo de ensayo” social, para medir hasta dónde los pueblos están dispuestos a aceptar esta transformación profunda.

Aquellos fondos de los contribuyentes se esfumaron –según cuenta, por ejemplo, Ismael Bermúdez en el diario Clarín del domingo- “colocados por los gobiernos o fondos privados en bonos, acciones y otros papeles que financiaron subsidios y apalancaron beneficios extraordinarios que se escurrieron por los poros de la acumulación de capital”.

El mismo autor da cuenta que en 2008, según la OCDE, “los mercados de valores de los países desarrollados perdieron el 43% de su valor. Sólo en EE. UU., el valor de los activos de los planes de pensiones descendió cerca de US$ 4 billones”. En 2009, tuvieron una pérdida del 20%, en tanto para los Fondos de Pensión públicos “las pérdidas representaron hasta 5 años de ingresos en concepto de inversiones o el 25% del valor de los activos netos”.

Mientras todo eso ocurre en Europa, en la Argentina la oposición intenta marcarle la agenda al Poder Ejecutivo y sale a reclamar la aplicación del 82 por ciento móvil a las jubilaciones. Pero no debe compararse el poder adquisitivo de los jubilados de uno y otro lado del océano, dicen, aun cuando en enero se registró el mayor nivel de pobreza en sus retirados desde que se tenga conocimiento.

José Carlos Llop, en una columna publicada por el Diario de Mallorca, se metió también con este asunto de fondo, más allá de la coyuntural crisis. Escribió: “El concepto de Estado de Bienestar alemán alcanzaba muchas cosas. Cosas insólitas que aquí nunca nos habríamos ni imaginado. El Estado del Bienestar no significaba atención médica y cobro de las pensiones. No sólo, quiero decir, sino que encerraba muchas cosas más y eran esas cosas las que –con toda lógica– peligraban–. Dentro del Estado de Bienestar alemán entraban hasta viviendas públicas gratuitas para artistas, talleres teatrales –su espacio– también completamente gratis, desaforado fomento del arte contemporáneo –donde entraba desde la obra de valía hasta el delirio del locoide–... Esas eran algunas de las cosas –había muchas más– que configuraban el Estado del Bienestar que peligraba. Imaginen: si para eso había dinero, ¿para qué no debía haberlo?”.

Cambio de tiempo más que coyuntura difícil

La postergación de la edad jubilatoria en Europa, país por país, según explicó Francisco Jueguen, periodista especializado de La Nación, será más o menos así, más allá de lo indicado sobre España:

En Francia, además, el aumento de la edad mínima de la jubilación -que se aplicaría progresivamente desde 2011 a 2018- supone incrementar de 65 a 67 años la edad necesaria para que no haya ninguna penalización en la pensión por retirarse prematuramente. El período de años aportados requerido para cobrar una jubilación completa crecerá hasta 41 años y medio.

En Italia los hombres se jubilan a los 65 años mientras que las mujeres a los 60 (en ambos casos con 35 años de aportes). El plan de ajuste presupuestario del gobierno de derecha plantea que desde el 1° de enero de 2012 las mujeres que trabajen en la administración pública deberán jubilarse a los 65 años o después de 40 años de aportes.  El gobierno había previsto llegar a la equiparación entre hombres y mujeres en 2018, pero el Tribunal de Justicia europeo le exigió, ante la fenomenal crisis que arrasa a Europa, que lo hiciera antes de 2012.

Antes de que explotara la crisis, Alemania, el ejemplo del Viejo Continente, aprobó en 2006 una reforma del sistema de pensiones cuyo elemento clave es un aumento paulatino de la edad de jubilación, que en ese momento estaba en 65 años, a los 67 años. La edad de retiro empezará a aumentarse en 2012 y jubilarse antes de los 67 años seguirá siendo posible pero implicará aceptar una rebaja en el monto de la pensión.

En tanto, en Dinamarca dieron luz verde en 2006 a una reforma que elevará la edad de jubilación de 65 a 67 años entre 2024 y 2027 y la de la jubilación anticipada de 60 a 62 años entre 2019 y 2022. A partir de 2025 las autoridades danesas indexarán la edad de jubilación en función de la esperanza media de vida.

Desde el año que viene, Noruega implementará un sistema de jubilación flexible, que entrará en vigor progresivamente a partir de 2011, y que permite jubilarse desde los 62 y hasta los 67 años, incentivando a quienes pospongan la edad de retiro. La nueva normativa fue aprobada el año pasado en medio del cimbronazo financiero.

Mientras que Suecia tiene un sistema similar al noruego, que hace posible una jubilación flexible desde los 61 años e introduce también una serie de incentivos, de forma que la pensión anual puede aumentar hasta un 60 por ciento para quienes retrasen su jubilación hasta la edad límite de 67 años. En Bélgica, la edad de jubilación legal es de 65 años, aunque también es posible desde los 60 con la condición de tener 35 años de trabajo profesional.