El 22 de junio de 2006 Ghana dio la sorpresa. En su primera participación en una Copa del Mundo, los africanos se habían clasificado a octavos en el Mundial de Alemania tras dejar en el camino a Estados Unidos. Perder con Brasil en esa instancia no los desanimó y, en Sudáfrica 2010, doblaron la apuesta: se metieron entre los ocho mejores del torneo.
Las Estrellas Negras también son profetas en su tierra: fueron el único equipo africano que pasó de rueda. No es casualidad. El respeto que supieron ganarse en las categorías juveniles ya tiene resultados en las grandes ligas de la FIFA. Después de los dos títulos Sub 17 conseguido en los noventa, se consagraron campeones del mundo Sub 20 en la última Copa del Mundo de la categoría, en Egipto.
Este equipo también superó la ausencia de su crack. Michael Essien era el termómetro. Pase, quite y criterio lo convirtieron al volante de Chelsea en un jugador de proyección internacional. Días antes del Mundial, una lesión lo marginó, pero los ghaneses no se desvanecieron ante su ausencia.
El serbio Milovan Rajevac, el DT, tomó la base de 2006 y sumó los nuevos talentos juveniles para delinear una selección más europea que africana. Ordenado en el fondo, aguerrido en el mediocampo y oportunista en el área, el serbio moldeó un equipo incómodo. Lejos del brillo de los africanos, las Estrellas Negras practican un estilo opaco. Más especulador que audaz, Ghana divide la posesión con su rival y aprovecha la eficacia de sus hombres de ataque. En ningún partido tuvo más la pelota que sus rivales, inclusive cuando jugó más de 60 minutos con un futbolista más ante Australia.
Richard Kingson en el arco, John Mensah y John Paintsil son los estandartes en la última línea. Los guardianes del mediocampo son Kevin Price Boateng y Anthony Annan. El polémico Boateng, alemán de nacimiento pero de madre ghanesa, no sólo será recordado por la patada que dejó a Michael Ballack afuera del Mundial. Corre, quita, asiste y también hace goles. Su agresividad y su voz de mando lo convirtieron en uno de los líderes del equipo.
En los últimos metros, Ghana cuenta con su arma más peligrosa. Asamoah Gyan es letal. Ni Didier Drogba ni Samuel Eto'o, el máximo artillero africano es el moreno que vista la n°3. El único punta de las Estrellas Negras es un oportunista: pese a las pocas situaciones de gol que genera el equipo, Gyan convirtió tres goles.
Arrancó su campaña con una victoria ante Serbia. Los europeos habían hecho más méritos, pero un infantil penal de Zradvko Kuzmanovic a siete minutos del final le sirvió en bandeja el triunfo a Gyan desde los 12 pasos. En el segundo encuentro, ante Australia, Ghana tuvo la chance de asegurar la clasificación. Tras arrancar 0-1, empató de penal. Pese a tener un jugador más durante 63 minutos, al conjunto africano le faltó audacia para llevarse los tres puntos. En último turno llegó Alemania. En un encuentro parejo, Ghana perdió 1 a 0, pero se clasificó porque Serbia ni siquiera logró empatar ante Australia.
Pese a su regular producción en la fase de grupos, en octavos volvió a sorprender. Venció 2 a 1 a Estados Unidos, en el suplementario, en uno de sus mejores encuentros. Gyan liquidó el partido en tiempo suplementario, tras un error en la defensa estadounidense.
En cuartos lo espera Uruguay, un rival que ya transitó por estas instancias. Por dolencias musculares, está en duda la presencia de Boateng y Gyan, aunque Rajevac los arriesgará ante la importancia del encuentro. Desde el banco asoma Sulley Muntari, el delantero que, luego de algunos altercados con el entrenador, perdió su lugar entre los titulares. El atacante de Inter puede ser la pieza de cambio que recargue la ofensiva de los africanos.
Horas antes del choque ante los sudamericanos, en la concentración abundan las sonrisas y las bromas. Con la sensación del deber cumplido, Ghana quiere hacer historia. La esperanza africana está intacta.
*Información provista por canchallena.com
Copyright 2010, SA LA NACION