JOHANNESBURGO.- Carlos Tevez se ganó un lugar en los once de Diego Maradona por su característico esfuerzo dentro de la cancha. Por ese plus que otorga en su despliegue, en su generosa entrega en cada pelota, en su incesante andar. Rasgos admirables que lo transformaron en el Jugador del pueblo.
Pero Carlitos, a no olvidarse, es un delantero. Y los delanteros viven del gol. Por eso, en la conferencia de prensa que ofreció entre los partidos ante Nigeria y Corea del Sur, deslizó cierto inconformismo porque su labor en el equipo se restringía al sacrificio, lo que le quitaba posibilidades en la ofensiva.
En el cruce de octavos hizo todo eso: corrió, metió, marcó, se retrasó para recuperar la pelota. Pero a su habitual repertorio de entrega le agregó los goles. El primero, en offside, pero ubicado donde debía estar, a la espera de un rebote.
Y el segundo, a los 6 minutos del complemento, para coleccionar en este mundial. Un quirúrgico remate desde afuera del área, inalcanzable para el Conejo Pérez, que desató un grito contenido y lo erigió como la figura del encuentro. "Sí, fueron dos goles importantes. Por suerte se me abrió el arco; estoy contento", dijo Carlitos después del 3-1.
Su compromiso con la camiseta celeste y blanca es tal que, cuando se enteró que debía salir en reemplazo de Verón, su cara lo dijo todo: estaba disgustado, quería permanecer en cancha y seguir jugando, como lo hacía en los potreros de Fuerte Apache. Como lo hizo toda la vida, con sacrificio.
(*) Información provista por Canchallena.com
Copyright 2010, SA LA NACION