Mientras Diego Maradona intentaba tomar distancia del episodio que lo vincula estrechamente con un grupo de barrabravas, en uno de los dos accesos al predio del HPC de Pretoria el inspector Pablo Fernández Toucido se esforzaba para hacerles comprender a sus colegas sudafricanos que permitieran el ingreso de los familiares de Sergio Agüero. Fernández Toucido es el jefe de la seguridad del seleccionado y fue anteayer el interlocutor directo con los barrabravas que irrumpieron en la casa del plantel con la inverosímil razón de exigir algún equipaje perdido tras compartir el vuelo SA227.
"¿Qué va a pasar cuando lleguen los otros barras? Puede pasar lo que pasa todos los fines de semana en Buenos Aires", dijo seco y tajante. El diagnóstico del terror es del hombre que vela por la seguridad del seleccionado. El oscuro presagio de Fernández Toucido se proyecta a unos pocos días, cuando desembarquen aquí los muchachos de Hinchadas Unidas Argentinas. En Pretoria convivirán pronto cientos de barras que se identifican en su capacidad de hacer negocios, así como en tejer alianzas y traiciones contextualizadas bajo la sombra clandestina de la cultura del aguante.
Fernández Toucido es uno de los ocho efectivos de la Policía Federal en el Mundial. No es un desconocido del mundo de las barras. Trabaja desde hace seis años en el área de seguridad en espectáculos deportivos, pero no a las órdenes de Pablo Paladino, sino que responde directamente a Néstor Valleca, el jefe de toda la fuerza policial. "Claro que los conozco a los muchachos que vinieron porque organizo operativos todos los fines de semana", aclaró sobre el diálogo que tuvo con cuatro integrantes de una facción rebelde de la barra de Boca, que se hace llamar la "banda oficial" del seleccionado. "Solucioné un problema. Eso fue lo que pasó", explicó sobre el intercambio de palabras con los barras: "Vinieron al predio y se fueron. Listo".
El líder del grupo de Lomas es Marcelo Aravena, que goza en Buenos Aires del beneficio de la libertad condicional después de 13 años en prisión. Sin embargo, envió a Pretoria a sus discípulos: Lanas, Chueco, Lobito y Duchín, entre otros. Todos ellos fogonean el regreso de Rafael Di Zeo para volver a colonizar las tribunas de la Bombonera. Además, cuentan aquí con el respaldo de los muchachos de Ariel Gusano Pugliese, un barrabrava de Chicago que fue parte de la tropa kirchnerista que increpó al periodista Gustavo Noriega en la presentación de su libro Indek: historia íntima de una estafa .
Así como Fernández Toucido reconoció conocer a los barras, Carlos Bilardo, en su extraño cargo de manager, también lo había hecho en un diálogo con LA NACION, en diciembre pasado. "Yo fui testigo del Abuelo [José Barrita, ex jefe de la barra de Boca], iba a la casa y cuando cayó en cana lo fui a visitar. También los conozco a los hermanos Di Zeo y a uno de Estudiantes, del que soy padrino del hijo", reveló Bilardo, que el año pasado fue denunciado por la ONG Salvemos al Fútbol por favorecer con entradas a barrabravas de Boca y Estudiantes para el partido de las eliminatorias entre la Argentina y Venezuela. Además, el secretario técnico dijo: "Acá no hay ninguna barra oficial. Si yo armo algo voy en cana".
Diferente fue la retórica de Maradona, que negó ayer cualquier vínculo con los barras de Boca, quienes se jactan de su cercanía al DT por haber asistido a los mundiales del 86 y del 90 bajo el liderazgo del Abuelo Barrita.
Una historia oculta es la de Fernández Toucido. El inspector tuvo que apresurar su viaje a Pretoria porque el cuerpo técnico habría decidido a último momento excluir de la comitiva a Alberto Capuchetti, un comisario retirado que estuvo a cargo de la seguridad en AFA durante ocho años. Capuchetti mantiene vínculos de acero con Julio Grondona. Además, uno de sus hombres más cercanos, que también fue dado de baja de la comitiva mundialista, no era bien visto por el círculo íntimo de Maradona.
Con los cambios y todo, nadie pudo detener el estallido de los barrabravas, un episodio que deja en evidencia una peligrosa convivencia.
Fuente: Canchallena