La capa debe agradar a la vista. Quizás usted prefiera un color claro, o quizás uno Maduro u oscuro. De cualquier manera, el color debe ser uniforme en todo el puro y la hoja de capa debe tener cierto brillo. No se preocupe si aprecia alguna mancha blanca o verde. Estos son efectos naturales, puntos de belleza si así lo quiere, que aparecieron durante los procesos de crecimiento o de curación. Ninguno de ellos afecta la calidad del puro.
Palpe el puro suavemente, presionándolo ligeramente entre sus dedos gordo e índice para verificar su estado. Lo debe notar firme pero no duro al tocarlo.
Disfrute de los aromas que emanan de una hoja bien curada, que siempre constituye un anticipo de los sabores que posteriormente disfrutará.
El sabor solo puede evaluarse al fumar; todo un reto si consideramos que existen más de 220 puros distintos y 32 marcas diferentes de Habanos, cada una con su propio estilo.
A los que se inician, se les aconseja experimentar con alguna vitola de referencia, que exista en varias marcas, tales como la Mareva.
Comience con una de las marcas de menor fortaleza, su tienda de puros le podrá aconsejar sobre los diferentes sabores.
Para los fumadores más experimentados, la mejor guía es la cantidad de tiempo con que cuenten.
Recuerde que un Habano de tripa larga se hace de forma tal que su sabor se intensifique por etapas a medida que usted lo fuma.
Sería una verdadera pena abandonar un Habano, antes de que haya tenido tiempo de mostrar sus verdaderas características. Así que seleccione una vitola que usted tenga tiempo suficiente de disfrutar desde el principio hasta el final.
Cómo degustarlo
No inhale, no se trata de un cigarrillo. Aspire suavemente hasta que el humo llene la boca y permita que se regodee en sus papilas gustativas.
Relájese y saboree los sutiles sabores y aromas de la ligada de ese Habano.
No deslice ni intente retirar la anilla, ya que corre el riesgo de rasgar la capa, y así arruinar su puro.
No hay problema alguno en volver a encender su Habano si se apagara. Pero primero retire toda la ceniza suelta o le resultará difícil volver a encenderlo.
Se puede fumar un Habano con pleno disfrute probablemente hasta las tres cuartas partes de su tamaño. No se preocupe por la longitud y la suerte que corra la ceniza. No se debe golpear nerviosamente un Habano para sacudirle la ceniza, tal como uno hace con un cigarrillo. Permita que la ceniza caiga por sí misma, preferiblemente sobre un cenicero.