Una atmósfera mundialista en construcción

Una inmensa pelota de fútbol sonríe a modo de bienvenida desde el techo de la remozada sala de arribos del aeropuerto O.R. Tambo. Es el ingreso a un país redondo. Es el paso inicial donde desembarcó la gran industria de la FIFA para montar el Mundial.

Foto: efe
Foto: efe

Una inmensa pelota de fútbol sonríe a modo de bienvenida desde el techo de la remozada sala de arribos del aeropuerto O.R. Tambo. Es el ingreso a un país redondo. Es el paso inicial en un continente desfavorecido, en donde desembarcó la gran industria de la FIFA para montar por primera vez el Mundial en suelo africano. 

Basta con recorrer el trayecto que une al aeropuerto con Pretoria para percibir que Sudáfrica es todavía un país en construcción. Montañas de tierra a la vera de una autopista reducida en carriles y obras en pleno proceso. Hay obras en las rutas y en las calles. El ronroneo de las máquinas es intenso. Es ruido de progreso. Pero también es la incómoda melodía que acompaña el retrato de una nación que corre desesperada por lucir plena y en orden para el comienzo del Mundial, previsto para el 11 de junio. 

Difícilmente en dos semanas se completen los trabajos que hoy ganan las calles y los alrededores. Tampoco se pondrá en marcha el tramo completo del tren de alta velocidad, una de las grandes obras públicas que multiplicó gastos y que disparó el presupuesto, que ya creció más de diez veces de lo imaginado inicialmente. El Mundial superó en gastos ya los 4000 millones de dólares, según fuentes de la organización consultadas por canchallena.com. Y eso que en mayo de 2004 la FIFA anunciaba orgullosa que la inversión en organizar el torneo iba a ser de apenas 476 millones. 

Pasó el horario de congestión, pero el tránsito se mantiene flemático a causa de la reducción de calzadas. "Durante las horas pico no se puede andar. Aquí hay que salir a todos lados con una hora o un poco más de antelación. La mayoría se moviliza en autos porque el transporte público es muy malo", advierte con perfecto castellano Sue, una sudafricana con raíces españolas que trabaja en una agencia de viajes y turismo. Sue recomienda a los visitantes no tomar taxis ni andar por la calle después del atardecer. Sue quiere llevar agua para su molino. Ofrece los buenos servicios de la empresa para la que trabaja. El Mundial, sin dudas, será una buena oportunidad para algunos de los flacos bolsillos sudafricanos. 

En la llegada a Pretoria, el camino se pierde en el horizonte de una ciudad de quebradas y altibajos. Atravesar el barrio de Hatfield, donde se hospedará el seleccionado argentino, es recorrer un sitio de calles adoquinadas con casas de techos bajos y residencias que en su mayoría son embajadas. Hay una agradable simetría que genera una atmósfera cálida y saludable. Es aquí donde descansarán los sueños de la Argentina. Hasta se observan algunas banderas celestes y blancas. Se dice que abrirá aquí un bar con acento criollo. Hasta uno se puede cruzar con algún argentino en uno de los mercados de la zona. Es gente de la diplomacia. Es gente que también espera con ansias el Mundial. 

En el Centro de Alto Rendimiento de la Universidad de Pretoria, el búnker elegido por Maradona, los carteles de bienvenida lucen altivos e impecables. El saludo se expresa en varios idiomas, pero se resalta en español. Aquí se aguarda con entusiasmo por el arribo del equipo, de Messi, de todos. Sudáfrica, algo somnolienta, se despereza. Es un país que se despierta de a poco, ansioso por recibir al Mundial.